Le confieso.

He pensado mucho en sus besos,

en sus manos recorriendo mi cuerpo,

he pensado en el calor de su piel

y ese aroma que me enloqueció de placer.

Le confieso  que me dan ganas de arrebatarle una noche,

perderme entre sus sábanas, despertar en su almohada,

me dan ganas de provocarle, de que me recorra como guste.

Le confieso que he pensado mucho en su figura,

en esos pechos grandes que se me muestran provocativos,

en esos movimientos que me dejó como un preliminar,

¡qué hago con estas ganas de volverle a mirar!

Venga, hágase presente,

deme un beso, que nos vuelva elocuentes.

Le confieso de que tengo ganas de vestirme con sus besos,

de amanecer sobre su cuerpo,

que me haga tanto lo que me viene diciendo,

de una vez y con el camino abierto.

Le confieso…

 

 

 

AIRY MINOR

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Pensádote.

Me hace falta ese agotador susurro de tu voz provocadora invitándome a probar el mar de tus deseos. 

Cierro los ojos y siento el silencio de la inconquistable caricia que me has quitado, solo el eco de la ausencia de tu efímera y volátil presencia yace en mis pensamientos. 

Ojalá te me fueras de la piel, ojalá pudiese borrar los mapas que trazaste en mi cuerpo, y el deseo incierto de tus besos, dejar de pensar en tu saliva sobre mis versos. 

Me hace falta que me invoques, que me lleves a la lujuria que me hagas gritar tu nombre del que ya no me acuerdo.

Me hace falta la conquista, del grito placentero entre tus brazos, tu cabello alborotado, es que me gustas tanto. 

Que podría olvidar por un momento como te he odiado, podría dejar a un lado mis sentimientos solo para desvestirte entre mis brazos, arrancarte la ropa, arañarte la espalda y hacerte mía de una vez, aunque sea una última vez. 

 

AIRY MINOR

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Prohibida.

Provocadora, intensa, libre seductora.

Rozas mi pierna con una sutil caricia que acompañas de una mirada pícara,

el pulso se acelera, mis ansias te esperan.

Prohibida, devoradora, exquisita, con esa sonrisa que aniquila,

con estas ganas de morderte los labios mientras siento tus uñas en mi espalda,

robarte un beso apasionado, voraz, mientras nos escondemos de los demás.

Tu tan mía y tan de otra presencia,

son mis manos las que te llenan, son mis labios los que proclamas,

este amor loco, prohibido y con miles de ganas.

Devoradora, ¡cómo me provocas! como te gusta dejarme con la intención de poseerte,

ahí, en medio de la gente.

Me trabajas de rato en rato, provocando, mostrandote deseosa a cada paso,

me miras, me sonriés, me muestras partes de tu piel que se me vuelve inalcanzable,

pero después te me presentas entera, con esa piel blanca, que me mata,

con ese cabello suelto y lacio bailando entre las sábanas, gritando, pidiendo, gimiendo,

déjando a un lado todo lo demás, dentro de esa habitación eres mía y de nadie más.

Prohibida, devoradora, hace tanto que mi cuerpo te implora.

Cada que te vas dejas este vacio de no sentirte,

me tienes a la espera, mirándote a diario, provocativa, insolente, inalcanzable,

acrecentando mi deseo de tenerte todo el tiempo y sin poder evitarlo.

Miro como te marchas, y a la vez, entre miradas prohibidas me llamas.

 

 

*Dedicado a la locura de la cadencia de tus caderas… *

 

AIRY MINOR

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Alguien tiene que decirtelo.

Eres una mujer que provoca deseos, fantasías, que alimenta la imaginación con la silueta, con el poco decoro que demuestra.

Decirte también que provoca imágenes desastrozas, de esas que pueden arruinarle a uno la vida, pensando en que hará, cómo y con quién. Que desborda el erotismo en historias que quizá alguien más ha escrito y hoy le pertenecen a mil voces.

Alguien tiene que decirtelo:

Te pasas, de verás, te lo digo yo que he conocido a los ángeles de tu infierno, a tus demonios, a tus niños internos. Te lo digo yo que te conozco, que no tienes piedad y confundes el orgullo con vanidad. Y sin embargo es inevitable quererte bruja infiel. Alguien tiene que decirtelo, te pasas, has tenido mi corazón enjaulado en una celda llena de besos y recuerdos, de poemas y del sonido del trueno de tus dedos.

Alguien tiene que decirtelo, mujer: aquí sigo.

 

AIRY MINOR

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Fotografía: Proyecta su Historia de Nick Fuentes.

Aún

Aún bebo café negro por la mañana, y te escribo cartas. Aún suelo tomar decisiones preguntándome en la mente, ¿qué me dirías tú?

Aún escucho canciones pensando en el momento en que te las dediqué, y a veces pienso en que quizá esa canción te la dedicaría yo a ti, o tu a mí. Aún quiero escribirte por las noches, y cuando veo un cabello alborotado el corazón se me detiene. Aún guardo tu fotografía en mi clóset, así como el recuerdo del momento exacto en que me rompiste el corazón.

Aún me tiembla el alma cada que me dices “amor”. Y camino por calles, y lugares donde tomo fotografías que me encantaría enviarte. Aún veo películas y recuerdo nuestro amor, y miró atrás y me percato de que el tiempo ya pasó.

Aún imagino como sonríes, besas y vives todo lo que a mi lado no hiciste y me lleno de rabia, de celos por no haber sido yo. Es entonces cuando recuerdo, que efectivamente, no he sido yo.

Y a pesar de eso, salgo corriendo si me dices “ven”, y suspiro si te acercas, y tiemblo si me besas. Y huyo de ti, porque aún, aún me siento parte de ti.

 

AIRY MINOR

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Te seguiría.

A donde vayas, sí. 

Iré con gusto, con los ojos anclados al suelo para no ver tus alas, siguiendo tus pasos como un enfermo que ha decidido aceptar su final. 

Mañana me voy detrás de ti, de esos ojos oscuros que me destrozan los sueños y me hacen vivir. 

Te seguiría a cada paso, aunque por cada uno que des, dejes fuego, caminaría sobre las llamas que vas encendiendo, sobre los mares que han ahogado deseos de miles de manos de aquellos, aquellas que incautas caen ante tus caderas, que te miran, que te devoran, que quisieran tenerte entre sus dedos, lamerte, poseerte. 

Me voy detrás de ti aunque cada día muera un poco, de celos, de rabia, de ganas. Que mi cuerpo se vaya consumiendo entre lo voraz de tu carne, entre la hiel de tu sangre. 

Me voy detrás de ti con la ropa que llevo puesta, hasta que se desgasté, hasta que decidas mirarme, ahí: esperándote.

A donde vayas, es verdad, con las manos amarradas para recoger las migajas que vas soltándome, con pasos fieros, decididos incluso cuando la espera tenga que ser larga y amarga. Iré con gusto y sin reclamos a todas las camas donde has estado, para limpiar el aire de tu aroma, y el suelo que te toca de tu presencia domadora. 

Iré como un ángel guardián a procurar tus pasos, aunque en el camino encuentre el infierno ardiendo entre mis brazos. 

A donde vayas sí, con gusto, hasta el fin. 

AIRY MINOR

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Episodio: Asociaciones, en el mes de abril.

 

Anoche logré, después de dos años, atreverme a cocinar albóndigas en una salsa roja con cacahuate y arroz. Este logro, para mí bastante significativo tiene todo que ver con ella.

La primera vez que comí algo que ella preparaba fue justo este platillo, el primer bocado me supo a gloria, comimos en su sillón mientras veíamos una película. Ella sonrió al ver que su platillo me había fascinado.

Sin embargo aquella tarde dijo algo que me molestó y me dolió en lo más profundo, si lo pienso ahora, pareciera una herida lejana. Mencionó que platicando con su ex, ella le había regañado porque después de tantas veces que yo corría saliendo de la oficina a su lado para ir a verla, ella nunca había tenido la atención de invitarme a comer. Y que ese día ella había decidido comer conmigo. Quise guardármelo, pero era evidente que ese comentario me había causado algo, así que tragándome el sentimiento solo dije que yo esperaba que cuando me invitará algo fuera porque le nacía y no porque alguien más se lo indicaba, ella mencionó que era porque le nacía, sin embargo después de lo dicho esa respuesta no tenía mucha valía para mí. Porque ante mi pensamiento, siempre iba ha estar el, “Lo hizo porque alguien más se lo dijo”.

Sin embargo verla cocinar me idiotizaba. Me enamoraba cada vez más por cosas como esa. Pero no fue solo eso lo que me fascinó. Fue llegar y ver como bailaba y cantaba mientras cocinada en un ritmo perfecto, entre el sazón y la perseverancia de ver el fervor del fuego en la estufa, admirar como mezclaba ingredientes en la licuadora, tengo el recuerdo perfecto e intacto en mi memoria, sus manos y su playera blanca sin una sola salpicadura, de vez en cuando se chupaba los dedos, comía cacahuates de la bolsa y en un arranque repentino como si se le ocurriera lo vació en la mezcla, el trueno del aceite cuando comenzó a freír la salsa, revisar el arroz al cual le echo pimienta y me pareció algo extraño, los pequeños trozos de especia esparciéndose lentamente sobre la sartén. Quise ser yo entre sus dedos deshaciéndome para caer lentamente a lo caliente.

El aroma de la comida se expandía, lucía apetitosa y yo salivaba en silencio, y la miraba, miraba como partía el huevo cocido y hacía pequeñas bolitas de carne, preguntándome ¿sabrá cocinar carne si es vegetariana? ¿podrá probar la cocción después? no importaba.

Ella se movía en una danza sensual y lenta, era divino verla cocinar, lo hacía parecer un acto seductor, y artístico, se volvía diosa y al mismo tiempo tan terrenal, inmortal. Toda la herencia de sus antepasados en un simple platillo, todas las costumbres de sus anteriores amantes plasmadas ahí.  De vez en cuando me miraba admirándola, sonreía, me besaba. – ¿Qué mi amor? – decía tiernamente.

Puso a cocinar todo a fuego lento, y me llevo al sillón, charlábamos, nos acariciábamos, me contaba de sus locuras, de sus días, de lo que haría, de sus preocupaciones, de todo.

Luego me llevo de nuevo a la cocina, tomo dos platos y sirvió primero el arroz, luego las albóndigas, espacio salsa generosa. Y aún así una parte de mí quería rehusarse a probar bocado.

Nos sentamos en la sala, fue la primera y única vez que comimos ahí. Tomé el tenedor y partí por la mitad mientras la humeante albóndiga se extendía, al mismo tiempo que miraba de reojo como ella cruzaba las piernas sobre su asiento y se enfocaba en mirarme, me lleve el primer bocado a la boca y fue como si una explosión de sabores me invadiera, sentí como mis pupilas se dilataban, el placer de los sabores me invadía, ella sonrío y se río de mis gestos. Preguntó por el sabor de la carne, le dije que todo estaba delicioso.

Devoré todo, hasta que ella me preguntó si quería más, dije que sí. Me volvió a servir. Seguíamos charlando, hasta que llegaba el momento de correr, de marcharme. Le pregunté si lavaba el plato pero nunca me dejó hacerlo. Me despedí, agradecí la comida y marché.

Por supuesto que no cocinaba para mí, nunca cocinó para mí o pensando en mí, siempre había otros, otras, siempre había alguien más. A mí solo me compartía un poco de todo, así funcionaba, así era, es todo.

Desde aquel día no hubo más albóndigas con arroz que pudieran compararse. Y al terminar esa relación no quise volver a probarlas. Pero anoche, algo cambio. No sé decir qué fue, solo comencé a prepararlas, sin dolor, con amor, recordando aquella receta que me hizo feliz, recordando las asociaciones, liberándolas, queriendo correr a contarle el gran avance que sentía, deteniéndome porque ya no me correspondía, recordando que un año antes justo en el mismo mes, la había besado por primera vez, y hoy solo recordando aquella tarde que corría de esta oficina para comer a su lado, y me regresaba en taxi justo aquí, en un mes de abril.

 

AIRY MINOR

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