Nunca lo supiste

Pero el amor contigo me supo diferente,

así, justo como lo hacías.

Toda nuestra historia fue una loca fantasía,

llena de enredos, de tanta verdad como mentira,

me apartabas del mundo con una simple caricia,

y encontraba en tu cuerpo, la calma que pedía.

Quiza solo ahí eramos reales,

en medio de la carne, de conversaciones sin sentido o profundas

que nacían justo después de amarte.

Nunca lo supiste,

o quiza siempre lo sentiste,

el amor contigo me sabía a café por la mañana,

a placer, melancolía, a hoguera, furia y tranquilidad.

El amor contigo tenía varios matices,

algunos más alegres que tristes,

pero siempre llega ese momento, en qué me pregunto,

¿qué hubiera sido de nosotras si el tiempo hubiese sido nuestro cómplice?

Quiza ahora estaría entre tus piernas y no con tu ausencia,

o tal vez le hubieramos encontrado otro sabor a nuestro amor.

Pero de hubieras están hechas las fantasías,

y lo que nos queda es solo aceptar,

que el mismo tiempo nos separó.

 

AIRY MINOR

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Por lo pronto no.

Ni quiero.

Vete para allá, no vengas con tus caricias a cautivar mi soltería,

ni quiero que me endulces con tu labia, ni me prometas cielos enteros a cambio de nada.

No, ni vengas a mostrarte altiva, divina, bonita,

no me interesan por ahora tus manías, ni tengo ganas de envolverme

en la dulzura que me prometes.

Entiende que por ahora no quiero, no pienso, no anhelo,

por ahora mi enfoque está en otro juego, en otro espacio, en otro tiempo,

ahora no tengo ganas de ti, ni de nadie.

No quiero probar tus labios, ni navegar en tus mares,

no quiero imaginarte, ni extrañarte, no quiero desearte, ni esperarte.

No, por favor no vengas, ahora no.

Mañana quizá será otro mi pensamiento,

mañana tal vez quiera tu anhelo.

Por lo pronto no, no gracias, pero ahora no.

 

AIRY MINOR

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Sueño contigo.

Van varias noches que sueño contigo,

despierto con más ansia y desorden en la mente que en mi destino.

¿Cómo le digo a mi inconsciente que no debería desear estar contigo?

Y entonces vuelve la noche con sus sueños tiranos

presentándome escenarios de situaciones que aún no vivo.

Y son tan vivídos que despierto suspirando

por poder besar tu piel, acariciando cada parte de tu ser

sintiendo que al menos en sueños me has de pertenecer.

Ven y aconsejame, dime cómo hacer para no enloquecer,

pues mi inconsiente me traiciona una y otra vez,

y por más que escapo de ti, te me vuelves a aparecer.

Y me veo callando mis sueños por si se realizará al menos una vez,

y suspiro en silencio, mientras contigo sueño suplicando tu calidez

contándole a mis letras lo que nunca ha de suceder.

Aunque en sueños seas mía, al menos por una vez.

 

AIRY MINOR

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Lo hice por amor

No te equivoques, todo lo que hice fue por amor. 

Fue lo último que la escuchó decir, mientras miraba como se alejaba para siempre se su vida. Cero la puerta de golpe y el ruido resonó en su interior como si un rayo caerá partiendo en dos el árbol más fuerte de un bosque. 

Se limpió las lágrimas, quedo pensativa con aquellas palabras, Mariana se había ido dejando un espacio que jamás nadie podría llenar y desde aquel momento ya lo sabía. 

Recogió todas y cada una de las fotos que con ella tenía, las guardó en una caja con cinta adhesiva, guardó su ropa, sus perfumes, sus libros, no dejó un solo rastro de ella en su vida, como si de esa forma pudiera también sacarla de su alma. 

Mandó todas sus cosas a casa de su cuñado, Mariana no le dijo donde se iría, sin embargo nunca cambio la chapa por si acaso ella volviera. Siguió con su vida, salió con sus amigas, se volvió a enamorar, y cada noche, como un ritual llegaba a casa, se ponía descalza, preparaba café, tomaba el ipad, y miraba la foto que le habían enviado de Mariana con su nuevo amor, entonces tomaba una pluma y papel y comenzaba a escribir. 

Después de 123 días con exactitud, Mariana regresó. Llegó una noche nublada, cubierta por un impermeable naranja, y unas botas que le cubrían del suelo mojado, llegó a tocar la puerta, y una mujer abrió. A Mariana se le detuvo el corazón, ahora vive con alguien, en nuestra casa, no puede ser. La mirada de desconcierto y amabilidad la perturbó un poco.

  • Tu debes de ser Mariana, pasa. Te preparé café, con crema y dos de azúcar ¿cierto? y sonrió. 

A Mariana le pareció raro que esa mujer supiera como tomaba el café, ¿le había contado de ella? ¿a su nuevo amor? era tan bonita, que se sintió torpe al verse ahí, en el departamento queriendo encontrar algo que le hacía falta. Entonces se percató muy lentamente lo que sucedía, había cajas y cosas guardadas, libros, trastes, como si fueran a mudarse, y al fondo, un halo de frialdad recorrió su cuerpo, había dos cajas, con el nombre de Mariana escrito con plumón negro. 

Se paró lentamente, se acercó, abril una de las cajas y estaba repleta de cartas, todas y cada una sin doblar, solo con los dobleces marcados, y comenzó a hojear, leyendo rápidamente los títulos que aparecían en tinta roja al principio de cada hoja. 

“A Mariana le enfada Green Day” “Mariana triste” “ La historia del francés” “Solo café” “ Su odiosa camisa de cuadros” “ La pelea de los tacones rojos” “ Nunca supo poner bien la cafetera” “ Mariana y la lluvia” “Nuestra primera cita” “ Camas y dragones” “Siempre y como fuere en nuestro aniversario” “ El estúpido mueble de su abuela” “ De como se robaba mis calcetines” “ El día que se fue”.

Entonces sintió la mirada de Ivette, quien la esperaba justo con su taza de café, Mariana sintió como las lágrimas le llegaban desde lo más hondo del pecho, y volteó. 

  • Las dejó todas para ti, la otra caja solo tiene tus cosas con ella, fotos sobre todo-.  Estiró la mano para darle el café y siguió – Siéntate que esto no será fácil, ella sabía que vendrías, siempre lo supo de alguna forma, y siempre supo que sería hoy, para mí tampoco es fácil estar aquí, ahora, frente a ti teniéndote que explicar todo esto. Yo la amaba, y odiaba con el alma no poder hacerla feliz, te odie con todo lo que tuve, pero al final, ella lo quiso así. 

Mariana escuchaba con atención, se sintió como en un mal sueño, un nudo en la garganta le atravesaba hasta el pecho, no podía ni hablar,  sus ojos vidriosos se detenían sin llenarse por fin de lágrimas, ni siquiera se había dado cuenta de que sus manos temblaban y el café le estaba escurriendo entre los dedos. 

Entonces tomó el valor, para hacer la pregunta de la cual no quería saber la respuesta, no la que recibiría, no quería confirmar lo que su corazón ya sabía. 

  • ¿Ella está aquí?

Ivette la miró y inhaló profundamente, – Ella está a donde quiera que tu vayas. Lo que nunca supiste antes de irte fue que ella había enfermado, por eso te dijo que ya no te amaba aquella noche, por eso te reclamo todo y provocó que te fueras. Ella ya lo sabía, y no quería que la vieras así. Por eso vivió con tal intensidad estos últimos meses, su familia y amigos lo fueron entendiendo poco a poco, ella se despidió de todos, de cada uno de ellos. Pero no quiso tratamientos, ni esperar a que la enfermedad siguiera su curso, así que el día de su cumpleaños, se quito la vida. Dijo que quería irse el mismo día en que llegó. Y así fue. 

Llanto y gritos ahogados invadieron a Mariana que no tenía ni idea de aquello, Ivette no la consoló, sabía que tenía que llorar su pérdida, tenía que sufrirlo. Entonces se paró, fue por un trago de alcohol y se lo tendió, ella se sirvió otro. 

Mariana la miró, preguntó porque ella estaba tan tranquila. A lo cual Ivette respondió. 

  • Ella te amaba a ti, pero yo no huí. Me aferré y luché hasta el último momento, incluso cuando decidió como irse, estuve de acuerdo con ello. Ella me pidió que viniera hoy, por que tu regresarías.

Mariana no dijo más, tenía mil preguntas y su cabeza estaba bloqueada, miró sus cartas, abrazó su caja. – Hoy era nuestro aniversario – tomó la otra caja y se marchó. 

  • Ella sabía que eras feliz con alguien, eso la alegraba, nunca te guardó rencor-  abrió su cartera y le dio una última nota. Mariana la abrió decía: “ No me juzgues, todo lo que hice, lo hice por amor”.

Antes de que se me olvidé.

Quisiera poder hablar contigo, decirte lo mucho que siento lo que sientes, decirte que sanará, que no esperes más, que la vida sigue, que todo pasará.

Reconocí en tu mirada el dolor ardiente de mirarla junto a otra persona, quién mejor que yo para decírtelo, quién mejor que yo para entender como duele cada mirada llena de complicidad, de amor, de ternura, cada breve caricia que pareciera invisible pero latente, cada risa estridente que taladra brevemente el lugar donde te encuentras. Yo sé como duele, como duele ser un espectador y recoger las preguntas alrededor, sonreír, y seguir, esperando que no sé nos noté en la mirada el ardor punzante que se encuentra creciendo, los celos que se vuelven inevitables, envolviendo las ganas de llorar.

Siempre me fue difícil leerte, siempre fuiste misterio recurrente para mí, pero está vez no, esa mirada la reconocí porque yo lo viví. ¿Quién mejor que yo para decirte? Qué hoy duele pero sana, siempre sana, a veces tarda, a veces es más lento, pero deja de doler. Un día, lo entiendes de golpe, sabes que esa persona que te devora el alma es dichosa, y no hay mayor acto de amor que saberse ir cuando el otro es feliz.

Me hubiera gustado acercarme a ti y abrazarte o al menos acercarme a ti y  brindar contigo para decirte que si tu mirada fuera pistola ya habría un mar de sangre.  Pero no, antes existía la limitante del miedo y los nervios, ahora mi limitante es que no quiero que se mal interpreten mis intenciones.

Ojalá me leas y sepas que te entiendo, que estoy aquí cuando quieras hablar, no tienes que decir nombres, no tienes que dar explicaciones. Yo contigo, siempre: Incondicional.

 

AIRY MINOR

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Sin lector.

Hoy vi una película, una de esas historias que me hacen recordarte a cada escena, una de esas historias con las que me gustaría explicarle al mundo cómo te amé, y sin embargo no puedo.

A veces te guardo como un recuerdo preciado de un par de años que me hicieron suspirar, guardo con celo los momentos contados y estrictos de limitaciones en los que te me dabas entera. Y aún vuelve a mi mente ese celo y rencor que me generas al saber que incluso estando mal, no me merezco una llamada, un mensaje, una señal de presencia, de que te importo aunque fuera un poco. Aun me enfada no poder creer que alguna vez me amaste tal como lo decías.

Te escribo porque es mi forma de sacarte, de expulsarte de mis pensamientos y añorar que te me presentes. La última vez me dijiste: “Nunca lo pediste (que te quedarás)” No, nunca lo pedí, y nunca lo haría, eso cada vez lo confirmo.

Te burlas, ríes cada que me sacas alguna historía, algún romance fallido que termino tirando por la borda. Es, verdad, no me ha perdurado ninguno desde hace tiempo, y tampoco es que lo esté buscando. Y al mismo tiempo dices que mueres de celos cada que me imaginas con alguien.

Te hablé de aquella mujer que se me presentó como un divino regalo, y ciertamnete no quería contarte, no quería que arruinarás con alguno de tus comentarios ese recuerdo.

Ahora solo quiero, dejar de esperar un acto de presencia, ya no quiero sentirte. Ya no.

 

AIRY MINOR

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Me enamoré.

Me enamoré de ti, de tus ojos soñadores que brillan cuando estás junto a mí. Me enamoré de tus alas que te hacen volar y ser tan libre como nadie que haya conocido.

Me enamoré de tus labios, carnosos, suaves, que besan con ternura y que desbordan pasión al devorarme. Me enamoré de tus manos, que acarician, que protegen, que cocinan y crean delicias, de tus manos que son tan fieras como tus palabras cuando quieren serlo.

Me enamoré de tu cabello enredado como la vida que no vivo contigo, me enamoré de tus tatuajes que bien conocía y ahora ya ni recuerdo. Me enamoré del silencio que compartíamos después de besos, después de risas a carcajadas con platicas sin sentido pero que le daban todo el sentido del mundo a nuestra historia.

Me enamoré del recuerdo que te tengo, porque ya me he olvidado de todas las discusiones, de las peleas que si ahora veo, no tienen ningún sentido, me enamoré de la dicha que viví y ahora bendigo, del recuerdo nostálgico de mi vida contigo.

Quizá por eso aún sigo sintiendo el amor que por ti surgió, aún con tantas desventajas de nuestra absurda relación. Me enamoré de lo que te imaginé y después de lo que me hiciste ver. Me enamoré como nunca creí hacerlo, quizá por eso aún te guarde muy dentro.

 

 

AIRY MINOR

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