Sinceramente.

Hace falta sincerarnos, decirnos al oído todo aquello que callamos.

Ven amiga mía y siéntate a mi lado.

¿Cómo es posible que de ella te hayas enamorado? Si bien sabes como tuvo mi corazón enjaulado.

No, perdona, es que ¿cómo es posible que no te hayas enamorado antes de ella?

Si bien sé como cautiva, como envenena, como su mirada aniquila, ¿cómo no enamorarte de ella? Yo lo hice, yo lo viví, y fue mi loco corazón el que impaciente viene hoy a reclamarte que la ames.

Amiga mía, perdona, pero quise advertirte desde antes, es que fiera cruel ella se cuela por los poros, hasta que sin darte cuenta, la respiras.

Es mi loco corazón hablando de aquella pasión que me embriagó noches, días, meses, y tuve que escribirla, vivirla de muchas formas para que me curara de esa enfermedad que es mirar sus terribles encantos.

Hace falta sincerarnos, ¿qué sentiste la primera vez que la besaste? ¿Sentiste ese cosquilleó recorrer todo tu cuerpo? Mírame, aquí, sentada escribiéndote a ti, después de que todas mis letras eran solo ella, y cada que ella me escribía yo caminaba sobre nubes, sobre enredos de burbujas que me alegraban la vida, es que ella me llenaba de dicha.

Ven aquí amiga mía, tengo que confesarte que me niego a mirarte a su lado, sé que la haces feliz, hasta el ciego de nacimiento podría sentir el calor de la dulzura con la que sus ojos te miran.

No hace falta decir que me alegro por ti, nunca quise nada más que verla feliz, ¿quién me lo iba a decir? Que serías tu, la que le diera la dicha por fin.

Amiga mía, ¿por qué te enamoraste de ella? No me digas más, que si te hablo más de ella seguro me vuelvo a enamorar.

Haré de su nombre un lejano recuerdo de una historia que jamás viví, haré de su mirada, de su sonrisa tirana, de sus movimientos, haré de mis recuerdos una bola que lance al viento, que se desvanezca, que encuentre otro camino en algún otro texto que aún no he escrito. La nombraré de otra forma, de una manera que mi corazón no sienta que es a ella a quien la mente le refresca. La nombraré de aquella forma en la que mis recuerdos no asocien su mirada con la que ahora se muestra enamorada.

Amiga mía, que dicha que seas tu quien la cuida. ¡Qué pena la mía!.

 

AIRY MINOR

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No vaya a ser.

No vaya a ser que te me cueles en el pensamiento cuando estoy con alguien más,

ni que mencione tu nombre justo cuando tengo que pronunciar algun otro.

No vaya a ser que se me apodere el deseo de mirarte en medio de la gente

y alguien note que no me eres indiferente.

Que nervio de pensar en tu presencia a solas, una caricia que por inocente que parezca pueda delatarnos.

No vaya a ser, que en medio del silencio te diga lo mucho que te quiero. Y se nos caiga este cuento, aunque a veces quisiera hacerlo.

No vaya a ser… que te me presentes en la mente, en el momento menos elocuente.

Ojalá no me suceda nunca, no vaya a ser…

 

AIRY MINOR

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Sexto.

¡Vaya que pasa el tiempo!

Y pensar que aún tiemblo si te veo, ¡que miedo!

No negaré que me gusta verte,

así como siempre, con esa mezcla de dulzura, de fiereza,

con ese tinte indiferente.

Es bonito verte, y saber que la vida te quiere,

y poder ayudarte aunque no lo pidas,

saber que de alguna forma puedo contribuir a que sonrías.

Hoy quiero envíarte un abrazo,

uno de esos, fuertes, tiernos, de aquellos que alegran, que sanan,

de esos que no quieres que terminen, uno de esos abrazos que juntan almas,

y que sin duda en persona no podría darte.

Porque aunque a veces compartamos el mismo espacio,

tu yo estamos a galaxias de distancia…

Pero hoy, hoy tomaría una nave tan solo por abrazarte.

Y como siempre, feliz día, feliz vida, que la vida te sonría,

que la salud, la pasión, el amor, la dicha, el dinero, y todo lo que para ti valga te llene,

que no te olvides que eres joven, inteligente, guerrera, dulce, tierna y atrevida,

que no olvides que debes de tener cuidado con esos ojos de mirada mortal,

eres idéntica al mar, pobrecitos de aquellos que te miren sin saber nadar…

Y si algún día me necesitas, no dudes en buscarme,

que encontraré el tiempo y la disponibilidad,

así como un día te lo dije; incondicional.

AIRY MINOR

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Si pudieras  mirarte como yo te miro,

encontrar en esos labios, la saciedad que yo suplico.

Mirarte, a través de estos ojos que te veneran,

que aún al pasar de los años, con tus brazos sueñan.

Me da miedo que me veas,

que notes en mi mirada como se me desborda el alma.

Y ese nervio si me abrazas,

es un suspiro ahogado que brota sin medirlo.

Si pudieras mirarte con mis desvaríos

hace ya tantas noches que sueño contigo.

Si pudieras imaginarte cómo y cuánto te he querido,

en el silencio, en aquellas noches que te lo gritaba en textos,

en la mirada cargada de sentimientos inexplicables, en todas aquellas

ocasiones en las que nos hemos encontrado sin pedirlo.

Si supieras cómo pregunto por ti cada que veo a alguien cercano a ti.

Si pudieras verte como yo te miro,

te sorprendería como a pesar de los años

sigues siendo mi delirio.

Que aquella historia para mí no tuvo un fin

y sí un principio.

Si supieras ¡cómo y cuánto te he querido!

ni yo misma me atrevería a repetirtelo.

 

AIRY MINOR

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Carta a una vieja ilusión.

Esta noche recordé aquella noche fría de mediados de año, donde alzaba la vista como ahora para ver las estrellas mientras sostenía mi cerveza con la mano derecha. Pensando en lo fría y distante que es la vida cuando piensas en que estando en el mismo espacio somos dos planetas lejanos.. 

Aquella noche creí que al pasar de los años se me pasaría, se me olvidaría la incomodidad de las ganas de acercarme a ti, de escucharte, de mirarte, de que me sonrieras, pensé que algún día se me pasarían las ansias, el miedo, la nostalgia, el pánico de si quiera saludarte, porque hoy como hace cinco años, no me atrevo ni a mirarte. 

Esta noche recordé aquella noche en la que vivía y suspiraba un amor puro, enfermo, loco y apasionado por ti, y justo en la misma azotea me preguntaba porque habías detonado tanto en mí.

Hoy aún no se la respuesta, hoy sé que si fue un amor loco, intenso, pero sobre todo puro, nunca quise poseerte, era amor, eran las ganas de veré te feliz, sonriendo, dichosa, libre, haciendo lo que te placiera, hoy puedo definir que aunque no despierto ni duermo pensando en ti, verte me sigue paralizando, verte me sigue tocando aquella parte de pensar, ¿que hubiera pasado sí?, si al menos me hubieras permitido seguir en tu vida, si al menos me hubieras dejado ser tu amiga, si al menos me miraras,  si al menos me dejaras de tratar con completa indiferencia como si nunca me hubieras visto en la vida, como si no existiera. Como una mancha borrosa de un recuerdo que ya no persiste. 

Porque hoy, después de unos años, puedo decir que sí dolió, que aún duele ser una presencia incomoda en tu vida, sentir como te alejas si me acerco, saber que no puedes tener ni siquiera una conversación cordial conmigo, una de esas conversaciones acerca del clima, o de la vida, o de lo que sea. 

Saber y sentir que ni siquiera un saludo merezco, que acercarme aunque sea un poco te es molesto. Creo que nunca voy a entender porque te genero tanto desprecio, quizá ese sentimiento que me albergó para ti fue desastroso, una aberración.  Aunque yo nunca intenté ni te pedí algo… Pero uno no elige el camino del corazón. 

Esta noche, un momento de debilidad albergó mi pensamiento, aquel recuerdo de hace años, en el mismo lugar, mirándote de reojo, pensando en que jamas iba poder acercarme a ti, que a pesar de estar en el mismo espacio somos dos presencias lejanas, que hablan otro idioma, que jamás estarán en el mismo canal, más que aquella vez, aquel verano, aquellas letras, que seguramente fueron sueño, porque después de eso, ya jamás volvió a serlo. 

 

 

 

[Cuento] Azul

La miraba desde hace semanas, le gustaban sus piernas, sus nalgas, su cabello largo, incluso su abultado abdomen, le gustaba su simpatía, su energía, la forma atrevida y fuerte de sus palabras, su autoridad. La miraba cada que se paseaba por la oficina, y la miraba lejana, casi imposible.

Acercarse era difícil, en medio de tantos conocidos, compartían un amigo en común, sin embargo él estaba enganchado con ella. Cuando la veía a su lado, ella ahogaba un suspiro, parecían celos, él pensaba que eran por él, Aimer también pensaba que eran por él, solo Azul sabía realmente que ese nervio oculto era por temor a que en su sonrisa se le notará una sola gota de deseo por ella.

Azul era justo eso, una niña muy azul, rebelde, agresiva, cortante, como si estuviera molesta con la vida. Sin embargo cada que sonreía iluminaba calles enteras, su sonrisa era el reflejo perfecto de la ternura combinada con la pasión.

Cada tarde se despedían de ella, un día comenzó a provocarla, comenzó a decir cosas en doble sentido para ver sus reacciones, ella al principio se sorprendía, después lo inevitable, siguió su juego. Un juego solo de dos, íntimo, solo se provocaban en el silencio de las miradas y frente a la gente, nada.

Un día se quedaron hasta muy tarde en la oficina. Un par de cervezas le dieron ha Azul el valor para acercarse, para decirle ¿nos alcanzas en el bar? Aimer tenía un compromiso ya, sin embargo la propuesta le sonó agradable, se dirigían a su bar preferido, así que no dudo en responder que sí llegaría.

Solo un acto de presencia, un trago y ya. Pensó.

Al llegar al bar, ya llevaban un par de tragos de más, Azul se miraba radiante, feliz, libre, como pocas veces la vería. Comenzaron las indirectas, las risas, poco a poco sin pensarlo ya existían pequeños roces al tomar los tragos, roces sobre la mesa, roces casi imperceptibles debajo de la mesa. Entonces Azul se acercó, y sin pensarlo ni un minuto más la besó.

Dentro de Aimer algo se encendió, una llama que parecía debilitada de repente ardió, reaccionó a ese beso como un león enjaulado que se ha dado cuenta de que no lo han alimentado y está furioso, desesperado, ansioso, hambriento.

Fue un beso tan breve y casi desapercibido que no la contentó, así que después de un par de tragos más, un par de risas, y provocativos comentarios, aunados a una charla que cada vez se volvía más intima Aimer la tomó por el cuello, y se acercó decidida hacia sus labios, la besó lentamente, apasionadamente, fue una entrega, una pertenencia silenciosa, un olvido del mundo entero alrededor, fue un beso de re-descubrimiento al placer, suave, cálido, pasional, uno de esos besos que te van llenando cada poro, que te van marcando cada espacio, que te hacen redefinir la existencia efímera antes de ese encuentro, fue uno de esos besos largos, de los que uno nunca regresa por completo.

Al separarse, ambas se sorprendieron de lo cuan lejos llegaron en un simple momento, ambas se sabían perdidas, y al mismo tiempo encontraron un escape a sus pensamientos. La respiración se les cortaba, el corazón acelerado dictaminaba una sentencia que pronto tenía que cumplirse. Sin embargo no podía ser, había un tercero, alguien que no podía enterarse ni comprender esa llama que tenía que ser aniquilada inmediatamente. Pero no fue así, no se podía quedar así.

La mirada de Azul lo dijo todo, ella la siguió, subieron al taxi sin decir nada que no fuera con besos, sus manos se perdían como si dudaran por un momento de la secuencia, sin embargo terminaban encontrando el camino, terminaban perdiéndose en el delirio del deseo que se despertaba, del deseo que nace cuando tienes un cuerpo ajeno a ti, nuevo, y prohibido.

Llegaron a la casa de Aimer, entraron, ambas miraban la cama, se miraron dudando, temerosas de lo que se aproximaba, sin embargo Azul ya no podía contenerse, espero meses, y aquella lejana presencia ahora se le presentaba a solas, en una habitación donde ninguna mirada las tocaba, ahora podía ser y hacer lo que quisiese, se sentía libre.

Aimer dejó que la desnudara, que posará sus besos desesperados sobre su cuello, sus manos descubriendo su piel, dejó que la tomará, que la poseyera, que hiciera con su cuerpo lo que quisiese, y la desnudó al ritmo que ella marcaba, beso esos senos pequeños, y la miró y admiró desnuda y huesuda como si nunca hubiese visto semejante paisaje.

El vello abundante de su entrepierna hizo que quisiera descender precipitadamente hacia él, ambas se besaban, era una ternura entremezclada con excéntrica pasión que se podía beber. El sabor de sus sexo húmedo era cítrico, Azul perdía el control de sí misma, se retorcía, gritaba, se olvidaba del silencio, de la apariencia. Hundía sus manos en el cabello de Aimer para marcar el ritmo que prefería, y ella saboreaba con toda su lengua los sabores que le regalaban. Azul también quería probarla, se acomodaron en modo que cada una podía beber de la otra, entre gemidos, lenguas, saliva, placeres se ahogaban en gritos que no paraban de enloquecerlas, manantiales excéntricos se diluían en ese momento.

Al llegar al climax, se recostaron una junto a la otra, no podían dejar de acariciarse, Azul no podía quedarse quieta, fue como si le contarán con un reloj de arena que el tiempo era limitado, que no habría otra oportunidad, así que hundió sus uñas en la espalda de Aimer y encendió otro fuego que no sabía que existía. De la ternura a la guerra entre las sábanas, mordidas suaves, recias, se hundían en la piel de cada una, en el cuello dientes ensalivados, en el hombro, en la espalda, marcados por el camino de besos que se imprimian en la piel de sus nalgas, de sus piernas, de sus párpados desvelados, cuerpos ebrios, llenos de energía y cansancio.

Hasta que el cansancio las arrinconó una en brazos de la otra, cuando Aimer despertó, Azul ya no se encontraba, solo había un espacio vació en la cama, húmedo, y el aroma de la presencia de aquella mujer arrebatadora. Y sobre la mesa, una nota.

” Perdóname por no aceptar que tu eres lo que yo quiero”.

Aimer sonrió, no había puntos suspensivos, ni nada más. Solo el recuerdo de esa noche, que en el interior de ambas, siempre arderá.

 

AIRY MINOR

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Sin palabras

Quisiera decir tantas cosas
y al mismo tiempo sé,
que no tengo nada más que agregar.

Que seas feliz,
que triste y que trillado suena eso
y sin embargo es lo más cercano
a lo que quisiera decirte.

Que el amor te de dulzura,
que no me necesites en tus ratos de amargura,
que al final la costumbre siempre
termina difuminándose con el tiempo.

Sé que te me pasarás
quizá un día de estos.
Sé que liberado el sentimiento
no tengo nada más que agregar.

Sin duda ya me conocía el final.
Y hay tantas letras que no sé como expresar,
tú no me lastimas, al contrario.

Lo que deberías de entender es que no soy como los demás
pero eso poco a poco lo vas a comprender…

Al final, me quedo con palabras,
al final hago malabares con palabras,
al final, no tengo ninguna palabra más.

 

AIRY MINOR

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