Todo lo que fuimos.

Todos los versos, los dramas, lo innecesario.

Las peleas, los gritos, las manías y esa necesidad de herirnos.

Todas las tardes tontas, las risas, los cumplidos. Las ganas.

Todos los te amo que hoy simplemente se desvanecen, rebanándome el corazón.

Todas las canciones que hoy he borrado para no escucharlas más. Todos los planes, lo que una vez prometiste.

Como si lo fueras a cumplir… y yo tan tonta que creí.

Hace días que dejé de buscarte, de mirar tus fotos, de stalkearte.

Sé que cualquier cosa que pongas va ha herirme, sabes perfecto como lastimarme.

Eres el vicio que más me ha costado quitarme.

Pero tu indiferencia, tu lejanía, tus groserías, cada palabra resuena en mi mente, cada te amo que ahora le dices para mi es un paso más para olvidarte.

No te miento, desearía que fuera más rápido, más tajante, quisiera que no me doliera.

Sólo sé que hoy tu felicidad, me libera.

Me hace saber que la decisión fue la mejor, que no había más opción.

A veces me enfurece, pero lo cierto es que también una parte de mi se alegra de que hayas encontrado el amor.

Mereces tanto ser feliz como yo olvidarte.

Ojalá no tuviera estás ganas de buscarte. Pero me detengo, no tengo derecho a irrumpir tu vida, ni a seguir esperando algo que claramente no es para mí.

Y a pesar de estás ganas de llamarte, las arrojó para no desear. Pues lo cierto es que una parte de mi se aferra, hubiera querido ser yo, PERO NO LO SOY.

Porque todo lo que fuimos, en realidad no existió.

 

 

AIRY MINOR

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Las dudas de ayer.

Yo que de ti soy, que a ti pertenezco, que de mil formas te cometo.
¿Cómo me dejas hacernos esto? ¿Cómo dejas que te abandone cuando sos lo que más necesito?
¿Cuántas palabras más dejarás que diga, que nos lastimen, que nos impriman de esa fríaldad que nos abraza sin sentido?
¿Por que toleras esto? ¿Por que no simplemente me botas y te vas? Es que acaso no te das cuenta de lo díficil que soy, de lo insoportable que me vuelvo cuando no te tengo, que sos vos mía, que sin ti no quiero aunque pudiera…

Leyó esa nota una y otra vez sin terminar de comprender, no sabía si sentir tristeza, odio, enojo, decepción, rencor, o quizá sintierá todas esas cosas juntas, entremezcladas con un poco de alcohol.
No sabía si era una despedida o si al llegar la noche ella vendría, leyo la nota una y otra vez, y añoro con ilusión desesperada que los días en que se amaban volvierán, aquella, su cómplice, su insospechada locura. Pero por más que intentará a veces ya no sabía ni siquiera si lo intentaba.
Suspiro, quiso aferrarse a lo último, a lo poco, a eso que le quedaba y le quemaba por dentro, suspiro nuevamente y miró hacia el frente, había tomado una decisión. Pero decidió mirarse al espejo y sonreirse para sí misma, se gustaba, se antojaba, y no podía comprender en qué momento dejó de gustarle a ella tanto, ¿en qué momento había dejado de añorarla, de desearla, de antojarse, por qué ya no la miraba como antes? ¿Cómo era posible que ella no se deshiciera en deseo al verla tan suculenta? ¿En qué momento comenzó ella a sentir que la perdía.
Todas las preguntas y las dudas rondaban su cabeza, todas y volvía la vista a la nota, sus letras eran lo que más había amado y ahora ya no sabía exactamente si quería seguirla leyendo.

Quiso escribirle, pero no lo merecía, dejaría que la extrañará, que recapacitará, quizá cambiaría. Pero, ¿cambiaría? la duda seguía irrepetiblemente que se volvía cansado. ¿Y si mejor cerraba los ojos y al abrirlos todo fuera como antes? La llamaría y ella vendría corriendo sin preguntar, sin exigir, sin esperar nada a cambio, simplemente estaría ahí a su lado disfrutando de ese instante irrepetible, inalcanzable, la belleza de lo fugaz. Y entonces tendría esos detalles que la hacían suspirar tontamente, sonreír, anhelar, esperar el siguiente impaciente. Porque tenía la certeza de que habría más, y siempre serían insospechados, inigualables, hacía tanto tiempo que ya no sentía esa emoción. ¿Qué había pasado? ¿Acaso dejó de inspirarla, acaso se volvió más exigente, la descuido, se descuido, se volvió monótono, dejaría de gustarle? ¿Acaso fue todo una mentira para poder meterse a su cama, un plan bien elaborado y la que ahora era, era la verdadera?
Se fue a la cama dejando la nota sobre la mesa, ya llegaría, ya se iría, ya no sabía ni que pensar, ni qué haría, ya no sabía leerla y eso era lo más desesperante. En cada intento por acercarse se alejaban más, cada vez más. Se recostó mirando hacía la ventana que estaba cerrada, la miró como si acaso del otro lado hubiera un paisaje templado y exquisito, como si eso la calmara. Quiso dormir un poco pero solo estaba ahí, recostada con su hermoso cabello enredado acariciándole los hombros, con esos ojos medianos que se volvían pequeños cuando le acomodaba la tristeza, y la luz de la ventana que poco alumbraba la noche dibujaba las líneas perfectas de su cintura y piernas, de esos diminutos pies que descansaban descalzos sobre la cama. Y suspiraba, y miraba, y esperaba.
Entonces sonó el celular, era ella, no pudo evitar el salto en su corazón que cada vez era menor, pero aún así, inevitable. Abrió el mensaje, era un cuento que decía: Yo que de ti soy, que a ti pertenezco, que de mil formas te cometo…

Te declaro la guerra.

Esta vez me olvidaré de la tregua,

y aunque muera de deseo por sentir tus piernas abiertas,

llamando a mi nostalgia a horas inciertas, hoy

prefiero declararte la guerra.

Que me odies, que evites pronunciar mi nombre, que te duela.

Y en esas noches no pienses en nada más que en la pena,

de no sentir mis manos acariciándote,

ni de tener mi voluntad ajustada al molde perfecto de tus tiempos.

Te declaro la guerra,

como antiguos enemigos que quieren saber todo de su presa,

persiguiendo tácticas incompletas, luchando por no encontrarnos

pero haciendo todo lo posible por cruzarnos.

Te declaro la guerra, porque no sé si vuelva a hacerte el amor.

Porque este sentimiento me quema, esta espera derriba mis noches en vela,

y mi pasión, ansias, desesperan.

Como aquel combatiente que no le queda nada más que la fantasía de una ilusión secreta,

de volver a encontrarnos y olvidar la pena, que nuestros cuerpos deliciosos busquen

una tregua, y nuestro olvido se quede como una pesadilla efímera.

De una historia que solo se pausó.

Hoy amor de mi vida. Te declaro la guerra.

Cerrado.

cerrado_love

Fue lo último que dijo, aquella. La de cabello enredado.

De fondo musical, “Hicimos un trato” de Alejandro Sanz.

Tengo un trago de vino que se va acabando,

el apetito extinto de la desolación.

Hicimos un trato, canta. Yo… cierro los ojos,

aprieto los dientes, no quiero llorar.

He decidido que ya no lloraré más por ti.

Y me digo que esto es lo último, lo último que duele.

Y borraré de mi piel tus caricias, de mi mente tu sonrisa,

borraré de mi vida esa cadencia de niña berrinchuda.

Corazón mío, se fuerte, ella no volverá.

Cerrado dijo. Y tragué el aliento inflamado de dolor,

¡Y quiero responder, quiero salir a buscarte,

quiero llegar a tu departamento con flores, llenarte de besos,

darte el regalo que vengo cargando a diario desde hace tanto

porque no sabía en que momento llamarías para decirme ven, y

quiero abrazarte, implorarte, decirte que me muero, que no puedo respirar,

que no te dejaré ir, que lo prometimos, que te amo como nunca…!

y por un momento en mi mente, casi lo puedo lograr.

Luego el relámpago de todo llega a mí,

No puedo hacerlo me digo. Y no porque no quiera, sino porque ella no puede.

Y entonces me detengo. Ella no puede. ¿Me quiere?

Quizá sí, y sin embargo nunca logré que creyera realmente en mí.

Hicimos un trato, suena una y otra vez,

Y me pregunto ¿cómo se siente el dolor tangible para quitarlo de un solo golpe?.

Entonces siento las lágrimas derramar y me digo ¡basta ya!

ella tiene razón. No sé tener novia. Y cuando lo dijo

sentí la daga entrando directamente y como el calor de la sangre me corría.

¿Cómo es posible que a la persona que más amas, sea justo quien más te desalma?

Así no es el amor, me digo. No puede ser así.

Entonces llega el arrepentimiento, el reconocer que te volviste

vulnerable cuando le cuentas todo lo que te ha sucedido. Y a pesar de ello, te siente fría.

Y me callo. No lo hiciste tan mal me digo. Pero ya no más, que sea la última por favor, me dice mi tonto corazón.

Y me veo valientemente recogiendo los pedacitos que me dejó,

llenándome las manos de recuerdos, de planes, de escombros tiranos, de promesas, de su olor embriagando mi cama, de las pláticas, de las palabras que injustas no se detienen y siguen nombrándola.

Escucho la canción, se que me parte en dos, que se acomoda justo hoy,

pero no logro entenderla de todo. Cómo si algo dentro mio se negara.

Cerrado. Fue lo último que dijo, y yo me quede sin armas, no hacían falta, ya no estaba en la batalla.

 

 

 

Airy Minor

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