No va a pasar.

 

Te estás negando un mundo de posibilidades a mi lado.

Lo sabes, lo sé, negarlo no lo hace menos evidente,

¿Acaso no te das cuenta, cómo tiemblo cada que te acercas?

¿Crees que no siento una caricia en el alma, cuando cruzamos miradas?

No te buscaba, no te esperaba, solo deje que me pasarás.

Sin embargo, te niegas la posibilidad de abrir una puerta, una ventana,

que entre luz a tu alma, estás aterrada.

No te culpo, a mí también me da miedo, sin embargo estoy aquí,

esperando que vengas a mí, buscándote, teniendo paciencia para ti.

Haciendo lo posible por hacerte sonreír, porque desde hace tanto,

que una sonrisa no me gustaba así.

No va a pasar, te digo, me dices, lo repetimos mientras te dejas en mis labios,

mientras tus manos van avanzando.

¿Acaso no te das cuenta de que esto es inevitable?

Teníamos que encontrarnos, tenía que suceder,

y aunque busques finales próximos, aunque la distancia se ponga entre nosotros,

sabes bien que volveremos a encontrarnos,

sabes bien lo peligroso que es estar a solas,

sabes bien, lo que tus labios, que tu cuerpo me provoca.

Te estás negando un mundo de posibilidades a mi lado,

y yo estoy dejando que te acerques, que te vayas si es lo que quieres,

pero cuando me mires de la mano de alguien más,

reprime esa mirada, ese enojo, ese fuego,

porque hoy me tienes y ni te das cuenta, ni siquiera de cómo otras

presencias se me acercan.

Soy ese beso escondido en tu sonrisa, esa llama incontrolable,

soy esa pasión prohibida que te causa ecos…

Aunque quizá lo mejor sea que nos olvidemos, aunque sinceramente,

dejar de pensarte no puedo.

 

AIRY MINOR

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Adictiva.

 

Como una droga que temías probar y ahora no quieres dejar,

adictiva, sin poder parar, buscando el momento perfecto

para volverte a besar.

Es tu mirada, el cruce de tus palabras,

esos instantes donde ambas nos encontramos,

en medio de la gente, un roce, una palabra, una mirada,

cualquier cosa que nos indique buscarnos.

Adictiva, así te nombro a partir de ahora,

encendiste una llama que en mí estaba apagada,

la pasión ha vuelto a mi cuerpo, a mi deseo.

No puedo, ni quiero detenerlo,

aunque sea efímero, fugaz, inverosímil.

Aunque sea prohibido, escondido, imposible.

¿Por qué habría de detenerme si causas ecos en mi mente?

dejaré que mi deseo hable por mis pensamientos,

dejaré que mis besos sigan navegando en tu piel,

seguiré cerrando los ojos a la deriva de ti.

Adictiva, así te me prestas,

aunque más adelante pague las consecuencias

de un secreto como el nuestro.

 

AIRY MINOR

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Te declaro la guerra.

Esta vez me olvidaré de la tregua,

y aunque muera de deseo por sentir tus piernas abiertas,

llamando a mi nostalgia a horas inciertas, hoy

prefiero declararte la guerra.

Que me odies, que evites pronunciar mi nombre, que te duela.

Y en esas noches no pienses en nada más que en la pena,

de no sentir mis manos acariciándote,

ni de tener mi voluntad ajustada al molde perfecto de tus tiempos.

Te declaro la guerra,

como antiguos enemigos que quieren saber todo de su presa,

persiguiendo tácticas incompletas, luchando por no encontrarnos

pero haciendo todo lo posible por cruzarnos.

Te declaro la guerra, porque no sé si vuelva a hacerte el amor.

Porque este sentimiento me quema, esta espera derriba mis noches en vela,

y mi pasión, ansias, desesperan.

Como aquel combatiente que no le queda nada más que la fantasía de una ilusión secreta,

de volver a encontrarnos y olvidar la pena, que nuestros cuerpos deliciosos busquen

una tregua, y nuestro olvido se quede como una pesadilla efímera.

De una historia que solo se pausó.

Hoy amor de mi vida. Te declaro la guerra.

Se necesita valor.

 

Para dejarse caer ante la plenitud de un cuerpo deseoso de caricias,

y encontrarse entre los silencios después de envolvernos.

Se necesita valor para prometerse al otro,

y dejarse ahí, expuesto, ante los suburbios del “no sé qué pasará”.

Detenerse frente a la penumbra del silencio que no tenernos,

de la distancia, del tiempo, de los inconvenientes que vuelven a postrarse ante mí.

Se necesita valor, para tragarse las palabras, para detenerlas en el aire

y que nos corten las manos como dagas, para que no lleguen a su destino,

para que no lastimen a nuestro delirio. Valor para levantar la mirada,

para desatar nudos en la garganta, y no ahorrarse lágrimas

Valor para no dejarse vencer ante la despedida,

y recoger nuestra dignidad que parecía desatendida.

Se necesita valor para quedarse, se necesita valor para estar presente,

para darse cuenta de que marcharse solo dejará una huella de esas

que son difíciles de llenar, una huella de esas que solo el tiempo logrará sanar.

 

AIRY MINOR

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Cuento reencuentro

Habían pasado cerca de tres años, tres años en los que simplemente no supo nada de ella.
Aún recordaba la última vez que la vio, fue como siempre, risas, plática, caricias, besos. Aquella vez como todas las demás, pensó que era una pelea simple, que se volverían a encontentar, que nada cambiaría.

La dejo en su casa, al bajar del carro ella la miro, sonrió y le dio un beso que no le avisaba el final. Le dijo que la amaba, y que le escribiera, pero ella no respondió, solo dijo adiós y se bajo del carro.

Al arrancarse había tranquilidad en su corazón, nunca pensó que ese adiós fuera cierto, pero pronto lo descubrió. Cambio su número de telefono, nunca más la encontró, ni en su casa, ni con sus amigos, ni en los bares que frecuentaba. Les escribio reclamando, le escribio suplicando, le escribió anhelando, le escribió muchas veces con odio, muchas con amor, casi siempre con tristeza.

Después de tres años sin saber de ella, un día la vio sentada en un café, su corazón se acelero y mil sentimientos se confundieron en su interior. Quiso acercarse y abofetearla, quiso salir corriendo de ahí, quiso volver a sentirla, pero no hizo nada. Su cuerpo no reaccionaba, se quedó estática.

Entonces ella sintió la mirada acalambrada, sonrio y cerró su libro. Lo dejo sobre la mesa y se paro en dirección a ella, cada paso que ella daba era un golpe frío en todo su cuerpo, era como si el tiempo pesará a cada centímetro menos. Al llegar de frente, la saludo como siempre, le dio un beso al que no pudo reaccionar de ninguna forma. Solo la miraba, entonces ella acaricio su mano y dijo unas palabras que no pudo escuchar, ni entender.

Cuando sintió su caricia reaccionó como si se asustará del roce de un desconocido, ella se rió, entonces logró escucharla claramente. Todo el mundo a su alrededor volvía a la normalidad, y los pensamientos se volvían a acomodar.

Cuando menos se dio cuenta ya estaba del otro lado de la calle sentada en la misma mesa que la vio, le había pedido un té y había vuelto a abrir su libro como si esperara a que reaccionara. Entonces intentando artícular palabra sin darse cuenta grito mientras se paraba- ¡Tres putos años! –
Ella con toda la tranquilidad del mundo la miro, con tomo descaradamente un sorbo a su café y sonrió.
Entonces sintió como las piernas le temblaban y se volvió a sentar. Un mar de lágrimas caían sobre la mesa y el té que acababa de llegar.
Ella extendió una mano y la acaricio. Entonces…

Le besó la mano y se paró para acercarse a ella, la abrazo y le susurro al oído que lo sentía, pero que era necesario hacerlo, de otra forma nunca valoraría realmente lo que tenían.

Entonces sintió como se tranquilizaba con su abrazo, pero el reproche y el odio de todo el dolor que había sentido aún existía, pero ahora sabía que no podía volver a dejarla ir, sentía la necesidad de aferrarse a su cuerpo y no separarse jamás, y sin decir una palabra más se besaron tiernamente como la firma de una reconciliación e intimidad esperada. Se besaron y el tiempo volvió a correr normalmente, se sentaron una muy junto a la otra y platicaron durante horas. Al final, tres años cabían perfectamente en una charla larga por la tarde.

Con locura enferma

 

Vienes a destrozarme con tus piernas perfectas,

delineando el espacio predilecto que mi lengua ansia todo el tiempo.

Invades con tu marea mis playas, humedeces todos mis rincones,

siento en mi cabeza el calor sofocante del desierto cada que te siento cerca,

necesito empaparme de tus sales.

Siento martillos de acero hirviendo golpeándome el corazón cuando los celos me atacan.

El mundo entero explota dejando una huella infalible  en el universo

cada que tenemos un orgasmo.

Te amo con locura enferma, con la melancolía de todos los poetas vivos y muertos de esta tierra,

con el delirio de arrancarme la piel tan solo por sentirte cerca,

besaría con gusto el piso que tocas tan sólo para no dejarle nada al diablo.

Tu cuerpo es mi pasión revolcándome la sangre,

mi piel se llena de cientos de cuchillos afilados enterrándome su punta si me besas.

¿Qué no daría yo, por una sola de tus caricias?

Tú no sabes de desesperación por poseerte si no me has sentido congelándome en la nieve,

sin ropa, tan solo esperando paciente tu regreso.

Con locura enferma te quiero, te deseo, bebería toda la sal de tus mares de un sólo golpe.

Dejaría chorreando mi sangre hasta morir por envolverme en ti.

Todo el cielo y el infierno en guerra despiertas en mí.

 

 

AIRY MINOR

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Al final

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Al final, uno no puede evitar lo que es en el fondo, por mucho que lo intente.

Dejarse querer, dejarse consentir, dejarse llevar por la pasión de unas tiernas manos acariciandonos como hace tiempo no lo hacen. La novedad, la cacería, el orgullo acrecentado, los mimos, el poder.

Dejarse besar sorpresivamente por quienes nos desean con loca pasión desbordada, por quienes nos admiran, por quienes suplican tan sólo por un segundo poder tocarnos, poder sentirnos de ellos.

Dejarse en suspiros, en letras, en canciones, en recuerdos para hacerles la vida más placentera, para sentirnos deseados, plenos, amados.

Uno no puede evitar dejarse desear en pensamientos ajenos. Uno no puede evitar ser lo que es en el momento, en el efímero, en el instante que nunca regresará.

Uno no puede dejar de inspirar, ni de sentirse bien cada que alguien nos desata.

Al final uno se queda, con sabores ajenos, con miradas, con olores, con sonrisas, con momentos. Con recuerdos que se toma de vez en vez para volver a sonreír, para volver a sentir.

Al final, uno no puede evitar ser lo que se es, por mucho que se quiera cambiar, por mucho que se quiera sentirse solo de uno. Hay personas que no podemos evitar dejarnos un poco o tal vez un mucho en otros, aunque siempre terminemos regresando al mismo lugar.

AIRY MINOR

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