Prohibida.

Provocadora, intensa, libre seductora.

Rozas mi pierna con una sutil caricia que acompañas de una mirada pícara,

el pulso se acelera, mis ansias te esperan.

Prohibida, devoradora, exquisita, con esa sonrisa que aniquila,

con estas ganas de morderte los labios mientras siento tus uñas en mi espalda,

robarte un beso apasionado, voraz, mientras nos escondemos de los demás.

Tu tan mía y tan de otra presencia,

son mis manos las que te llenan, son mis labios los que proclamas,

este amor loco, prohibido y con miles de ganas.

Devoradora, ¡cómo me provocas! como te gusta dejarme con la intención de poseerte,

ahí, en medio de la gente.

Me trabajas de rato en rato, provocando, mostrandote deseosa a cada paso,

me miras, me sonriés, me muestras partes de tu piel que se me vuelve inalcanzable,

pero después te me presentas entera, con esa piel blanca, que me mata,

con ese cabello suelto y lacio bailando entre las sábanas, gritando, pidiendo, gimiendo,

déjando a un lado todo lo demás, dentro de esa habitación eres mía y de nadie más.

Prohibida, devoradora, hace tanto que mi cuerpo te implora.

Cada que te vas dejas este vacio de no sentirte,

me tienes a la espera, mirándote a diario, provocativa, insolente, inalcanzable,

acrecentando mi deseo de tenerte todo el tiempo y sin poder evitarlo.

Miro como te marchas, y a la vez, entre miradas prohibidas me llamas.

 

 

*Dedicado a la locura de la cadencia de tus caderas… *

 

AIRY MINOR

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Alguien tiene que decirtelo.

Eres una mujer que provoca deseos, fantasías, que alimenta la imaginación con la silueta, con el poco decoro que demuestra.

Decirte también que provoca imágenes desastrozas, de esas que pueden arruinarle a uno la vida, pensando en que hará, cómo y con quién. Que desborda el erotismo en historias que quizá alguien más ha escrito y hoy le pertenecen a mil voces.

Alguien tiene que decirtelo:

Te pasas, de verás, te lo digo yo que he conocido a los ángeles de tu infierno, a tus demonios, a tus niños internos. Te lo digo yo que te conozco, que no tienes piedad y confundes el orgullo con vanidad. Y sin embargo es inevitable quererte bruja infiel. Alguien tiene que decirtelo, te pasas, has tenido mi corazón enjaulado en una celda llena de besos y recuerdos, de poemas y del sonido del trueno de tus dedos.

Alguien tiene que decirtelo, mujer: aquí sigo.

 

AIRY MINOR

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Fotografía: Proyecta su Historia de Nick Fuentes.

Mujer infiel.

Llévate mi carne, mi sangre, el espacio inhabitado que encendiste con tus gemidos.

Mis brazos, mis manos, mis labios que no saben nada más que suplicar tu cintura.

Llévate la desesperación en la que me dejas y la soledad a la que me entregas cuando decides darte a otro querer.

¿Qué no sabes que no soporto saberte mía y de alguien más?

¿Qué no te das cuenta de cómo mi alma va corriendo a buscarte cada que te vas?

Desgárrame la espalda con tus labios salados, embriágame de tu sabor para que no lo pierda en otros besos.

Y déjame entre tus muslos encendidos la piel que me habitan otros sentidos.

No, mujer, no hay nadie que me devore desde las entrañas hasta el éxtasis infinito.

No hay otro querer que me invada de pies a cabeza, cada poro de mi ser te respira, y te grita cada que a otro querer te entregas. Tú que no eres mía, ni de nadie, que eres nada mas tuya.

No me importa que en otros besos te repartas, quien soy yo para decirte que no lo hagas amor, si bien mi conciencia de vacaciones de ha encontrado desde hace tanto tiempo.  No me importa no tenerte para siempre, ni que sea otro cuerpo con quien duermes, siempre y cuando sea en mi cuerpo, a quien el alma entregues.

AIRY MINOR

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Lo que no sucedió.

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Marina llegó a casa, cansada, fastidiada, había tenido un mal día. ¿amor, estás segura de querer ir a la reunión con los de mi trabajo? Temía escuchar la respuesta, sí, sabes que me encanta ir. Se preparó algo ligero, se cambio los zapatos y tomó las llaves del carro. Emprendieron el camino al bar.

Mientras manejaba pensaba… ¿Irá ella? se preguntaba, en la tarde escuchó que alguien la había invitado y tenía esa ansía constante de querer verla y el miedo inigualable de encontrarse con ella.

Entraron al bar, la mesa de los del trabajo era enorme, pero su altura siempre la destacaba, Marina iba de la mano de su mujer a la cual soltó con excusa de saludar a los presentes, recorrió la mesa con la mirada y se quedo estática al verla ahí, radiante, sentada al final de la mesa saludando y conversando con todos, admirando sus profundos ojos negros, aquellos que con su joven fuerza la intimidaban, su nuevo corte de cabello, se le detuvo la respiración, se veía espectacular, le brillaban los ojos, sonreía, abrazaba a todos, todos querían un poco de su compañía, un poco de su presencia que tanto anhelaban. Ella también quería eso, quería abrazarla, rozar sus mejillas, oler su perfume, decirle que le extrañaba cada mañana en la oficina. Quería ir corriendo a saludarla, preguntarle que hacía de su vida, que hacía cada segundo que no la veía, si había alguien en su vida, si aún seguía conquistando corazones hechos de hielo como el de ella con tan sólo la calidez de su presencia. Pero no le preguntó.

Al otro lado de la mesa, sentada con amplia comodidad, tomando una cerveza vio llegar a Marina, aquella mujer madura con mirada de seriedad, aquella mujer madura, firme, fuerte, hecha de hielo, aquella mujer que tanto le llamaba la atención, platicaba y bromeaba con sus ex colegas del trabajo y sabía que en algún punto de la noche ella llegaría, su acompañante era la mujer que compartía su vida con ella, no le incomodó, sabía perfectamente lo que ella causaba en Marina, le dio una mirada fugaz que se encendió en el recuerdo de un beso lejano. Al verla paralizada sonrió y siguió conversando, espero a que se acercara pero sabía que no lo haría, así que lo hizo ella.

Marina la vio acercarse decidida y fiera a ella, dio un trago a su cerveza y se le aventó en un abrazo con la excusa de no haberla visto, uniéndose al éxtasis y la alegría de los demás al verla. Nadie sabía que sus intenciones eran distintas.

Se abrazaron, conversaron, Marina se quedó admirando a esa joven que no tendría nunca, a esa joven que vino a arrebatarle suspiros en un par de meses, a esa joven mujer que sin saber porque le conquistó con enérgica furia el alma y el deseo, y todo eso sin ni siquiera hacer nada, más que el recuerdo fugaz de un beso que se atrevió a plantarle una noche cualquiera, un beso que no estaba segura de que hubiera ocurrido, ninguna de las dos lo estaba.

Se despidió temprano, Marina odiaba que se fuera, odiaba no poder llevarla a su casa, odiaba saber que tendría que llegar a su cama y compartirla con la mujer que frente a ella se ahogaba en su celular mientras que esa joven le calcinaba con miradas furtivas y elocuentes en medio de la gente. ¿Cómo lo lograba? ¿Cómo nadie se percata de que me mira, de que me ha invadido la vida con su presencia y fragancia juvenil?.

Ella se despidió de Marina, como de todos, con un beso suave en la mejilla y susurrándole algo al oído, sabía que no era la única que ansiaba su presencia, pero Marina también causaba algo en ella. Nos vemos pronto susurro, aunque bien sabía que le mentía pues no tenía intención de volver a verla a solas.

Marina se abrazó a su cuerpo queriendo fundirse con ella, deseando que su perfume jamás se le fuera, y al escuchar ese susurro se dijo a sí misma que tal vez algún día la tendría, y se volvió a encender en su corazón una vela pequeña que le derretía el hielo que sentía. Y así, una vez más, la dejó ir, con la firme esperanza de verla pronto, así, cómo ella decía.

Airy Minor

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