Mañana me voy a morir: [Parte 2]

Y mañana me moriré temprano

Me moriré a lo lejos

En secreto

Por eso estoy obligado a quitarme la ropa

Hoy estoy obligado a abrir todas las puertas

Estoy obligado a volverme loco

Hoy estoy obligado a salir a la calle

Obligado a tener más amigos

A que me escupan en la cara

A dejar a los perros que me laman hasta los huesos

Hoy estoy obligado a reír a carcajadas

Obligado a gritar sin sentido

Estoy obligado a tirar mi mochila y mis recibos

Obligado a comer sin cuchara

A dormir sin cobija

A coger sin condón

Hoy estoy obligado a encontrar claridad en la amargura y el dolor

Obligado a llorar hasta que se me salgan los ojos

Estoy obligado a decirle hermano a mis amigos y amigos a mis hermanos

Obligado a decirle adiós a todos

A escribir hasta que me harte

Hasta que no encuentre salvación hasta en la última palabra conjugada y descrita por este mismo tablero.

Hoy quiero saber que es dejarlo todo a un lado

Que es agarrar una copa de vino y disfrutar de su aroma

A destruir todos mis platos

A disfrutar de lo que he creado

Esto es lo que me provoca respirar

Solo esto, lo que yo creo

Lo que yo transmito

Que los demás escuchan

Me ayuda a darle calidad al tiempo

Tiempo que ya no tengo.

Sentido al día

Aroma al viento

Hoy estoy hasta la madre de todos.

Y el tiempo se me esta acabando

Y mañana me muero.

 

 (Realmente quiero un cigarro)

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[Cuento]Un día.

Se fue, decidida, temerosa tomó sus cosas y se largó. Decidió cerrar aquella puerta, pero sin llave, no vaya a ser, que algún día…

Cambió sus hábitos, conoció gente, salió, se divirtió, bailó hasta cansarse, intentó enamorarse. Escribió, hizo todo lo que creyó necesario para salvar su corazón, para sanarlo, para recuperarlo, para poder encontrar “el amor”.

No la buscó, no la llamó, no la siguió. Se apartó de todo contacto posible, y cada que el ansia y la desesperación la abrazaban, cada que se volvía loca por saber de ella, por escribirle, por escuchar su voz, se detenía en seco. Tomaba el móvil y se decía. Cualquier cosa que encuentres al buscarla no va a gustarte, cualquier cosa que te diga va a herirte, va a lastimarte, no te hagas esto, nos ha costado mucho ir saliendo”. 

Entonces hacía cualquier otra cosa, tomaba café, iba al cine, caminaba largas horas, a veces sin o buscándolo se dejaba en alguna piel, siempre vacía, siempre queriendo dormir sola, sin esa nueva compañía, lo intentó todo.

Hizo nuevas rutinas, nuevas amigas, nuevos vicios, nuevos tormentos, nunca ni un segundo dejó de adorarla. Todos los días pensaba en ella, a veces poco, a veces mucho. Y se preguntaba ¿por qué, con quién? Y se respondía Ella está bien, no me necesita, lo sé. 

Nunca sé preguntó ¿qué hubiera pasado si se aferraba a ella? no quería saber las respuestas, ese camino le hubiera lastimado más que este. No volvió a mirar sus fotos, no tenía como encontrarla, ni como leerla, ni como saberla. Sabía que si se lo proponía podía hallarla, pero ¿para qué?. Solo abrazaba el recuerdo de aquellas tardes, de aquellos besos, miradas, pláticas, de aquellos pequeños momentos que significaban todo. Solo se quedó con ese último beso y ese último abrazo. No tenía nada más que sus recuerdos.

Una mañana mientras caminaba y admiraba el fresco, la vio de lejos. Idéntica, maléfica, extraordinaria, siempre con esa belleza sublime aún cuando andaba en fachas.

Y entonces su corazón volvió a latir, con la fuerza impetuosa de un torrente de emociones, con el cúmulo de rayos y extravagancias almacenadas con los años. Y la respiración se le cortó, sus pupilas se abrieron, y miró todo alrededor de manera tan distinta, tan nueva, fue como si despertará de un sueño. Y tragó saliva, respiro profundo, dio media vuelta y siguió su camino. ¿Quién podía ser ella para entrometerse en su destino?, prefirió seguir lejos de su vida antes que interferir en su felicidad.

Y siguió viviendo así, lejos de ese amor, ese, que nunca olvidó.

AIRY MINOR

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Todavía.

Aún disfruto si te pienso,

se me alborota la razón y juegan mis emociones alterándose de muchas sensaciones.

Aún sonrío estúpidamente si me escribes,

y siento como voy buscando razones sin sentido para hablar contigo,

Todavía me nace un suspiro que no tiene objetivo,

va mi cuerpo navegando inconscientemente

y nuevamente en las olas de tu marea, de tus letras.

Me digo que no debería, que ya pasamos por esto,

pero inevitablemente está atracción a ti me fulmina,

me atrae, me envenena.

¡Qué importa si vuelvo a fallar! ¡Qué importa si te vuelves a marchar!

Por un beso tuyo… no te imaginas lo que haría…

Marea, dicha, todavía.

 

AIRY MINOR

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Arde.

Quema, arrasa con mi paciencia, con mi voluntad, con mis ganas. Arde, duele, calcina, consume, desgarra, aplasta.

Este amor me hierve, me consume, me altera de sobre manera. ¡No es posible seguir amando así!

¡No es posible seguirte adorando después de tanto! ¡Después de ti uno no sobrevive tan fácilmente! ¡Felicidades, siempre quisiste ser la causa de la agonía de quien te hiere.

Todo mi arrebato, mi desconsuelo, mi tristeza se desborda, no existen palabras que pudieran expresar el dolor que me haces sentir, pero solo el amor que fue tan voraz podía sentirse así. Así se siente el dolor del amor inacabado, inconcluso, volátil, de ese amor encendido, desmesurado, incomprensible, inmenso. Solo así podría doler un amor tan profundo, tan apartado del mundo, tan volcánico.

Arde, todo el tiempo me arde como si te tuviera en frente y estuvieras de mí riéndote. Con esa peculiar sonrisa sarcástica y devoradora, pero con esa tristeza en la mirada que solo reconoce quien te ama.

Pero solo así podía doler, un amor que ya no es, un amor que arde, que consume, un amor que no es ni mío, ni tuyo, ni nuestro.

 

AIRY MINOR

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Todo lo que fuimos.

Todos los versos, los dramas, lo innecesario.

Las peleas, los gritos, las manías y esa necesidad de herirnos.

Todas las tardes tontas, las risas, los cumplidos. Las ganas.

Todos los te amo que hoy simplemente se desvanecen, rebanándome el corazón.

Todas las canciones que hoy he borrado para no escucharlas más. Todos los planes, lo que una vez prometiste.

Como si lo fueras a cumplir… y yo tan tonta que creí.

Hace días que dejé de buscarte, de mirar tus fotos, de stalkearte.

Sé que cualquier cosa que pongas va ha herirme, sabes perfecto como lastimarme.

Eres el vicio que más me ha costado quitarme.

Pero tu indiferencia, tu lejanía, tus groserías, cada palabra resuena en mi mente, cada te amo que ahora le dices para mi es un paso más para olvidarte.

No te miento, desearía que fuera más rápido, más tajante, quisiera que no me doliera.

Sólo sé que hoy tu felicidad, me libera.

Me hace saber que la decisión fue la mejor, que no había más opción.

A veces me enfurece, pero lo cierto es que también una parte de mi se alegra de que hayas encontrado el amor.

Mereces tanto ser feliz como yo olvidarte.

Ojalá no tuviera estás ganas de buscarte. Pero me detengo, no tengo derecho a irrumpir tu vida, ni a seguir esperando algo que claramente no es para mí.

Y a pesar de estás ganas de llamarte, las arrojó para no desear. Pues lo cierto es que una parte de mi se aferra, hubiera querido ser yo, PERO NO LO SOY.

Porque todo lo que fuimos, en realidad no existió.

 

 

AIRY MINOR

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Las dudas de ayer.

Yo que de ti soy, que a ti pertenezco, que de mil formas te cometo.
¿Cómo me dejas hacernos esto? ¿Cómo dejas que te abandone cuando sos lo que más necesito?
¿Cuántas palabras más dejarás que diga, que nos lastimen, que nos impriman de esa fríaldad que nos abraza sin sentido?
¿Por que toleras esto? ¿Por que no simplemente me botas y te vas? Es que acaso no te das cuenta de lo díficil que soy, de lo insoportable que me vuelvo cuando no te tengo, que sos vos mía, que sin ti no quiero aunque pudiera…

Leyó esa nota una y otra vez sin terminar de comprender, no sabía si sentir tristeza, odio, enojo, decepción, rencor, o quizá sintierá todas esas cosas juntas, entremezcladas con un poco de alcohol.
No sabía si era una despedida o si al llegar la noche ella vendría, leyo la nota una y otra vez, y añoro con ilusión desesperada que los días en que se amaban volvierán, aquella, su cómplice, su insospechada locura. Pero por más que intentará a veces ya no sabía ni siquiera si lo intentaba.
Suspiro, quiso aferrarse a lo último, a lo poco, a eso que le quedaba y le quemaba por dentro, suspiro nuevamente y miró hacia el frente, había tomado una decisión. Pero decidió mirarse al espejo y sonreirse para sí misma, se gustaba, se antojaba, y no podía comprender en qué momento dejó de gustarle a ella tanto, ¿en qué momento había dejado de añorarla, de desearla, de antojarse, por qué ya no la miraba como antes? ¿Cómo era posible que ella no se deshiciera en deseo al verla tan suculenta? ¿En qué momento comenzó ella a sentir que la perdía.
Todas las preguntas y las dudas rondaban su cabeza, todas y volvía la vista a la nota, sus letras eran lo que más había amado y ahora ya no sabía exactamente si quería seguirla leyendo.

Quiso escribirle, pero no lo merecía, dejaría que la extrañará, que recapacitará, quizá cambiaría. Pero, ¿cambiaría? la duda seguía irrepetiblemente que se volvía cansado. ¿Y si mejor cerraba los ojos y al abrirlos todo fuera como antes? La llamaría y ella vendría corriendo sin preguntar, sin exigir, sin esperar nada a cambio, simplemente estaría ahí a su lado disfrutando de ese instante irrepetible, inalcanzable, la belleza de lo fugaz. Y entonces tendría esos detalles que la hacían suspirar tontamente, sonreír, anhelar, esperar el siguiente impaciente. Porque tenía la certeza de que habría más, y siempre serían insospechados, inigualables, hacía tanto tiempo que ya no sentía esa emoción. ¿Qué había pasado? ¿Acaso dejó de inspirarla, acaso se volvió más exigente, la descuido, se descuido, se volvió monótono, dejaría de gustarle? ¿Acaso fue todo una mentira para poder meterse a su cama, un plan bien elaborado y la que ahora era, era la verdadera?
Se fue a la cama dejando la nota sobre la mesa, ya llegaría, ya se iría, ya no sabía ni que pensar, ni qué haría, ya no sabía leerla y eso era lo más desesperante. En cada intento por acercarse se alejaban más, cada vez más. Se recostó mirando hacía la ventana que estaba cerrada, la miró como si acaso del otro lado hubiera un paisaje templado y exquisito, como si eso la calmara. Quiso dormir un poco pero solo estaba ahí, recostada con su hermoso cabello enredado acariciándole los hombros, con esos ojos medianos que se volvían pequeños cuando le acomodaba la tristeza, y la luz de la ventana que poco alumbraba la noche dibujaba las líneas perfectas de su cintura y piernas, de esos diminutos pies que descansaban descalzos sobre la cama. Y suspiraba, y miraba, y esperaba.
Entonces sonó el celular, era ella, no pudo evitar el salto en su corazón que cada vez era menor, pero aún así, inevitable. Abrió el mensaje, era un cuento que decía: Yo que de ti soy, que a ti pertenezco, que de mil formas te cometo…

Azul.

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Anoche soñé con el delirio azul de su blusa, con la chaqueta negra que llevaba puesta cuando me abrazó muy fuerte. Con sus delicados hombros, y sus labios carnosos. Con la ferocidad de sus ojos negros. Soñé que se acercaba a mi espera letargada, que me envolvía en la suavidad de su perfume dulce e inocente. Se acercaba poco a poco a mis labios y yo; con furia incontenible la besaba. Ella me besaba mientras yo disfrutaba de la humedad de sus labios, sus dedos me tocaban, su pelo lacio me envolvía, soñé que era mía.

Desperté queriendo saber de ella, deseando escucharla, deseando tomarla con mis brazos y desgarrarle la ropa, quise volver a dormir para encontrarla, para admirarla, para dejar de extrañarla.

Anoche soñé con ella, la de mirada tirana, fiera, fuga cruel de mi pasado. Y no pude evitarlo, quise saber de ella y llamarle pecado. Busqué la forma y la he encontrado, quizá no sea para mí pero nunca dejaré de intentarlo, anoche soñé con ella, la de huesos tercos y piel suave, la de tierna seducción imparable, aquella que tan sólo su presencia deja suspirando a quienes tiene en su regazo, la de azul delirio que domina mis sentidos. Y desperté por error leyendo el mensaje de reclamo de quien se llama amor.

Airy Minor

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