Despedida inexplicable 

Entró sin tocar a la habitación. La vio acostada, abrazando su almohada, la ternura le invadía el cuerpo. Tenía ganas de abrazarla, de cobijarla, de protegerla de alguna forma. Pero no se acercó más que a la cama. La miró y entonces ella volteó a verla.

-¿Llevas mucho tiempo ahí parada?

Movió la cabeza negando.

– Ven- y le extendió sus dedos delgados y frágiles.

Ella se acercó y se recostó a su lado, la abrazó tiernamente por la espalda mientras escuchaba su respiración resignada.

– ¿Entonces es verdad, así se acaba?

La abrazo aún más fuerte y pegó su nariz a su cabello, deseaba que su olor se quedará para siempre, que ese momento fuera eterno, entonces ella se volteó y quedaron tan cerca que al hablar sus labios rozaban.

– ¿quién soy yo para detenerte?, ni siquiera puedo pedirte que te quedes- y una lágrima rodaba por su mejilla.

-Antes de irte hazme el amor, hazme el amor y déjame dormida, no quiero ver cómo sales de esta habitación y de mi vida para siempre-.

Entonces la besó obediente y comenzó a acariciar su cuerpo, puso total atención a cada lunar, a cada caricia, cada beso dejaba una huella placentera y dolorosa. La besó y cerró los ojos muy fuerte porque le dolía dejarla. Bajó por su abdomen y besó con total pasión y devoción hasta bajar a su clitoris. Entonces su lengua le hizo sentir que jamás la dejaría. Al terminar con su pasión se besaron y se aferraron una a la otra, la abrazó hasta que fue cayendo poco a poco en un sueño profundo, y entonces le dijo.

– Perdóname amor por tener que dejarte, pero nunca olvides que soy tuya, siempre volveré a ti, por lo pronto recuérdame y se feliz-

La beso suavemente en los labios ya dormida, y se deslizó suavemente hasta salir de la cama. Se vistió y cerró la puerta, tomó su maleta y se marchó.

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Cerrado.

cerrado_love

Fue lo último que dijo, aquella. La de cabello enredado.

De fondo musical, “Hicimos un trato” de Alejandro Sanz.

Tengo un trago de vino que se va acabando,

el apetito extinto de la desolación.

Hicimos un trato, canta. Yo… cierro los ojos,

aprieto los dientes, no quiero llorar.

He decidido que ya no lloraré más por ti.

Y me digo que esto es lo último, lo último que duele.

Y borraré de mi piel tus caricias, de mi mente tu sonrisa,

borraré de mi vida esa cadencia de niña berrinchuda.

Corazón mío, se fuerte, ella no volverá.

Cerrado dijo. Y tragué el aliento inflamado de dolor,

¡Y quiero responder, quiero salir a buscarte,

quiero llegar a tu departamento con flores, llenarte de besos,

darte el regalo que vengo cargando a diario desde hace tanto

porque no sabía en que momento llamarías para decirme ven, y

quiero abrazarte, implorarte, decirte que me muero, que no puedo respirar,

que no te dejaré ir, que lo prometimos, que te amo como nunca…!

y por un momento en mi mente, casi lo puedo lograr.

Luego el relámpago de todo llega a mí,

No puedo hacerlo me digo. Y no porque no quiera, sino porque ella no puede.

Y entonces me detengo. Ella no puede. ¿Me quiere?

Quizá sí, y sin embargo nunca logré que creyera realmente en mí.

Hicimos un trato, suena una y otra vez,

Y me pregunto ¿cómo se siente el dolor tangible para quitarlo de un solo golpe?.

Entonces siento las lágrimas derramar y me digo ¡basta ya!

ella tiene razón. No sé tener novia. Y cuando lo dijo

sentí la daga entrando directamente y como el calor de la sangre me corría.

¿Cómo es posible que a la persona que más amas, sea justo quien más te desalma?

Así no es el amor, me digo. No puede ser así.

Entonces llega el arrepentimiento, el reconocer que te volviste

vulnerable cuando le cuentas todo lo que te ha sucedido. Y a pesar de ello, te siente fría.

Y me callo. No lo hiciste tan mal me digo. Pero ya no más, que sea la última por favor, me dice mi tonto corazón.

Y me veo valientemente recogiendo los pedacitos que me dejó,

llenándome las manos de recuerdos, de planes, de escombros tiranos, de promesas, de su olor embriagando mi cama, de las pláticas, de las palabras que injustas no se detienen y siguen nombrándola.

Escucho la canción, se que me parte en dos, que se acomoda justo hoy,

pero no logro entenderla de todo. Cómo si algo dentro mio se negara.

Cerrado. Fue lo último que dijo, y yo me quede sin armas, no hacían falta, ya no estaba en la batalla.

 

 

 

Airy Minor

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