Lo que no sucedió.

gay_love

Marina llegó a casa, cansada, fastidiada, había tenido un mal día. ¿amor, estás segura de querer ir a la reunión con los de mi trabajo? Temía escuchar la respuesta, sí, sabes que me encanta ir. Se preparó algo ligero, se cambio los zapatos y tomó las llaves del carro. Emprendieron el camino al bar.

Mientras manejaba pensaba… ¿Irá ella? se preguntaba, en la tarde escuchó que alguien la había invitado y tenía esa ansía constante de querer verla y el miedo inigualable de encontrarse con ella.

Entraron al bar, la mesa de los del trabajo era enorme, pero su altura siempre la destacaba, Marina iba de la mano de su mujer a la cual soltó con excusa de saludar a los presentes, recorrió la mesa con la mirada y se quedo estática al verla ahí, radiante, sentada al final de la mesa saludando y conversando con todos, admirando sus profundos ojos negros, aquellos que con su joven fuerza la intimidaban, su nuevo corte de cabello, se le detuvo la respiración, se veía espectacular, le brillaban los ojos, sonreía, abrazaba a todos, todos querían un poco de su compañía, un poco de su presencia que tanto anhelaban. Ella también quería eso, quería abrazarla, rozar sus mejillas, oler su perfume, decirle que le extrañaba cada mañana en la oficina. Quería ir corriendo a saludarla, preguntarle que hacía de su vida, que hacía cada segundo que no la veía, si había alguien en su vida, si aún seguía conquistando corazones hechos de hielo como el de ella con tan sólo la calidez de su presencia. Pero no le preguntó.

Al otro lado de la mesa, sentada con amplia comodidad, tomando una cerveza vio llegar a Marina, aquella mujer madura con mirada de seriedad, aquella mujer madura, firme, fuerte, hecha de hielo, aquella mujer que tanto le llamaba la atención, platicaba y bromeaba con sus ex colegas del trabajo y sabía que en algún punto de la noche ella llegaría, su acompañante era la mujer que compartía su vida con ella, no le incomodó, sabía perfectamente lo que ella causaba en Marina, le dio una mirada fugaz que se encendió en el recuerdo de un beso lejano. Al verla paralizada sonrió y siguió conversando, espero a que se acercara pero sabía que no lo haría, así que lo hizo ella.

Marina la vio acercarse decidida y fiera a ella, dio un trago a su cerveza y se le aventó en un abrazo con la excusa de no haberla visto, uniéndose al éxtasis y la alegría de los demás al verla. Nadie sabía que sus intenciones eran distintas.

Se abrazaron, conversaron, Marina se quedó admirando a esa joven que no tendría nunca, a esa joven que vino a arrebatarle suspiros en un par de meses, a esa joven mujer que sin saber porque le conquistó con enérgica furia el alma y el deseo, y todo eso sin ni siquiera hacer nada, más que el recuerdo fugaz de un beso que se atrevió a plantarle una noche cualquiera, un beso que no estaba segura de que hubiera ocurrido, ninguna de las dos lo estaba.

Se despidió temprano, Marina odiaba que se fuera, odiaba no poder llevarla a su casa, odiaba saber que tendría que llegar a su cama y compartirla con la mujer que frente a ella se ahogaba en su celular mientras que esa joven le calcinaba con miradas furtivas y elocuentes en medio de la gente. ¿Cómo lo lograba? ¿Cómo nadie se percata de que me mira, de que me ha invadido la vida con su presencia y fragancia juvenil?.

Ella se despidió de Marina, como de todos, con un beso suave en la mejilla y susurrándole algo al oído, sabía que no era la única que ansiaba su presencia, pero Marina también causaba algo en ella. Nos vemos pronto susurro, aunque bien sabía que le mentía pues no tenía intención de volver a verla a solas.

Marina se abrazó a su cuerpo queriendo fundirse con ella, deseando que su perfume jamás se le fuera, y al escuchar ese susurro se dijo a sí misma que tal vez algún día la tendría, y se volvió a encender en su corazón una vela pequeña que le derretía el hielo que sentía. Y así, una vez más, la dejó ir, con la firme esperanza de verla pronto, así, cómo ella decía.

Airy Minor

Twitter: @miniptx

FB: Insomnes Accidentales

Instagram: Miniptx

Anuncios