Manías Repulsivas.

Me quedé sentada mirando fijamente la hookah con una pasividad que quise quitarme de inmediato, pero mi cuerpo no respondía, todos alrededor se movían lentamente, de frente tenía a Caro mi mejor amiga, que se movía y dejaba su silueta detrás de ella con un perfecto barrido, reía.
Mau me tocó la mano con la boquilla de la hookah y mientras pensaba que ya había fumado suficiente ya estaba jalando una, dos, tres veces, lo retuve lo mas que pude, luego sacando lentamente el humo lo mire en el aire, me recargue más sobre la pared y seguí viendo a Caro, la sala estaba llena de humo. Carlos estaba hablando solo, volteaba de un lado a otro, y decía su nombre, se reía, luego se abrazaba y volvía a hablar con el mismo.
Miré a todos, y miré el reloj colgado arriba de Soto, él miraba libido a Caro, y las manecillas sonaban justo en mi oído, Caro me miró y sonriendo me hizo con la mano sutilmente que fuera hacia ella, yo me paré y sentí que el suelo estaba muy lejos de mi, caminé al sofá y me hundí mientras escuchaba a Janis Joplin cantando “Take a piece of my heart” en el sofá, al sentarme Caro subió sus piernas a mi y sentí su depilado perfecto, le acaricie las piernas y sentí como la mirada de Soto nos penetraba. Caro se estiró por la boquilla y aspiró, luego dejo ir el humo lentamente sobre mi cara, y con la punta de mis dedos rozaba mis pechos, me acerque a su cara y rozándole los labios le dije con una sonrisa -estas loca- ella me mordió y me dijo – duérmete conmigo- las cervezas de la sala se habían terminado, fui a la cocina por otras más, y entramos al cuarto de Mau.
Me senté en un puff que tenía ahí, ella comenzó a bailar “Come together” versión Aerosmith, yo le daba grandes sorbos a la cerveza y ella bailaba para ella misma, se acercaba a mi y me besaba, el cuarto estaba lleno del humo que se percibía por la luz tenue de la lámpara a un lado de la cama, miré hacia la puerta y vi que Carlos había caído dormido en el suelo. Mau seguía fumando, vi a una chica que no recordaba, tecleando su móvil mientras ponía música, ahora se escuchaba  “Heaven knows im miserable now” The Smiths, Caro se montó en mi y deslizó sus dedos dentro de mi pantalón, metió dos dedos en mi vagina y yo sentí como el placer me invadía, mientras ella movía su mano yo me dejé ir en el viaje, regresé tan solo para darle un trago a mi cerveza y quitarle la camiseta. Tenía los pechos erectos, ella tomó la lata de mi mano y se la echó en el pecho desnudo, yo alargue la lengua para beber lo que pudiera de su piel, mire hacia la puerta y vi a Soto parado tomando whisky de la botella, me sostuvo la mirada y sonrío.

Pasamos a la cama y le quite la falda, traía una tanga blanca que me pareció tan frágil, la desgarré y escuché el sonido de la tela estirándose y abriéndose demasiado fuerte, ella se rió, volteo la mirada hacia arriba y vio a Soto, -¡vete de aquí pervertido!, que asco- me dijo y sonrío mientras le aventaba  una lata vacía, la puerta seguía abierta.
Cogimos tan desenfrenadamente lento hasta dejar mojada la cama de Mau, a ella siempre le gustaba coger en ese estado porque se venía más, y yo igual, después le entraba un atisbo de ternura que me asqueaba, me abrazaba y se quedaba profundamente dormida como si estuviera en estado de coma en mi pecho, mientras susurraba que me amaba.
Cuando se quedo dormida, me paré y me vestí, me regresé al puff y encendí un cigarro, moría de sed así que abrí una cerveza y me la zampé de golpe. Soto entró y me dio de la botella de whisky, la miró enredada en la sabana con la pierna y la nalga descubierta, la acaricio con un dedo y se puso a lado mío idiotizado y voraz.
Saque un condón y se lo aventé, me acomodé en el puff y le di un trago a la botella, sentía mis sentidos impasibles y viscerales.
Él la volteó y ella se extendió en toda la cama en calidad de bulto, él la admiraba y metió un dedo en ella, yo me excitaba con la escena. Se quitó la camisa, y el pantalón junto con los bóxers, le extendí la botella y le dio un largo trago, el estaba erecto, se puso el condón y la tomo por las piernas abriéndola, yo saque un cigarro y justo cuando el la penetraba mi vista se concentró en el fuego encendiendo el tabaco como primer plano y en segundo el tomándola.
Saque el humo lentamente mientras el aplicaba fuerza, su espalda y nalgas delgadas se marcaban por el esfuerzo, él se aferraba a sus piernas para que no se desvanecieran, pensaba en el dolor y placer que sentía al entrar y salir de un sexo apretado como aquel, fumé mas, veía como su cuerpo indefenso no se percataba de lo que sucedía, él la volteaba de posición y yo veía su piel delicada obedecer, su vientre plano, sus piernas que hace poco habían estado entre las mías, el hecho de que ella estuviera profundamente dormida me volvía loca. Él logró satisfacerse y a mi la escena me hizo lo mismo. Le extendí la botella y le dio un gran trago, se quito el condón, lo tiro y se vistió, se aventó a un lado mío y le di de mi tabaco.
-No mames que rico, no quiero dejar de hacerlo-. Me dijo.
-Mientras siga sin darse cuenta, no dejaremos de hacerlo-. Le respondí.

 

AIRY MINOR

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Recuperando amantes. 

–¿De qué hablas?. Le pregunté. Me miró de reojo y entendí porque la quería tanto.

–Vine a saludar.

–Muy bien señorita, me acompañas a casa o prefieres solo saludar?.

Le sonreí porque sabía cómo provocarme, deleitar mi imaginación sin ser vulgar.

Caminamos hacia su casa. Llevaba un par de meses viviendo en esa parte de la ciudad y aún no conocía su departamento. No le reclamé que no me haya invitado antes. Los reclamos no formaban parte de lo nuestro.

– ¿Cómo vas?

Alcé y baje los hombros mientras hacía una expresión como –meeeh– ella sonrió.

– Todo marcha bien, solo necesito un poco de espacio.

Llegamos al edificio y entramos al elevador. Pude mirar sus hombros desnudos y blancos que tanto me fascinaban. Y su cabello corto y negro con tintes de colores que ahora proyectaba.

Después rompió el silencio diciendo.

– Conocí a una chica.

–¿En serio?. Sonreí mientras esperaba que me contase más. Me encantaba escuchar sus historias de amores perdidos, aunque era la primera vez que me hablaba de otra mujer. Sentí un pequeño escozor que quizá fue una punzada de celos.

Ella lo notó. Abrió la puerta de su departamento y vi que tenía un hermoso balcón. Era de noche y el frío calaba un poco pero nada intolerable. Entonces ella se acercó a mí y me ofreció un cigarro. Lo encendí y encendí el de ella. Nos sentamos en una banca que nos permitía ver las luces de la ciudad y un espacio amplio. Mientras observaba la delicadeza del humo salir por su boca en la noche fría y con la tenue luz del departamento que había encendido, ella comenzó a decirme.

–La conocí en una fiesta, es guapa, creo que me ama–. Le ponía atención pero no pude evitar comenzar a besar sus brazos y hombros. Ella siguió hablando, –una noche salimos con unos amigos y en medio de la fiesta me besó–, entonces yo comencé a subir por su cuello mientras la alentaba a que siguiera contándome.

–Me besó y la pasamos bien esa noche, jugueteaba con sus manos sobre mi espalda–. Entonces yo comencé a acariciar su espalda debajo de su blusa, ella sonrió.

–¿Así? Le pregunté.

Ella dejó que la tocara y entonces siguió hablando, luego me dejó besarla suavemente, entonces abrió los botones de mi blusa y comenzó a besar mi abdomen, mis pechos, la suavidad de sus manos se perdían en mi. Entonces volvió a hablar. –Entonces me quitó la blusa y ella se desnudó, aunque su cuerpo no era tan perfecto como el tuyo–.

Yo sonreí, mientras dejaba que me abriera el brassiere sin quitarme la blusa. Ninguna pensó en qué estábamos fuera. Me paré y ella desabrocho mi pantalón y beso mis oblicuos con devoción, bajó los pantalones y tanga, e hizo que subiera una de mis piernas en la banca mientras me llenaba de besos y hundía su lengua en mi vagina. Sus manos se aferraban a mi cintura y a mis nalgas, y yo no podía contener los gritos ahogados de placer que me provocaba.

Yo la miré y le dije: – ¿esto también se lo hiciste? Voy a ponerme celosa.

Ella me miró perversa y sonrío. – ¿Celosa tú?– sonrío y puso mayor énfasis en los movimientos suaves de su boca que me llevaron al orgasmo inmediatamente.

Después entró al departamento. Se desvistió mientras dejaba el rastro de su ropa hacia la habitación y yo la seguía haciendo lo mismo.

Se recostó despacio sin quitarme la mirada de encima y me abrió las piernas mostrándome su sexo húmedo esperándome.

Quería sentir su humedad y besarla así que me recosté sobre ella mientras mis dedos entraban en su sexo y nuestras bocas se entrelazaban, nuestra pasión no se terminaba. –Ella también te hizo esto– le dije mientras mis dedos encontraban el fondo de su vagina presionando y dando círculos.

Llegó al orgasmo, llegué poco después con ella, cambios de posición y besos arrojados en toda la piel se deslizaban en la cama. Las sábanas estaban húmedas, nuestros cuerpos sudorosos y extasiados.

Caímos rendidas una en brazos de la otra.

Desperté ya entrada la madrugada. La vi dormida envuelta en las sabanas. La besé suavemente en la espalda. Después de años seguía encendiendo mi pasión, era la única amante que aún conservaba. Me paré y fui al balcón. Encendí un cigarro y escuche que se había levantado.

– Creí que te habías marchado.

– ¿Cuándo te haría yo algo así? Quiero conocerla, le dije.

Sonrío y dijo – No, aún no se merece conocerte– sonreí y supe que esa aventura no duraría. Podía ser mi amante pero había ciertas cosas que nunca cambiarían.

Seguí fumando y ella llegó a abrazarme por la espalda, –te extrañe– dijo casi en un susurro, y sentí como sus manos bajaban lentamente solo para reanudar nuestra pasión renovada. Fue como si quisiera desquitar todos los meses que le había hecho falta.

 

AIRY MINOR

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