Rompecabezas.

Nos fuimos armando a besos, caricias escondidas detrás del sabor del café, brillo labial en el cuello, en las mejillas, entre pláticas íntimas.

Desatamos un aroma entre el cabello suelto, en medio de tazas de café recién hecho, de litros y litros de alcohol, de risas, pasión, tristezas, te abrí mi corazón.

He corrido a ti para que me consueles, para que sanes mis heridas frecuentes de amores efímeros con tus besos, has venido a mí cada que quieres, contándome de tus amoríos, de tus momentos.

Nos hemos querido y deseado sin pretenderlo, armando piezas de un rompecabezas de nuestra historia. Conquisté tu sonrisa con pequeños detalles que me nacían, y lloré entre tus brazos aquel amor que tanto daño me hacía.

Me he perdido una y otra vez en la caída seductora de tu cabello que me besa, te has perdido en mis letras, en mi espalda y en mis piernas.

Me he abrazado a tu cuerpo sin querer soltarlo, lo he fotografiado, nos hemos contado tantas cosas que sería imposible recordarlas todas.

Eres pieza importante dentro del rompecabezas de mis memorias, que te figuran innombrale, anhelante, incondicional, siempre tan de ti que te compartes conmigo, y yo, siempre tan de otras aunque al final vuelva contigo.

Distintas historias, casi siempre con el mismo final.

 

AIRY MINOR

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Momento

Me deje la conciencia en tus labios
en ese sentido extraño
que tienes en las manos,
que me descubren,
que me envuelven, 
en tus labios que muerden.


No pude, ni quise evitarlo
me deje en tus manos, 
en el silencio que se apoderaba
de la noche. 
Frío afuera,
y tu cuerpo me quema.


Me deje el aroma en tus ropas
tú dejaste tus besos en mi piel
ya me hacía tanta falta
un poco el enloquecer.

A veces es bueno dejarse fluir
en los besos ajenos
de alguien que nos envuelve en redes
pasión, atracción, infinidad de secretos
que nos enredan en seducción.

Mañana todo pasará,
seguiremos siendo las mismas
al volvernos a mirar,
teniendo en mente
que la conciencia me la dejé
en ese momento, en que tus besos probé.

…………… Suele suceder.

Letras en ti.

Letras en ti

Déjame contarte los cuentos que me he inventado en tu espalda,

los trazos ensalivados que te dibujo en los labios.

Voy a contarte como mis ojos se pierden al mirarte desnuda,

si pudiera compartirte como te me presentas cada que estoy a solas. Te lo diría.

Pero no tengo palabras perfectas para deslizarme por tus caderas,

ni movimientos rítmicos con los que guiarte por el sendero de mis letras.

Bebo de ti, en ti, navego y me ahogo sintiéndote.

Escucho con atención cada una de tus palabras,

las guardo en lo más íntimo de mi ser, las escondo, me las apropio.

Miro tus labios besándome y no puedo creerlo,

¡Cómo algo puede ser y sentirse tan bello!

Me sorprendo, me invade la felicidad y luego el miedo.

-¿Y si duele?-  Preguntas. -¿Y si duele?- Pienso.

Sanará, te contesto. Aunque por dentro siento que muero.

No tengo palabras perfectas para describir lo que enciendes al estar junto a mí,

y esa sonrisa que no reprimes, ese silencio, ese gemir,

esos cambios en los que me dejas apropiarme de ti.

Tienes control sobre mí. Hoy me siento tan de ti.

Arde.

Quema, arrasa con mi paciencia, con mi voluntad, con mis ganas. Arde, duele, calcina, consume, desgarra, aplasta.

Este amor me hierve, me consume, me altera de sobre manera. ¡No es posible seguir amando así!

¡No es posible seguirte adorando después de tanto! ¡Después de ti uno no sobrevive tan fácilmente! ¡Felicidades, siempre quisiste ser la causa de la agonía de quien te hiere.

Todo mi arrebato, mi desconsuelo, mi tristeza se desborda, no existen palabras que pudieran expresar el dolor que me haces sentir, pero solo el amor que fue tan voraz podía sentirse así. Así se siente el dolor del amor inacabado, inconcluso, volátil, de ese amor encendido, desmesurado, incomprensible, inmenso. Solo así podría doler un amor tan profundo, tan apartado del mundo, tan volcánico.

Arde, todo el tiempo me arde como si te tuviera en frente y estuvieras de mí riéndote. Con esa peculiar sonrisa sarcástica y devoradora, pero con esa tristeza en la mirada que solo reconoce quien te ama.

Pero solo así podía doler, un amor que ya no es, un amor que arde, que consume, un amor que no es ni mío, ni tuyo, ni nuestro.

 

AIRY MINOR

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Perfume 

Le regalo el perfume que usaba cada que la veía.Ella lo guardó a un lado de su cama. Pasaba el tiempo, a veces se podían encontrar, a veces no. Cuando llegaba una mujer a su habitación al desnudarle y comenzar a tocarle sacaba el perfume, le ponía unas gotas en el pecho y la espalda, un poco en el cuello. Con el aroma inundando el lugar y la piel ajena cerraba los ojos y comenzaba a besarla. Y entonces ya no era una piel ajena. Cerraba los ojos y su pensamiento se iba en la mujer que amaba, en la dueña de ese perfume, y se entregaba con pasión a la mujer en turno, y le hacia el amor como a nadie en el mundo.

Al terminar ellas se vestían, se iban con una sonrisa, y ella sentía a su mujer cerca, revisaba los mensajes de amor y le correspondía, la amaba, la sentía. Y entonces, solo así podía aguantar la espera de volver a verla, solo así era soportable la distancia todo gracias a una fragancia.

Despedida inexplicable 

Entró sin tocar a la habitación. La vio acostada, abrazando su almohada, la ternura le invadía el cuerpo. Tenía ganas de abrazarla, de cobijarla, de protegerla de alguna forma. Pero no se acercó más que a la cama. La miró y entonces ella volteó a verla.

-¿Llevas mucho tiempo ahí parada?

Movió la cabeza negando.

– Ven- y le extendió sus dedos delgados y frágiles.

Ella se acercó y se recostó a su lado, la abrazó tiernamente por la espalda mientras escuchaba su respiración resignada.

– ¿Entonces es verdad, así se acaba?

La abrazo aún más fuerte y pegó su nariz a su cabello, deseaba que su olor se quedará para siempre, que ese momento fuera eterno, entonces ella se volteó y quedaron tan cerca que al hablar sus labios rozaban.

– ¿quién soy yo para detenerte?, ni siquiera puedo pedirte que te quedes- y una lágrima rodaba por su mejilla.

-Antes de irte hazme el amor, hazme el amor y déjame dormida, no quiero ver cómo sales de esta habitación y de mi vida para siempre-.

Entonces la besó obediente y comenzó a acariciar su cuerpo, puso total atención a cada lunar, a cada caricia, cada beso dejaba una huella placentera y dolorosa. La besó y cerró los ojos muy fuerte porque le dolía dejarla. Bajó por su abdomen y besó con total pasión y devoción hasta bajar a su clitoris. Entonces su lengua le hizo sentir que jamás la dejaría. Al terminar con su pasión se besaron y se aferraron una a la otra, la abrazó hasta que fue cayendo poco a poco en un sueño profundo, y entonces le dijo.

– Perdóname amor por tener que dejarte, pero nunca olvides que soy tuya, siempre volveré a ti, por lo pronto recuérdame y se feliz-

La beso suavemente en los labios ya dormida, y se deslizó suavemente hasta salir de la cama. Se vistió y cerró la puerta, tomó su maleta y se marchó.

Cuento reencuentro

Habían pasado cerca de tres años, tres años en los que simplemente no supo nada de ella.
Aún recordaba la última vez que la vio, fue como siempre, risas, plática, caricias, besos. Aquella vez como todas las demás, pensó que era una pelea simple, que se volverían a encontentar, que nada cambiaría.

La dejo en su casa, al bajar del carro ella la miro, sonrió y le dio un beso que no le avisaba el final. Le dijo que la amaba, y que le escribiera, pero ella no respondió, solo dijo adiós y se bajo del carro.

Al arrancarse había tranquilidad en su corazón, nunca pensó que ese adiós fuera cierto, pero pronto lo descubrió. Cambio su número de telefono, nunca más la encontró, ni en su casa, ni con sus amigos, ni en los bares que frecuentaba. Les escribio reclamando, le escribio suplicando, le escribió anhelando, le escribió muchas veces con odio, muchas con amor, casi siempre con tristeza.

Después de tres años sin saber de ella, un día la vio sentada en un café, su corazón se acelero y mil sentimientos se confundieron en su interior. Quiso acercarse y abofetearla, quiso salir corriendo de ahí, quiso volver a sentirla, pero no hizo nada. Su cuerpo no reaccionaba, se quedó estática.

Entonces ella sintió la mirada acalambrada, sonrio y cerró su libro. Lo dejo sobre la mesa y se paro en dirección a ella, cada paso que ella daba era un golpe frío en todo su cuerpo, era como si el tiempo pesará a cada centímetro menos. Al llegar de frente, la saludo como siempre, le dio un beso al que no pudo reaccionar de ninguna forma. Solo la miraba, entonces ella acaricio su mano y dijo unas palabras que no pudo escuchar, ni entender.

Cuando sintió su caricia reaccionó como si se asustará del roce de un desconocido, ella se rió, entonces logró escucharla claramente. Todo el mundo a su alrededor volvía a la normalidad, y los pensamientos se volvían a acomodar.

Cuando menos se dio cuenta ya estaba del otro lado de la calle sentada en la misma mesa que la vio, le había pedido un té y había vuelto a abrir su libro como si esperara a que reaccionara. Entonces intentando artícular palabra sin darse cuenta grito mientras se paraba- ¡Tres putos años! –
Ella con toda la tranquilidad del mundo la miro, con tomo descaradamente un sorbo a su café y sonrió.
Entonces sintió como las piernas le temblaban y se volvió a sentar. Un mar de lágrimas caían sobre la mesa y el té que acababa de llegar.
Ella extendió una mano y la acaricio. Entonces…

Le besó la mano y se paró para acercarse a ella, la abrazo y le susurro al oído que lo sentía, pero que era necesario hacerlo, de otra forma nunca valoraría realmente lo que tenían.

Entonces sintió como se tranquilizaba con su abrazo, pero el reproche y el odio de todo el dolor que había sentido aún existía, pero ahora sabía que no podía volver a dejarla ir, sentía la necesidad de aferrarse a su cuerpo y no separarse jamás, y sin decir una palabra más se besaron tiernamente como la firma de una reconciliación e intimidad esperada. Se besaron y el tiempo volvió a correr normalmente, se sentaron una muy junto a la otra y platicaron durante horas. Al final, tres años cabían perfectamente en una charla larga por la tarde.