¿Me extrañas?

– ¿Me extrañas?- Me preguntó, y su profunda mirada se volvía insegura, sus labios temblaban, había un nudo en su garganta.

La miré, tomé su mano, acaricié su tatuaje, sus anillos, sonreí y le respondí.

Ella suspiro apretando los labios y desviando la mirada como siempre hacía cuando no quería demostrar sus sentimientos, el momento en que su fiera a la deriva quería salir, sin embargo lo reprimió. Ambas habíamos cambiado.

– Yo te pienso, y te extraño- miró mi mano acariciándola, cerró los ojos, se fue muy lejos de mí en esos dos segundos, su pensamiento volaba y yo ya no sabía descifrarla.

– No deberíamos de estar hablando de esto, no deberíamos ni vernos- le dije, aferrando las palabras a mi garganta, deshaciendo nudos dentro de mí, ella sonriente cambio de semblante, burlona como siempre preguntó con inquietud -¿Por qué? ¿te pongo de nervios?

Seguimos hablando largo, tendido, como dos viejas amigas que se reencuentran en algún café, con bromas íntimas, con caricias tiernas que denotaban amor, con un hilo extraño que nunca desapareció. A pesar de los años.

Me contó de su vida, de sus locuras, de cómo me olvidó. Le conté de mis días, de cuanto me dolió.

Al terminar, miró el reloj, se apresuró, como siempre. Pagué la cuenta, llovía afuera, encendí un cigarro y se lo di, hacia frío, saqué la sombrilla, la miré partir.

 

AIRY MINOR

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Carta sorpresa.

— Es que yo no te amo –

Decía en voz alta, mientras seguía leyendo la carta. – Es que yo no te amo – y sus ojos bajaban rápidamente devorando cada palabra, cada oración, cada coma y acento que omitió.

Sintió mucho amor, sintió enojo, devoción, deseaba con toda su alma que al menos una de esas oraciones la hubiera escrito aquella, esa la que devoraba sus pensamientos, la que enloquecía entre sus brazos, por la cual se sentía fatal. Pero no, la carta la había enviado otra, su ex, esa que llevaba años sin aparecer, y ahora se atrevía a sorprenderla con una carta donde exponía sus sentimientos, donde no hacía otra cosa más que amarla, amarla indeterminadamente, infinitamente, así como la amó cuando estaba a su lado, cuando aún se tenían.

Pero, pero el sentimiento había cambiado, – Es que yo no te amo- ¿Qué más podía decir? – Gracias, pero no gracias, tengo novia (bueno hasta hace unas horas la tenía), amo a alguien más, nuestra historia terminó, lo siento tanto – Todo eso pasaba por su cabeza y al final no supo qué decir, solo escribió un tuit. “Gracias por tanto amor”.

Leyó la carta como 3 veces, después se fue a casa, pensando. Pero sus pensamientos estaban en esa otra, en aquella, en la que deseaba regresará, en la que anhelaba sentir. Quiso contarle de la carta, a ella siempre le contaba todo, pero llevaban un par de días sin decir una palabra.

¿Y si en verdad ahora termino? Se preguntaba. Llegó a casa, guardo la carta. “Esto también pasará” Pensó. Después de tantos años nunca imaginó que esa ex regresaría, pensó en aquella noche que cenaron juntas, que hablaron largas horas y pensó en lo cruel que debió haber sido cuando ella le hablaba de aquella, de su nuevo amor,de esas palabras que podía recordar perfecto: “Ahora te entiendo, te entiendo tan bien, porque todo eso que tu querías conmigo cuando estábamos juntas es parte de lo que yo quiero con ella y no sé si algún día lo vaya a tener, pero lucharé porque así sea porque la amo”. Pero en ese momento no sabía que aún sentía cosas por ella.

Pero – es que yo no te amo, pero gracias. Gracias por cada detalle, por cada sorpresa, eso siempre fue indiscutible, aún ahora nadie me da detalles como tú. No, no me arrepiento por haber cerrado esa historia, fue un capitulo de mi vida muy importante, forjó mucho de lo que ahora soy. Y a pesar de que siempre serás única e irrepetible, lo cierto es que seguí adelante. Y me enamoré, muchas veces para ser sincera, pero ahora existe alguien, alguien que me devora y me inspira-.

Todo eso escribió, pero no lo envío. Lo mejor que pudo hacer fue mantener su distancia y no entablar una conversación que se pudiera mal interpretar. Un par de días después aquella regreso a sus brazos, y quiso contarle de aquella carta, pero lo omitió. Lo único que quería era recuperar el tiempo perdido entre sus brazos. Porque algo era cierto, ella era ahora lo único que la movía. Y esa carta solo era parte de un pasado muy hermoso que vivió en alguna otra vida.

AIRY MINOR

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De vez en vez 


Sonó el teléfono.
¿No vas a Contestar? La mire y baje la vista. Dejé que sonará.

Con esta eran diecisiete veces que llamaba. Su regreso golpeó en el pecho el torrente de recuerdos que había guardado en el fondo para que no lastimaran. Más fácil hubiera sido si me hubiese desecho de todo rastro de su paso.

Salí a caminar recordando aquel tórrido romance. Cada tres años regresaba. Siempre volvía a ella. Pero esta vez no. Esta vez no quería sentirme de ella. Esta vez no quería verla.

Una parte de mi esperaba con ansias su regreso, pero al recibir la primera llamada mi corazón se detuvo en una respiración entrecortada que dolía.

Camine sin rumbo fijo, y al darme cuenta estaba frente a su casa. Entonces me dije que tenía que enfrentarla. Toqué, como siempre aventando dos piedritas a la ventana derecha. Entonces ella se asomó. Me esperaba. Abrió la puerta envuelta en una gabardina. Me tomó de la mano y me metió a su casa. Todo había cambiado, no había un solo recuerdo intacto. Entonces se acercó a mi rostro, acaricio mis labios con sus dedos y mi respiración se cortaba. Me quede sin habla. Comenzó a desabrocharse la gabardina y no llevaba nada debajo, yo la miraba hipnotizada, como si jamás la hubiera visto desnuda.

Sonó mi celular, reaccione al sentir que vibraba y lo miré. Era mi novia.

Guarde el celular y la volví a mirar. La tome por la cintura y la arroje al sofá. Ella me miraba con esa pasión encendida y yo moría quemándome.

Tragué saliva y me fui. No me detuvo.

Al llegar con mi novia la mire tan tierna e inofensiva, tan callada y tranquila. La besé y comencé a desfogar mi furia en su piel. Mis besos se perdían en su cuello, mis dedos dentro de ella la hacían retorcerse, gemir, gritar. La ropa se nos fue en segundos y su piel me calmaba las ganas.

Le hice el amor como nunca, con enojo, con más furia que amor. Y ella lo disfruto. Pero al final algo me faltaba. Me di una ducha y no me quede como siempre, a su lado recostada.

Salí a caminar sin rumbo fijo hasta que anocheció. Me senté en una banca y ella me encontró. Aún llevaba la gabardina, estiró la mano y la tome, seguí su paso callado hasta llegar a un hotel. Entramos, ella me desvistió, su atención al detalle me hacía adorarle, yo solo tuve que abrirle la gabardina. Ella me montó y comenzó a besarme. Bastó con volver a probar sus labios para que una llama incesante comenzará a destrozarme. Mis manos debajo de la gabardina tocaban su piel desnuda, se aferraban a sus nalgas, a su espalda. Ella se movía frenética y yo admiraba esa semi desnudez de frente. La gabardina caía de un lado a otro abierta, mostrando solo lo necesario de ella.

Mordí sus labios y ella me enterró las uñas en la espalda, mi boca bajó desesperada a sus mares, mi pasión y rabia se sumergían en sus líquidos mientras mi amor se desbordaba con ella en sudor y gritos.

El tiempo se hizo invencible y ella quedó entre mis brazos.

-Esta vez voy a quedarme – dijo.

La miré y la besé suavemente en los labios. – Quédate, pero no conmigo, hay alguien que me espera en casa-

Me paré y comencé a vestirme, ella me sonrió con tristeza. – Te veo dentro de tres años- Dijo.

Sonreí, le di un beso y regrese a casa con quien me soñaba.