A la que quiero.

Te quiero a partir del ritmo inapropiado de la palabra, de ese encuentro con el otro y sin embargo que soy yo misma mirándote de una forma distinta.

Irónico pensar que antes eras mi locura, mi llanto, mi melancolía, mi deseo inactivo que ahora sucede con cada ser que me indulta de mi teoría.

Te quiero mágica, compartida, tan de ti misma, con esa felicidad anclada a la sonrisa, con esa ironía, ese desapego, esa felicidad inaudita, inverosímil, tan libre que ni yo misma podría alcanzarte con mis alas, pero sí con mis besos.

Mis caricias no son anclas, no son cadenas, son tan solo mapas que van trazándose por tu cuerpo, distancias que se acortan con miradas, momentos que se nombran, que se pronuncian ensalivados y encadenados a lo sublime, a lo ideal, a lo incorrecto.

Toda mi moralidad te alcanza en un desierto desasosiego, toda mi certeza está varada en el instante en que en ti pienso, en el momento en que mi benévola pertenencia me libera de su ceguedad y por lo tanto de la poca o nula actividad de posesión que a mi alma limita.

 

Te quiero porque efímera y candente te me presentas, te me prestas, entregándote coherente ante mi lírica y ritmo, y bastan un par de palabras para hilar a lo íntimo.

Te quiero porque no dices no, pero tampoco accedes fácilmente, porque estiras y aflojas en un juego de seducción que me adhiere, y al mismo tiempo me puedo marchar cada que quiero, buscando en otras esas caricias que en ti ya he devorado, entregándome ciegamente, dejando que el enamoramiento me fulmine y me ataque con ese deseo voraz que me calcina por dentro, ese deseo que a través del tiempo va dejándose como huella permanente de un garabato con la firma de alguien más.

 

Me he detenido a mirarte, a posar en ti la mirada como si no me hicieras falta, como si te conociese desde hace mil años y solo fuera tu cuerpo partículas de mi ser, y antes de ti, pertenecientes a mi sentido de nacer.

 

Te quiero porque aun distante te encuentras en lo más recóndito de mi pensamiento, hilvanando recuerdos que parecieran que fueron hace un par de momentos, te quiero porque contigo no pasa tiempo, no pasa el aire frío en nuestras conversaciones, y no importa si te veo hoy o dentro de dos estaciones, podemos encontrar ese punto donde las palabras se unen en una energía marítima interesante, intensa e incesante.

 

Te quiero, porque hoy, mañana, dentro de mil años tal vez podamos encontrarnos, y ambas, aún sin nombrarnos, nos reconoceremos.

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¿Infiel?

Si me fueses infiel

no me lo digas.

Que no tengo la necesidad

de saberte de alguién más.

 

Porque no tengo la necesidad

de que la curiosidad

carcoma mi ser,

preguntandomé el por qué

tu me fuiste infiel.

 

Si tienes un amante.

No me lo digas,

por qué entonces me cuestionaré

¿cómo encontro el punto

en tu placer, y cómo encontró la manera

de llegar a provocar algo en ti, de sacarme a mí?.

 

¿Sinceridad?. ¡Pero si estoy siendo sincera!

Con mis sentimientos y pensamientos

sé que mi reputación de mil amantes

cuestiona mi voluntad

pero te aseguro que aunque lo haga

eso tú lo sabrás…

 

Pero si tú me sos infiel

no me lo digas…

porque algo en mi se rompería

y estoy siendo vulnerable

al confesarte esta ironía.

 

Pues prefiero que me termines

y no me tengas como tu opción

cuando tengas mil amantes

o te roben la razón…

 

Prefiero que al final me digas

cuidate, y ádios

y no que me digas que

sólo fuí tu distracción…

quiero seguir con la imagen

en mi mente y corazón.

De que tu fuiste y sos la princesa

que me robo la razón.

 

AIRY MINOR

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