Mañana me voy a morir [Parte 1]

El tiempo se me esta acabando

Porque mañana me voy a morir

No tengo tiempo de terminar este libro

Entonces tengo que aprovechar sus pequeñas páginas

No he encontrado paz con mi muerte

Y me duele la cabeza,

Esta llena de confusión y dolor

Esta llena de gris, de humo

Pero ahora debo de concentrarme,

Por que mañana me voy a morir.

Mañana me voy a morir

Y ni siquiera he crecido lo suficiente

Entonces ahora necesito ver mis manos y mi piel

No tengo tiempo de combinar zapatos

Ni de agradecer a mis socios

No puedo ni escuchar los quejidos de mis hermanos

Ni sonreír a mis amigos.

Se me acaba el tiempo y no puedo fumar ni un solo cigarrillo

Porque uno lleva a otro y el tiempo consumido no lo repongo con cenizas

Ya tengo una relación estable, que me da amor

Pero mañana me voy a morir y ahora debo de decirle que la amo

Mañana me muero y no he escogido mi banco favorito

Ni he bajado el último disco que me ha perdido en el tiempo

Entonces ahora debo de escuchar las piezas que lleguen

Y disfrutar las que no llegaran

No me he casado, no me he endeudado

No he sentido pérdida alguna, ni me he drogado hasta el cansancio

No he perdido todo al azar y a la bebida

No he golpeado a mis amistades ni me han vomitado en la puerta

Por eso solo los recuerdo con gracia

No puedo perder el tiempo por que mañana me voy a morir

Y entre todo lo que espero no está lo que deseo

Mañana se acaba el tiempo

Es definitivo

Me muero

Pero entonces, ¿que estoy haciendo?

Estoy perdiendo el tiempo. Ya no lo tengo

Mañana se lo devuelvo a quien siempre lo tenia.

Ya no quiero ser el dueño de mi tiempo.

Ya quiero que se lo lleven.

Mañana ya no soy yo el que esta con ustedes por que mañana me muero.

Entonces hoy dejo a un lado la moralidad y a la sociedad.

Dejo mis costumbres y mis máscaras a un lado.
Dejo lo que puedes llamar responsabilidad o trabajo a la deriva.

Me quito mi ropa y mi sentido común.

Persigo solo lo que deseo. Lo que me va a dar enfoque.

Quiero perseguir el enfoque.

Por que mañana me voy a morir.

Autor: Diego Garfias

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Las dudas de ayer.

Yo que de ti soy, que a ti pertenezco, que de mil formas te cometo.
¿Cómo me dejas hacernos esto? ¿Cómo dejas que te abandone cuando sos lo que más necesito?
¿Cuántas palabras más dejarás que diga, que nos lastimen, que nos impriman de esa fríaldad que nos abraza sin sentido?
¿Por que toleras esto? ¿Por que no simplemente me botas y te vas? Es que acaso no te das cuenta de lo díficil que soy, de lo insoportable que me vuelvo cuando no te tengo, que sos vos mía, que sin ti no quiero aunque pudiera…

Leyó esa nota una y otra vez sin terminar de comprender, no sabía si sentir tristeza, odio, enojo, decepción, rencor, o quizá sintierá todas esas cosas juntas, entremezcladas con un poco de alcohol.
No sabía si era una despedida o si al llegar la noche ella vendría, leyo la nota una y otra vez, y añoro con ilusión desesperada que los días en que se amaban volvierán, aquella, su cómplice, su insospechada locura. Pero por más que intentará a veces ya no sabía ni siquiera si lo intentaba.
Suspiro, quiso aferrarse a lo último, a lo poco, a eso que le quedaba y le quemaba por dentro, suspiro nuevamente y miró hacia el frente, había tomado una decisión. Pero decidió mirarse al espejo y sonreirse para sí misma, se gustaba, se antojaba, y no podía comprender en qué momento dejó de gustarle a ella tanto, ¿en qué momento había dejado de añorarla, de desearla, de antojarse, por qué ya no la miraba como antes? ¿Cómo era posible que ella no se deshiciera en deseo al verla tan suculenta? ¿En qué momento comenzó ella a sentir que la perdía.
Todas las preguntas y las dudas rondaban su cabeza, todas y volvía la vista a la nota, sus letras eran lo que más había amado y ahora ya no sabía exactamente si quería seguirla leyendo.

Quiso escribirle, pero no lo merecía, dejaría que la extrañará, que recapacitará, quizá cambiaría. Pero, ¿cambiaría? la duda seguía irrepetiblemente que se volvía cansado. ¿Y si mejor cerraba los ojos y al abrirlos todo fuera como antes? La llamaría y ella vendría corriendo sin preguntar, sin exigir, sin esperar nada a cambio, simplemente estaría ahí a su lado disfrutando de ese instante irrepetible, inalcanzable, la belleza de lo fugaz. Y entonces tendría esos detalles que la hacían suspirar tontamente, sonreír, anhelar, esperar el siguiente impaciente. Porque tenía la certeza de que habría más, y siempre serían insospechados, inigualables, hacía tanto tiempo que ya no sentía esa emoción. ¿Qué había pasado? ¿Acaso dejó de inspirarla, acaso se volvió más exigente, la descuido, se descuido, se volvió monótono, dejaría de gustarle? ¿Acaso fue todo una mentira para poder meterse a su cama, un plan bien elaborado y la que ahora era, era la verdadera?
Se fue a la cama dejando la nota sobre la mesa, ya llegaría, ya se iría, ya no sabía ni que pensar, ni qué haría, ya no sabía leerla y eso era lo más desesperante. En cada intento por acercarse se alejaban más, cada vez más. Se recostó mirando hacía la ventana que estaba cerrada, la miró como si acaso del otro lado hubiera un paisaje templado y exquisito, como si eso la calmara. Quiso dormir un poco pero solo estaba ahí, recostada con su hermoso cabello enredado acariciándole los hombros, con esos ojos medianos que se volvían pequeños cuando le acomodaba la tristeza, y la luz de la ventana que poco alumbraba la noche dibujaba las líneas perfectas de su cintura y piernas, de esos diminutos pies que descansaban descalzos sobre la cama. Y suspiraba, y miraba, y esperaba.
Entonces sonó el celular, era ella, no pudo evitar el salto en su corazón que cada vez era menor, pero aún así, inevitable. Abrió el mensaje, era un cuento que decía: Yo que de ti soy, que a ti pertenezco, que de mil formas te cometo…

Despedida inexplicable 

Entró sin tocar a la habitación. La vio acostada, abrazando su almohada, la ternura le invadía el cuerpo. Tenía ganas de abrazarla, de cobijarla, de protegerla de alguna forma. Pero no se acercó más que a la cama. La miró y entonces ella volteó a verla.

-¿Llevas mucho tiempo ahí parada?

Movió la cabeza negando.

– Ven- y le extendió sus dedos delgados y frágiles.

Ella se acercó y se recostó a su lado, la abrazó tiernamente por la espalda mientras escuchaba su respiración resignada.

– ¿Entonces es verdad, así se acaba?

La abrazo aún más fuerte y pegó su nariz a su cabello, deseaba que su olor se quedará para siempre, que ese momento fuera eterno, entonces ella se volteó y quedaron tan cerca que al hablar sus labios rozaban.

– ¿quién soy yo para detenerte?, ni siquiera puedo pedirte que te quedes- y una lágrima rodaba por su mejilla.

-Antes de irte hazme el amor, hazme el amor y déjame dormida, no quiero ver cómo sales de esta habitación y de mi vida para siempre-.

Entonces la besó obediente y comenzó a acariciar su cuerpo, puso total atención a cada lunar, a cada caricia, cada beso dejaba una huella placentera y dolorosa. La besó y cerró los ojos muy fuerte porque le dolía dejarla. Bajó por su abdomen y besó con total pasión y devoción hasta bajar a su clitoris. Entonces su lengua le hizo sentir que jamás la dejaría. Al terminar con su pasión se besaron y se aferraron una a la otra, la abrazó hasta que fue cayendo poco a poco en un sueño profundo, y entonces le dijo.

– Perdóname amor por tener que dejarte, pero nunca olvides que soy tuya, siempre volveré a ti, por lo pronto recuérdame y se feliz-

La beso suavemente en los labios ya dormida, y se deslizó suavemente hasta salir de la cama. Se vistió y cerró la puerta, tomó su maleta y se marchó.

Inevitable 

Siempre supe que se iría, pero en algún momento de nuestra alocada historia creí ciegamente que se quedaría.

Me miro soltando poco a poco su mano en la caída libre al abismo en el que me encuentro, la sueño todo el tiempo, como si de esa forma pudiéramos volver a encontrarnos.

Cierro los ojos y la escucho nombrarme, luego pienso en todo lo que ha dicho y sé que duerme con alguien. De veces, besos y trozos me voy reconstruyendo poco a poco, abrazo el silencio que me recuerda que no soy de ella y me pregunto qué hacer con todo lo que me queda.

Era inevitable, algún día su verdadero amor iba a despertar del letargo de no tenerla, y la reclamaría como suya. Siempre lo supe, solo que ahora este terco y apasionado corazón que la hizo su mundo se niega ha aceptar que ha llegado el final…

¿Dónde guardo todas las palabras que me restan por hacerle sentir, y los besos, y las caricias y la furia de los celos que fueron mi destierro?

Inevitable, uno se irá transformando en recuerdos en la vida de quien se ama, y yo que quería ser su casa. Hoy  voy recogiendo lo poco que me queda para abrazarlo como consuelo en las noches que no llega, las cuales por cierto, son todas. Algún día, este invierno se volverá primavera y será tu sonrisa dichosa de verte feliz con quién amas, la que  me hará saber que era inevitable este final, tu dicha será mi bienestar, y esta herida sanará.

Pero deja de nombrarme en este insomnio inevitable, deja de buscarme en sueños donde no podré tocarte, y no preguntes por mis ojos grandes y melancólicos, ni por la voz entrecortada aún diciendo que estaré bien si te marchas. No preguntes cómo, ni creas que porque te dejo ser feliz signifique que no seas el mundo para mí.

Y si acaso aún me lees, no me preguntes qué, cómo y porque te volviste adoración mía, no voy a repetirte palabras que no cambiarán la perspectiva final, ni cómo te llevas mi mundo ahora que te vas. Tampoco me digas lo que fui y soy para ti, aún no tolero esta transición  de ser un episodio más.

Pero ¿qué más podía esperar? Si era inevitable este final.

Deja de mentirme.

 

Hagamos un trato.

Ven siéntate a mi lado, déjame mirarte, observarte por un rato. Pide lo que quieras, yo pago. Solo déjame mirar una vez más tus ojos y esa sonrisa que alguna vez me perteneció. No digas nada, no aún, deja que el silencio se apodere un par de minutos entre nosotras, déjame mirar tu rostro, tus labios que para mi han sido tormenta, tu cabello enredado que tanto me ha causado nudos.

Bien, comencemos. Hagamos un trato, un último trato. No nos mintamos. No pasa nada, más vale un corazón roto de un solo tajo, que en pequeños pedacitos a lo largo del tiempo, paciente esperando algún consuelo. Mírame y con esos mismos ojos, labios, toda tu dime lo qué ha pasado. Venga, lo soportaré, no dejaré de amarte solo porque tu ya no lo sientas, no comenzaré a odiarte porque ya no me quieras.

Solo no me mientas. No alargues la esperanza, ni le des más vueltas, no me digas que me amas y luego no sepas lo que sientas. Tampoco vengas a decirme que merezco más que lo que me puedes dar, porque desde que me aventé al vacío contigo sabía que quería más que un solo momento efímero. Te quería a ti para siempre, pasará lo que pasará. No me mientas, porque me aferre a luchar contra todos mis demonios para mostrarme tal como soy frente a ti. Porque me he tragado mil veces las palabras, los gritos y las lágrimas para no lastimarte más de lo que he causado. Ven, siéntate, mírame y omite si alguna lagrima se me escapa, nunca es fácil decir adiós a quien se ama.

No voy a detenerte, me conoces bien, decides marcharte y no seré yo quien implore que no te largues. Es más, te ayudo a empacar, quisiera guardar en mi clóset cualquier cosa que pudiera recordarte, que tuviera tu aroma, como aquella vez que inundaste mi cama de tus mares. No puedo decirte nada más que seas feliz con quien ahora amas. Recuerdo bien, cuando yo era la que te ilusionaba. Es normal, cualquier nueva ilusión siempre encanta más que las anteriores.

Hazme un favor, cuando te marches no mires hacia atrás, déjame mirar como te vas, como desapareces entre la gente, mientras en mi pecho se enciende un fuego incomprensible de sentimientos.

Deja de mentirme al decirme que fui el amor de tu vida, uno no se rinde tan fácil cuando en el fondo sentimos que lo vale. Tampoco escribas o llames, ya es demasiado difícil entender y querer portarse a la altura. No quieras saber de mi, no habrá más que decir. No te busques en mis letras, porque seguramente te encontrarás en ellas. Y si algún día tienes, uno de esos momentos de debilidad, no caigas, no lo hagas. Pero si lo haces,  nunca me digas que me has extrañado, no confundas a mis emociones, ni a mis debilidades. Nunca te me vuelvas a presentar, porque inevitablemente lo volvería ha intentar.

Declárame un sueño, o una pesadilla como tu lo decidas, de esos, que al despertar, olvidas. Vive tu vida, que yo,  intentaré seguir con la mía.

Quédate.

Quédate con los recuerdos, con los besos, las caricias,

la pasión desinhibida, los trazos sobre tu espalda, las risas,

los momentos que lloramos, cuando nos abrazamos,

quédate con los días en que dijimos que nos amabamos.

Mejor aún, quédate con el espacio donde nunca estuviste,

con las noches que nunca me diste,

con los reproches, los reclamos, las falsas promesas,

quédate con “lo que nunca me gané”.

Mejor aún, quédate con mis letras y préndeles fuego, que ardan

que incineren lo poco que hoy tengo.

Quédate con los silencios, con lo poco que compartimos,

con el tiempo que no vivimos, quédate con lo que “fuimos”.

Ya me quedaré yo con el silencio, con las palabras hirientes,

con las groserías, con las cancelaciones, con la espera.

Con la puta espera.

Quédate con todo lo que no te dí, fue muy claro para ti.

Quédate con todo, ven tómalo te lo regalo, es más lo dejaré por ahí tumbado.

Por favor quédate con todo, porque tengo aún mucho, porque no sé si guardarlo,

tirarlo, quemarlo, quédate con todo que ya no lo quiero, ya no lo necesito,

ya no.

 

AIRY MINOR

Twitter: @miniptx

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Buen viaje.

Deje pasar el tiempo,

mientras compartía mi vida con alguien más

y nunca tuve la oportunidad

de agradecerte, lo feliz de aquella vez.

Tomo ese recuerdo de vez en cuando

como mi momento feliz.

Aquella botella, queso, uvas,

la música recorriéndonos los sueños,

mi cama sobre el suelo, tu fantástico cuerpo.

Nunca pude agradecerte lo dichosa que me hiciste,

ni los besos, ni los versos en tu espalda,

ni los trazos que a nadie más le he dibujado.

Te me fuiste aquella vez, como te vas ahora,

lejos, a un lugar donde no puedo alcanzarte.

Has sido la persona más libre que he conocido,

y la más leal. ¿Cómo se paga aunque sea un momento de tanta felicidad?

Nunca te escribí, más que aquel texto que sabías era para ti,

sin embargo hoy que me siento libre,

puedo ir corriendo a abrazarte y decirte que gracias,

buen viaje a donde quiera que vayas.

Gracias por tu sonrisa, por las breves caricias,

por compartirme un tanto de tu vida,

tus amigos, tus reuniones, por hacerme parte de algo que no pertenecía.

Eres mi recuerdo feliz, y ahora que te vas de nuevo, te lo puedo decir.

Gracias simplemente ¡por existir!.

 

AIRY MINOR

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