Cuento “Confesión”

el mayor_ centro historico

Me atrevo a decir que no sé como pasó.

No puedo ni siquiera mirarte sin sentir que la culpa me carcome el corazón. Te fui infiel, sí así es. Y no es la primera vez. Ya me había dejado antes en otros mares, en otras ansias, quemándome la sangre y las ganas. Pero al final siempre terminaba regresando obediente y fiel a tu regazo para cuidarte, amarte, adorarte, comprenderte y complacerte hasta que se me agotará la sangre.

Pero hace mucho que te alejaste de mí, y en mi afán por no perderte, me perdiste tú a mí.

Te fuiste alejando poco a poco, gota a gota me fuiste quitando un amor dependiente, y añorado. Con tus pocas ansias, ganas, seducción fuiste apartándome de tu cuerpo, de tus pensamientos, dejaste de responder a mis caricias, a mis palabras, a mis textos, a mi sexo.

Verte me duele, me duele porque deseo tenerte y sé que ya no es posible, y si lo fuera sería la última vez. No me quiero permitir el volverte a tener. No quiero caer.

Después de mi desilusión, del vacío que es no tenerte, me fui adaptando inciertamente, y sin pensarlo un día, sentí como el amor se me desprendía y caía de golpe al suelo. Entonces dejó de importarme si me querías, si me leías, mi acaso me contestarías o bien si a mi amor correspondías. Deje de pensar en qué harás en tus ratos libres, si acaso en ese tiempo de mi te acuerdas, o si es que tu pensamiento a mí vagamente llega.

Deje de pensar en ti, y entonces lo descubrí. Había vuelto a mí. A aquella fiera infiel, y la encontré por casualidad, y sin dudarlo ni pensarlo comencé a hablar, su mirada, sus respuestas, su piel me incendiaron por dentro, quise tenerla, la cubrí con caricias y su cuerpo me respondía, la besé sin temor y en sus besos me hundía.

Su pasión arrebatada me envolvía en seducción incontrolable, la seguridad, la confianza, el deseo me invadieron de nuevo. Entonces, me dijo te quiero. Y dentro de mi se quebró algo muy adentro, intenté pensar en ti y en la ultima vez que teniéndome me dijiste te quiero, no pude recordarla.

Entonces me abrace a su cuerpo y le di toda mi pasión, cerré los ojos y me fundí con su delirio. Cuando desperté se había ido. Me dejó una nota que decía que no me olvidaría y a un lado una taza de café negro humeante como el de antes.

Sonreí, no pude evitarlo y ahora estoy aquí, contándote lo que pasó. Porque no puedo, no quiero, ni siquiera verte a los ojos. Tengo miedo de volver a caer en tu cuerpo y nunca poderme salir, de este juego, que no quiero o de qu en mi afán de estar contigo, tenga que saciar tu vacío con otros cuerpos, porque si algo me queda claro, es que tu no eres mi destino.

 

AIRY MINOR

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Desconsuelo

Entonces te gustó mi amor desahuciado.

Yo amándote con toda el alma y tú disfrutándolo,

yo amante fiel de tu mirada, y tú egoísta cruel.

¿Cómo es posible que te llenaras de júbilo al saberme de ti?,

tú tan dueña de mi.

Y yo, enferma de insomnio, sin poder ni escribir,

tan solo soñando con el día en que fuese de ti.

Soñaba con el día en que te apiadarás de mi,

que me dieras un poco de lo mucho que construí.

Mientras gozabas de mi cansancio de ti,

del loco, perdido, exhausto amor, en el que me hundí.

Lo peor es que ahora me doy cuenta,

de que fui juguete, títere de tu fantasía,

cada que querías.

Lo peor es que sé que nunca me has querido,

y que de mi amor siempre has sabido,

no, eso no es lo peor, lo que hoy me devasta es saber

que jamás tu amor podré tener,

fiera, fuerte, burlona, infiel,

mi corazón, siempre has de tener.

Aunque nunca, nunca lo has de merecer.

 

Airy Minor

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