Perdería.

Lo supe sin dudarlo. Va dejarme, aun no sabe como, ni cuando, me esta preparando.

Seguí escuchándola y caminaba a su lado. Ella me miraba tranquila, me sonreía, me hacia feliz.

Pronunció su nombre el cual nunca antes me había causado conflicto alguno hasta ese día, y supe entonces por un toque en su voz que ella había regresado de lleno a su vida, y a pesar de quererme y amarme, no podía olvidar que a ella, la había amado antes, que siempre la amará, que yo soy una más…

Va ha dejarme, lo tiene ya decidido, lo ha pensado por las noches y aún no sabe cómo decirlo. Quizá aún no está del todo segura, pero vaya que lo ha pensado. Lo sé, la conozco, pronto será.

Mientras caminábamos de la mano, vio un aparador con muchos artilugios, miró uno en particular y se le perdió la mirada. Pensaba en ella.

Después me miró y sonrió, yo la miraba con melancolía, se miraba tan bella, y había sido mía, hoy aún era un poco mía, pero pronto ya lo no sería.

Pronto tendría que comenzar a aceptar que ella me dejaría, así que me dispuse a disfrutar los últimos momentos que la tendría, para que el día en que se decidiera, por ese amor que siempre ha adorado, yo pudiera soltarla sin ningún reclamo.

Al final, porque habría de interponerme entre la dicha de un amor que tan feliz me hizo ser, en esos casos es mejor hacerse a un lado, y aceptar lo que ya no se es.

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Deja de mentirme.

 

Hagamos un trato.

Ven siéntate a mi lado, déjame mirarte, observarte por un rato. Pide lo que quieras, yo pago. Solo déjame mirar una vez más tus ojos y esa sonrisa que alguna vez me perteneció. No digas nada, no aún, deja que el silencio se apodere un par de minutos entre nosotras, déjame mirar tu rostro, tus labios que para mi han sido tormenta, tu cabello enredado que tanto me ha causado nudos.

Bien, comencemos. Hagamos un trato, un último trato. No nos mintamos. No pasa nada, más vale un corazón roto de un solo tajo, que en pequeños pedacitos a lo largo del tiempo, paciente esperando algún consuelo. Mírame y con esos mismos ojos, labios, toda tu dime lo qué ha pasado. Venga, lo soportaré, no dejaré de amarte solo porque tu ya no lo sientas, no comenzaré a odiarte porque ya no me quieras.

Solo no me mientas. No alargues la esperanza, ni le des más vueltas, no me digas que me amas y luego no sepas lo que sientas. Tampoco vengas a decirme que merezco más que lo que me puedes dar, porque desde que me aventé al vacío contigo sabía que quería más que un solo momento efímero. Te quería a ti para siempre, pasará lo que pasará. No me mientas, porque me aferre a luchar contra todos mis demonios para mostrarme tal como soy frente a ti. Porque me he tragado mil veces las palabras, los gritos y las lágrimas para no lastimarte más de lo que he causado. Ven, siéntate, mírame y omite si alguna lagrima se me escapa, nunca es fácil decir adiós a quien se ama.

No voy a detenerte, me conoces bien, decides marcharte y no seré yo quien implore que no te largues. Es más, te ayudo a empacar, quisiera guardar en mi clóset cualquier cosa que pudiera recordarte, que tuviera tu aroma, como aquella vez que inundaste mi cama de tus mares. No puedo decirte nada más que seas feliz con quien ahora amas. Recuerdo bien, cuando yo era la que te ilusionaba. Es normal, cualquier nueva ilusión siempre encanta más que las anteriores.

Hazme un favor, cuando te marches no mires hacia atrás, déjame mirar como te vas, como desapareces entre la gente, mientras en mi pecho se enciende un fuego incomprensible de sentimientos.

Deja de mentirme al decirme que fui el amor de tu vida, uno no se rinde tan fácil cuando en el fondo sentimos que lo vale. Tampoco escribas o llames, ya es demasiado difícil entender y querer portarse a la altura. No quieras saber de mi, no habrá más que decir. No te busques en mis letras, porque seguramente te encontrarás en ellas. Y si algún día tienes, uno de esos momentos de debilidad, no caigas, no lo hagas. Pero si lo haces,  nunca me digas que me has extrañado, no confundas a mis emociones, ni a mis debilidades. Nunca te me vuelvas a presentar, porque inevitablemente lo volvería ha intentar.

Declárame un sueño, o una pesadilla como tu lo decidas, de esos, que al despertar, olvidas. Vive tu vida, que yo,  intentaré seguir con la mía.