Despedida inexplicable 

Entró sin tocar a la habitación. La vio acostada, abrazando su almohada, la ternura le invadía el cuerpo. Tenía ganas de abrazarla, de cobijarla, de protegerla de alguna forma. Pero no se acercó más que a la cama. La miró y entonces ella volteó a verla.

-¿Llevas mucho tiempo ahí parada?

Movió la cabeza negando.

– Ven- y le extendió sus dedos delgados y frágiles.

Ella se acercó y se recostó a su lado, la abrazó tiernamente por la espalda mientras escuchaba su respiración resignada.

– ¿Entonces es verdad, así se acaba?

La abrazo aún más fuerte y pegó su nariz a su cabello, deseaba que su olor se quedará para siempre, que ese momento fuera eterno, entonces ella se volteó y quedaron tan cerca que al hablar sus labios rozaban.

– ¿quién soy yo para detenerte?, ni siquiera puedo pedirte que te quedes- y una lágrima rodaba por su mejilla.

-Antes de irte hazme el amor, hazme el amor y déjame dormida, no quiero ver cómo sales de esta habitación y de mi vida para siempre-.

Entonces la besó obediente y comenzó a acariciar su cuerpo, puso total atención a cada lunar, a cada caricia, cada beso dejaba una huella placentera y dolorosa. La besó y cerró los ojos muy fuerte porque le dolía dejarla. Bajó por su abdomen y besó con total pasión y devoción hasta bajar a su clitoris. Entonces su lengua le hizo sentir que jamás la dejaría. Al terminar con su pasión se besaron y se aferraron una a la otra, la abrazó hasta que fue cayendo poco a poco en un sueño profundo, y entonces le dijo.

– Perdóname amor por tener que dejarte, pero nunca olvides que soy tuya, siempre volveré a ti, por lo pronto recuérdame y se feliz-

La beso suavemente en los labios ya dormida, y se deslizó suavemente hasta salir de la cama. Se vistió y cerró la puerta, tomó su maleta y se marchó.

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Inevitable 

Siempre supe que se iría, pero en algún momento de nuestra alocada historia creí ciegamente que se quedaría.

Me miro soltando poco a poco su mano en la caída libre al abismo en el que me encuentro, la sueño todo el tiempo, como si de esa forma pudiéramos volver a encontrarnos.

Cierro los ojos y la escucho nombrarme, luego pienso en todo lo que ha dicho y sé que duerme con alguien. De veces, besos y trozos me voy reconstruyendo poco a poco, abrazo el silencio que me recuerda que no soy de ella y me pregunto qué hacer con todo lo que me queda.

Era inevitable, algún día su verdadero amor iba a despertar del letargo de no tenerla, y la reclamaría como suya. Siempre lo supe, solo que ahora este terco y apasionado corazón que la hizo su mundo se niega ha aceptar que ha llegado el final…

¿Dónde guardo todas las palabras que me restan por hacerle sentir, y los besos, y las caricias y la furia de los celos que fueron mi destierro?

Inevitable, uno se irá transformando en recuerdos en la vida de quien se ama, y yo que quería ser su casa. Hoy  voy recogiendo lo poco que me queda para abrazarlo como consuelo en las noches que no llega, las cuales por cierto, son todas. Algún día, este invierno se volverá primavera y será tu sonrisa dichosa de verte feliz con quién amas, la que  me hará saber que era inevitable este final, tu dicha será mi bienestar, y esta herida sanará.

Pero deja de nombrarme en este insomnio inevitable, deja de buscarme en sueños donde no podré tocarte, y no preguntes por mis ojos grandes y melancólicos, ni por la voz entrecortada aún diciendo que estaré bien si te marchas. No preguntes cómo, ni creas que porque te dejo ser feliz signifique que no seas el mundo para mí.

Y si acaso aún me lees, no me preguntes qué, cómo y porque te volviste adoración mía, no voy a repetirte palabras que no cambiarán la perspectiva final, ni cómo te llevas mi mundo ahora que te vas. Tampoco me digas lo que fui y soy para ti, aún no tolero esta transición  de ser un episodio más.

Pero ¿qué más podía esperar? Si era inevitable este final.