Lo hice por amor

No te equivoques, todo lo que hice fue por amor. 

Fue lo último que la escuchó decir, mientras miraba como se alejaba para siempre se su vida. Cero la puerta de golpe y el ruido resonó en su interior como si un rayo caerá partiendo en dos el árbol más fuerte de un bosque. 

Se limpió las lágrimas, quedo pensativa con aquellas palabras, Mariana se había ido dejando un espacio que jamás nadie podría llenar y desde aquel momento ya lo sabía. 

Recogió todas y cada una de las fotos que con ella tenía, las guardó en una caja con cinta adhesiva, guardó su ropa, sus perfumes, sus libros, no dejó un solo rastro de ella en su vida, como si de esa forma pudiera también sacarla de su alma. 

Mandó todas sus cosas a casa de su cuñado, Mariana no le dijo donde se iría, sin embargo nunca cambio la chapa por si acaso ella volviera. Siguió con su vida, salió con sus amigas, se volvió a enamorar, y cada noche, como un ritual llegaba a casa, se ponía descalza, preparaba café, tomaba el ipad, y miraba la foto que le habían enviado de Mariana con su nuevo amor, entonces tomaba una pluma y papel y comenzaba a escribir. 

Después de 123 días con exactitud, Mariana regresó. Llegó una noche nublada, cubierta por un impermeable naranja, y unas botas que le cubrían del suelo mojado, llegó a tocar la puerta, y una mujer abrió. A Mariana se le detuvo el corazón, ahora vive con alguien, en nuestra casa, no puede ser. La mirada de desconcierto y amabilidad la perturbó un poco.

  • Tu debes de ser Mariana, pasa. Te preparé café, con crema y dos de azúcar ¿cierto? y sonrió. 

A Mariana le pareció raro que esa mujer supiera como tomaba el café, ¿le había contado de ella? ¿a su nuevo amor? era tan bonita, que se sintió torpe al verse ahí, en el departamento queriendo encontrar algo que le hacía falta. Entonces se percató muy lentamente lo que sucedía, había cajas y cosas guardadas, libros, trastes, como si fueran a mudarse, y al fondo, un halo de frialdad recorrió su cuerpo, había dos cajas, con el nombre de Mariana escrito con plumón negro. 

Se paró lentamente, se acercó, abril una de las cajas y estaba repleta de cartas, todas y cada una sin doblar, solo con los dobleces marcados, y comenzó a hojear, leyendo rápidamente los títulos que aparecían en tinta roja al principio de cada hoja. 

“A Mariana le enfada Green Day” “Mariana triste” “ La historia del francés” “Solo café” “ Su odiosa camisa de cuadros” “ La pelea de los tacones rojos” “ Nunca supo poner bien la cafetera” “ Mariana y la lluvia” “Nuestra primera cita” “ Camas y dragones” “Siempre y como fuere en nuestro aniversario” “ El estúpido mueble de su abuela” “ De como se robaba mis calcetines” “ El día que se fue”.

Entonces sintió la mirada de Ivette, quien la esperaba justo con su taza de café, Mariana sintió como las lágrimas le llegaban desde lo más hondo del pecho, y volteó. 

  • Las dejó todas para ti, la otra caja solo tiene tus cosas con ella, fotos sobre todo-.  Estiró la mano para darle el café y siguió – Siéntate que esto no será fácil, ella sabía que vendrías, siempre lo supo de alguna forma, y siempre supo que sería hoy, para mí tampoco es fácil estar aquí, ahora, frente a ti teniéndote que explicar todo esto. Yo la amaba, y odiaba con el alma no poder hacerla feliz, te odie con todo lo que tuve, pero al final, ella lo quiso así. 

Mariana escuchaba con atención, se sintió como en un mal sueño, un nudo en la garganta le atravesaba hasta el pecho, no podía ni hablar,  sus ojos vidriosos se detenían sin llenarse por fin de lágrimas, ni siquiera se había dado cuenta de que sus manos temblaban y el café le estaba escurriendo entre los dedos. 

Entonces tomó el valor, para hacer la pregunta de la cual no quería saber la respuesta, no la que recibiría, no quería confirmar lo que su corazón ya sabía. 

  • ¿Ella está aquí?

Ivette la miró y inhaló profundamente, – Ella está a donde quiera que tu vayas. Lo que nunca supiste antes de irte fue que ella había enfermado, por eso te dijo que ya no te amaba aquella noche, por eso te reclamo todo y provocó que te fueras. Ella ya lo sabía, y no quería que la vieras así. Por eso vivió con tal intensidad estos últimos meses, su familia y amigos lo fueron entendiendo poco a poco, ella se despidió de todos, de cada uno de ellos. Pero no quiso tratamientos, ni esperar a que la enfermedad siguiera su curso, así que el día de su cumpleaños, se quito la vida. Dijo que quería irse el mismo día en que llegó. Y así fue. 

Llanto y gritos ahogados invadieron a Mariana que no tenía ni idea de aquello, Ivette no la consoló, sabía que tenía que llorar su pérdida, tenía que sufrirlo. Entonces se paró, fue por un trago de alcohol y se lo tendió, ella se sirvió otro. 

Mariana la miró, preguntó porque ella estaba tan tranquila. A lo cual Ivette respondió. 

  • Ella te amaba a ti, pero yo no huí. Me aferré y luché hasta el último momento, incluso cuando decidió como irse, estuve de acuerdo con ello. Ella me pidió que viniera hoy, por que tu regresarías.

Mariana no dijo más, tenía mil preguntas y su cabeza estaba bloqueada, miró sus cartas, abrazó su caja. – Hoy era nuestro aniversario – tomó la otra caja y se marchó. 

  • Ella sabía que eras feliz con alguien, eso la alegraba, nunca te guardó rencor-  abrió su cartera y le dio una última nota. Mariana la abrió decía: “ No me juzgues, todo lo que hice, lo hice por amor”.
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¿Cómo le digo?

¿Cómo le digo?

No sé ni siquiera cómo explicarmelo a mí misma, pero lo intentaré.

¿cómo le digo a alguien más, lo que tú me causas?

Que son tus labios, tus ojos, tus manos mi delirio, que puedo hablar noches enteras días sin parar contigo, que no hay motivos para detenerme, que voy con paso relajado pero seguro por el camino al que me conduces.

Que está vez no pregunto, ni me cuestiono, que disfruto cada segundo, que está vez no me importa compartirlo con el mundo, que te guardo con cariño en este espacio donde nos habitamos. ¿Cómo le digo que te me expandes por el cuerpo, que sonrío tontamente con uno solo de tus mensajes, que escucharte es mi vicio constante, que no paro de querer que me cuentes de tu día, de tus ideas, de tus sueños, de tus acciones, de que me cuentes de esas cosas que te hicieron pensarme?

¿Cómo le digo? Que cada que me besas borras cada beso pasado que tuve, que mi existencia renace si me tomas entre tus manos, que son tus piernas, tu abdomen el lugar donde quiero quedarme siempre, que tu saliva me bendice, que te lo cuento todo, cada detalle, cada sensación, que no puedo mentirte, ni quiero.

¿Cómo le digo, que mis letras van corriendo detrás de tus pasos, que siempre encuentran el camino a ti, que puedes encontrarte en cada uno de mis textos, que nos tenemos en este espacio sin querer gritarlo? ¿Cómo le digo que te me desbordas? Que se me escurre el alma cada que me provocas, que podría quedarme contando las pecas de tu espalda, que aún no conozco la saciedad de beberte, que siempre quiero más, más de ti, contigo, siempre.

¿Cómo le digo que lo que siento jamás lo sentí por alguien antes de ti? No así, nunca fue así, tan libre, tan desinteresado, tan nuestro.

¿Cómo le digo? No, no necesito decirlo. ¿Para qué?.

 

Jósean LoG – Háblate de mí

 

Antes de que se me olvidé.

Quisiera poder hablar contigo, decirte lo mucho que siento lo que sientes, decirte que sanará, que no esperes más, que la vida sigue, que todo pasará.

Reconocí en tu mirada el dolor ardiente de mirarla junto a otra persona, quién mejor que yo para decírtelo, quién mejor que yo para entender como duele cada mirada llena de complicidad, de amor, de ternura, cada breve caricia que pareciera invisible pero latente, cada risa estridente que taladra brevemente el lugar donde te encuentras. Yo sé como duele, como duele ser un espectador y recoger las preguntas alrededor, sonreír, y seguir, esperando que no sé nos noté en la mirada el ardor punzante que se encuentra creciendo, los celos que se vuelven inevitables, envolviendo las ganas de llorar.

Siempre me fue difícil leerte, siempre fuiste misterio recurrente para mí, pero está vez no, esa mirada la reconocí porque yo lo viví. ¿Quién mejor que yo para decirte? Qué hoy duele pero sana, siempre sana, a veces tarda, a veces es más lento, pero deja de doler. Un día, lo entiendes de golpe, sabes que esa persona que te devora el alma es dichosa, y no hay mayor acto de amor que saberse ir cuando el otro es feliz.

Me hubiera gustado acercarme a ti y abrazarte o al menos acercarme a ti y  brindar contigo para decirte que si tu mirada fuera pistola ya habría un mar de sangre.  Pero no, antes existía la limitante del miedo y los nervios, ahora mi limitante es que no quiero que se mal interpreten mis intenciones.

Ojalá me leas y sepas que te entiendo, que estoy aquí cuando quieras hablar, no tienes que decir nombres, no tienes que dar explicaciones. Yo contigo, siempre: Incondicional.

 

AIRY MINOR

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A veces (8 musas)

Me encontré ante tu sonrisa y quise ser valiente, quién me diría que serían tus ojos oscuros un destello aparente.

Ojalá pudiera refugiarme ante el silencio que nos aparta, ojalá pudiera esconder mi presencia ante las palabras de todas aquellas noches de charlas hasta dormir, así a tu lado y separadas. Ojalá se me borrará aquella noche en la playa, donde las estrellas, las olas del mar y la fogata se aliaban para restregarme tu figura sin poder tocarla.

A veces me detengo solo a pensarte, a dedicarte un par de letras que puedan abrazarte. Tú siempre tan cerca y a la vez tan distante.

Airy Minor

Serie: 8 musas.

Episodio… X

Hablaban entre risas y tragos de cerveza de sus aventuras, se comprendían una a la otra y se contaban que les gustaba de sus amantes.

Entonces, Ro le dio una bocanada grande y acercándose a Is le paso el humo de la maría lentamente, ambas se encontraban en la cama relajadas, seguían su conversación y fumaban. Cambió la canción que sonaba y se dio cuenta de que al estirarse quedo arriba de Ro, ella se acomodó de forma que sus labios quedaban cerca de Is.

Se acercó despacio y le dio un beso suave, ensalivado que iba subiendo su intensidad con cada movimiento, sus manos comenzaron a subir debajo de la playera de Ro, y tocó sus senos, quitó la playera y comenzó a saborearlos uno a uno haciendo movimientos suaves con su lengua, beso despacio su pecho y su abdomen.

Ro se acomodó para darle más espacio en la cama, la miró desabrocharle el pantalón, Is la miraba mientras le bajaba el pantalón y la tanga, mientras el aroma de su sexo se le presentaba tan cercano, miraba a Ro morderse el labio porque sabía lo que le esperaba, y sin dejar de mirarla abrió sus labios para adentrar su lengua y comenzar a saborearla.

Ro comenzaba frenética a retorcer su cuerpo de placer, mientras sus dedos se perdían entre la cabellera de Is, quien se aferraba a sus piernas atascándose del sabor y las mieles a caudales que se le presentaban.

Ro la jaló para besarla y probar su sabor en su boca, le quito la ropa y besó delicadamente sus senos mientras sus manos se perdían en sus nalgas. La tomó decisiva cambiando la dirección del mando y subió sus piernas a sus hombros, mientras la besaba entraba en ella de una forma que Is sintió que se venía inmediatamente, quizá fuera la maría, pero el placer incontrolable la hizo gritar…

Te cuento.

Fue tu sonrisa la que tierna se ha quedado impregnada en mi cabeza,

el sabor de tus besos desatando mi deseo,

ha sido tu nombre el que constante pronuncio

Te cuento que eres la más bonita de mis historias,

inexplicable nuestro encuentro, me hacen falta las letras para expresarlo,

y sin en cambio quisiera gritarlo.

Quisiera dejarme entre tus piernas,

encontrar de nuevo el camino hacía mi elocuencia,

hace tantas historias no tenía yo una como ésta,

donde la principal protagonista son nuestras caricias.

Ven y hazme el amor,

así como sólo tu puedes hacerlo,

ven y déjame que te cuente, como te pienso cada día,

y que de todas mis historias, eres la más bonita.

 

AIRY MINOR

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Sí.

¿A los cuántos años me dirás que sí?

Le preguntó mientras quitaba las moronitas de su playera de las galletas de mantequilla que tanto le gustaban, Vera la miró con ternura pero no respondió, solo le dio un breve y suave beso en la frente y comenzó a incorporarse de la cama. No se lo dijo, nunca se lo había dicho pero le encantaba amanecer así, con el cálido sentir de tu piel desnuda, de sus pechos suaves y firmes rozando su espalda. Le gustaba, que muy de mañana se despertará, se pusiera una playera y fuera por café y galletas de mantequilla. Luego de ponerlos sobre la mesita, la despertaba a besitos suaves en la punta de la nariz, mejillas y labios. Mientras su mano coqueta iba recorriendo su abdomen, hasta llegar a su sexo. Era una combinación hermosa de la ternura desbordada mezclada con la pasión enjaulada de tus arrebatos. 

Pero no, no le diría que sí, porque esa respuesta era nada comparado con el mágico mundo en el que un sólo instante ella le causaba… 

Se paró, se vistió y le dio un beso largo. – Me tengo que ir – sintió como Andy le jalaba el brazo para que no se fuera, le dio un beso de despedida y se marchó. 

Andy se quedó entre las sábanas blancas con la luz entrando por la ventana, semidesnuda, saciada de placer pero al mismo tiempo pensativa, después de años de estar a su lado, algo le hacia falta. Se enredó entre las sábanas y se refugió en el mágico mundo de sus sueños. Al despertar, recogió las tazas, limpió, y se dio una ducha breve. 

Mientras se vestía; reflexionaba: Han pasado años, si no me ha dicho que sí, a vivir juntas será por algo, a lo mejor no quiere, a lo mejor esta conmigo mientras llega alguien más, a lo mejor… Y sus pensamientos se iban cada vez más lejos y atemorizantes. 

Se quedó en casa, pero por la tarde se arregló, se puso uno de esos vestidos entallados que dejaban ver su espalda desnuda, Vera la citó en su departamento, y a ella le gustaba verse bonita para ella. Al llegar, notó que todo estaba apagado, pensó que Vera aún no llegaba y entonces escuchó un ruido, Vera encendió un interruptor y el departamento se alumbró con una decoración sorprendente de luces cálidas que recorrían la estancia, sala y balcón, donde por sorpresa había un par de músicos que comenzaron al unísono una melodía de amor. Andy sorprendida, no sabía que decir, no se esperaba nada así, sonrió y caminó hacia ella para darle un beso rápido. Vera tenía en la mesa una cena en espera que había hecho para ella. ¡Feliz aniversario! dijo.

Se sentaron a cenar, Andy sentía que era un divino detalle de Vera, a veces era así, tenía detalles inimaginables que siempre la sorprendían, era una de las cosas por las cuales se enamoró. 

Entonces Vera comenzó: Andy, conocerte ha sido uno de los viajes más bonitos de mi vida, he encontrado en ti, todo lo que nunca imaginé tener y todo lo que siempre soñé con algún día conocer, he aprendido de ti tanto que no terminaría de pagarte con el resto de los años,  antes de conocerte ya te sabía, sabía de tu existencia y de que algún día a mi vida llegarías. Sacó un cofre de madera y se lo dio. – Ábrelo-  le dijo. 

Andy abrió el cofre y encontró decenas de cartas escritas a mano. La miró sorprendida. 

Andy, hace años comencé a escribir cartas para el amor de mi vida, todo lo que siempre he deseado se encuentra en esas letras, y ahora son tuyas, porque sé que apartir de hoy dejaré de esperar, ahora sé que eres tú, y nadie más. ¿Te casarías conmigo?

 

AIRY MINOR

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