El problema de mí, contigo.

 

Es que no importa el tiempo que pase,

vuelvo a ti inevitablemente, enloqueciendo lentamente.

Basta con pasar un par de horas junto a ti,

para darme cuenta de lo mucho que aún siento,

de como el alma se queda ahí, frente a tu mirada,

de como mis labios van buscando los espacios en tu piel,

la cercanía de tu ser va envolviendome, y sin darme cuenta vuelvo a caer.

El problema de mí contigo,

es que no me puedo contener,

te obedezco, te complazco, te daría el mundo entero si me lo pidieras.

Pero después, me doy cuenta de que es solo una fantasía,

un momento, una ilusión, y como toda ilusión termina,

no es ni verdad ni mentira.

El problema de mí contigo, es que aún te quiero.

No sé si más o menos, ni cuánto, no podría definirlo.

Y sí, te huyo, y sí, te odio un poco, quizá menos o más de lo que te quiero.

Porque sabes como condenarme a tus caderas, porque sabes como

obtener lo que quieras de mí, con tan solo un par de palabras,

el problema de mí contigo, es que aún sabiéndolo, te quiero conmigo.

 

AIRY MINOR

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Le confieso.

He pensado mucho en sus besos,

en sus manos recorriendo mi cuerpo,

he pensado en el calor de su piel

y ese aroma que me enloqueció de placer.

Le confieso  que me dan ganas de arrebatarle una noche,

perderme entre sus sábanas, despertar en su almohada,

me dan ganas de provocarle, de que me recorra como guste.

Le confieso que he pensado mucho en su figura,

en esos pechos grandes que se me muestran provocativos,

en esos movimientos que me dejó como un preliminar,

¡qué hago con estas ganas de volverle a mirar!

Venga, hágase presente,

deme un beso, que nos vuelva elocuentes.

Le confieso de que tengo ganas de vestirme con sus besos,

de amanecer sobre su cuerpo,

que me haga tanto lo que me viene diciendo,

de una vez y con el camino abierto.

Le confieso…

 

 

 

AIRY MINOR

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Sinceramente.

Hace falta sincerarnos, decirnos al oído todo aquello que callamos.

Ven amiga mía y siéntate a mi lado.

¿Cómo es posible que de ella te hayas enamorado? Si bien sabes como tuvo mi corazón enjaulado.

No, perdona, es que ¿cómo es posible que no te hayas enamorado antes de ella?

Si bien sé como cautiva, como envenena, como su mirada aniquila, ¿cómo no enamorarte de ella? Yo lo hice, yo lo viví, y fue mi loco corazón el que impaciente viene hoy a reclamarte que la ames.

Amiga mía, perdona, pero quise advertirte desde antes, es que fiera cruel ella se cuela por los poros, hasta que sin darte cuenta, la respiras.

Es mi loco corazón hablando de aquella pasión que me embriagó noches, días, meses, y tuve que escribirla, vivirla de muchas formas para que me curara de esa enfermedad que es mirar sus terribles encantos.

Hace falta sincerarnos, ¿qué sentiste la primera vez que la besaste? ¿Sentiste ese cosquilleó recorrer todo tu cuerpo? Mírame, aquí, sentada escribiéndote a ti, después de que todas mis letras eran solo ella, y cada que ella me escribía yo caminaba sobre nubes, sobre enredos de burbujas que me alegraban la vida, es que ella me llenaba de dicha.

Ven aquí amiga mía, tengo que confesarte que me niego a mirarte a su lado, sé que la haces feliz, hasta el ciego de nacimiento podría sentir el calor de la dulzura con la que sus ojos te miran.

No hace falta decir que me alegro por ti, nunca quise nada más que verla feliz, ¿quién me lo iba a decir? Que serías tu, la que le diera la dicha por fin.

Amiga mía, ¿por qué te enamoraste de ella? No me digas más, que si te hablo más de ella seguro me vuelvo a enamorar.

Haré de su nombre un lejano recuerdo de una historia que jamás viví, haré de su mirada, de su sonrisa tirana, de sus movimientos, haré de mis recuerdos una bola que lance al viento, que se desvanezca, que encuentre otro camino en algún otro texto que aún no he escrito. La nombraré de otra forma, de una manera que mi corazón no sienta que es a ella a quien la mente le refresca. La nombraré de aquella forma en la que mis recuerdos no asocien su mirada con la que ahora se muestra enamorada.

Amiga mía, que dicha que seas tu quien la cuida. ¡Qué pena la mía!.

 

AIRY MINOR

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Cíclica. (Cuento)

Maria conoció a Aimer cuando eran adolescentes, vivieron un fugaz amorío de juventud más emocional que físico, pero el tiempo hizo con ellas lo que hace siempre. Separar y alejarse. 

De vez en cuando intercambiaban mails, con la misma pasión clausurada en palabras de todo lo que pudo ser. 

Maria conoció a Memo, un hombre mayor, le llevaba cerca de 15 años, y la admiraba y amaba con el alma. Ella también se enamoró, y se entrego a él como lo hace la esposa más devota. Se casaron, y comenzaron una vida juntos, ella tenía claro que no quería tener hijos, y el ya tenía una que de vez en cuando pasaba tiempo con ellos. Maria revisaba su Facebook y daba likes y emociones a las publicaciones de Aimer, siempre tan libre, siempre presumiendo amores, siempre tan pasional. 

Un día le escribió, con se nervio decidido de aquel amor, le invito un café, ella aceptó. 

Al verse las emociones comenzaron a salir, Maria corrió y la abrazo con todas sus fuerzas, la miraba tan linda, tal como la recordaba, y quiso besarla. Se reprimió un poco por tener esos pensamientos que no eran en ella habituales, era casada, sin embargo, era ella. Ella ahí, después de tantos años, ella después de tantas prohibiciones, tan libre, tan ella. 

Fueron al cine y platicaron largo rato, le contó de su boda, de como nadie de su familia fue. 

  • El día que me casé, pensé en ti, por que creo que si te hubiera invitado tú si hubieses estado ahí.

Aimer sonrió, la tomó de la mano y le dijo que sí mientras se acercaba y le besaba la mejilla. 

Una sensación nueva, extraña recorrió el cuerpo de Maria, un erotismo renovado, casi nuevo, renaciendo de una vieja pasión que no llegó a su fin, que nunca se consumó. Después se echaron en el pasto, Aimer, acariciaba de vez en cuando su mano, Maria sentía como el deseo se le despertaba, unas sosegada pasión le recorría la piel. Entonces, no se contuvo más y se le lanzó a los labios en un beso suave, casi tierno, inocente, pero feroz. 

Mordió sus labios suavemente, se aferró a ellos sintiendo después de tantos años por fin el sabor de su saliva. Aimer la besó con la ternura que sabía que esperaba, con la caricia experta de las muchas amantes que después y antes de ella habían existido. Y se dejó caer en el plácido sueño que Maria había creado para ella desde hace tantos años. 

Al separarse, Aimer se fue a casa, mensajeó a su novia, charló con ella un rato, le contó de su reencuentro con una “vieja amiga” le contó casi todo menos el beso. Maria tenía un camino más largo a casa, en todo el transporte miraba por la ventana distraída, llego sin saber exactamente como a casa. 

Recibió una llamada de su esposo Memo, quién había salido de viaje. Ellas no volvieron a frecuentase en esos días. 

Cuando Memo regresó encontró a su mujer muy sensual, muy abnegada como siempre, muy feliz. Se sintió loco enamorado y corrió a besarla, la abrazó, ella lo recibió con los brazos abiertos y lo condujo a la habitación, el feliz y deseoso comenzó a quitarle la ropa y hacerle el amor, ella cerraba los ojos, nunca los abrió, grito de placer y quedó tendida a un lado de él. El la noto pasional, llena de furia, pero un poco distante.

Pasaron los días, el decidió sorprenderla con un viaje al bosque, una pequeña cabaña llena de romanticismo, él cocinaría, le prepararía la cena, la consentiría. A ella la noticia la tomó por sorpresa pero aceptó gustosa. Antes de irse, quiso ver a Aimer, aquel breve encuentro la había dejado intranquila, quería verla abrazarla, quería abrazarla tan fuerte que su propia piel se volviera la de ella. Aimer la invitó a su casa. Preparó vino, queso, y unas cuantas uvas. Maria iba en el camino llena de ansias, de nervios, de acelerar y al mismo tiempo detener el transcurso de los minutos, cuando llego, el nervio y la aceleración se multiplicaron, se abalanzó aún en contra de todo lo que pensaba, creía, sentía, aún en contra de todo lo que los demás decían que era o no correcto. 

La besó, comenzó con desesperación a quitarle la ropa y Aimer solo sonrió, la calmó, le sirvió un poco de vino y notó como se sonrojaba, aquel acto de seriedad e inocencia le encantaban, le fascinaba saber que producía mil emociones en ella. La invito a comer un poco, y se sentaron en el sofá. Tenía música puesta pero la quitó, encendió el televisor, y dio play a una película que ambas conocían perfectamente. Una película que era el inicio de su romance de juventud, ambas se decían como los personajes principales, ambas detonaron las caricias emocionales con ese film, y cada que lo miraban cada una lejos de la otra se pensaban, se deseaban, se extrañaban. Ahora ambas estaban en la misma habitación mirando aquel film, Maria lloró de emoción, se sintió especial, se sintió llena de emoción al saber que ella aún recordaba eso. Aimer sonrió, y entonces se acercó lentamente a ella para besarla tiernamente, para darle ese beso adolescente que siempre quiso, con esa ternura y pasión que guardaba por años solo para ella, y aunque ahora sus manos eran expertas, quiso sentir como si fuera su primera vez con ella. 

Ambas comenzaron a besarse y descubrirse una en brazos de la otra, su piel, su sudor, el nervio y el miedo. Los besos intensos a cada segundo apoderándose de ellas el deseo recluso por tantos años, sus manos, sus piernas, la ropa en el suelo mientras se atendían con el placer que ambas se sabían, sus lenguas, sus sabores, su entrepierna frenética encontrando ritmos perfectos, sus pechos maduros, sus vientres golpeandose, sus gemidos encontrándose unos a otros despavoridos de placer, de locura, del frenético caos del momento, mientras el fondo la película transcurría como aquel año en que la vieron por primera vez, y un beso en la pantalla generaba una emoción extraña difícil de entender. 

Saciadas una en brazos de la otra Maria miró el reloj, se asustó un poco, mensajeó a su esposo y se vistió presurosa. Aimer ya se conocía ese final, encendió un cigarro y la miro vestirse, la ayudó, tomó un poco de vino y se puso una bata para cubrirse. 

Maria se fue a mitad de la noche, Memo esperaba despierto, ¿te divertiste? preguntó cuando llegó. ¿ya viste la hora? estaba muy preocupado. Maria se sonrojó, bajó la mirada y pidió disculpas, él no quería regañarla, así que la abrazo con ternura, y quiso ser comprensivo. 

– Amor perdonarme, no quise ser grosero, entiendo que paso mucho tiempo fuera, que necesitas tener amigas, pasar tiempo con gente de tu edad, lo siento sí-

Ella quiso gritar, hubiera preferido que él se molestara, que gritara, que pelearan, pero siempre era tan comprensivo que la culpa la hacía sentir miserable.

Ella durmió con el alma enaltecida, por primera vez en su vida se sentía dichosa, sin embargo dormía a lado de la persona equivocada. 

Al día siguiente muy temprano salieron en el auto, aún hacía frío, Memo iba radiante, poco conversador como siempre, con la certeza de que aquel viaje alegraría a su Maria, la haría feliz, y volverían a lo de siempre. 

El bosque le hizo bien a Maria, tomó chocolate caliente, se envolvió en un suéter de lana largo y salió a caminar, al fondo había un lago, se sentó debajo del gran árbol viejo que la conocía perfecto, esa cabaña era el lugar de sus aniversarios, le pareció que también le era infiel al espacio, pero sintió que lo llenaba ahora con algo más grande. 

Memo la miraba parado en la puerta, ella había estado distinta, distante y sin embargo tenía un algo que la hacía cada día más bella. Entonces la miró observando una flor que caía a su lado, ella la tocaba con delicadeza con sus dedos, y entonces como un golpe certero a matar lo entendió. Ella estaba enamorada. 

La asimilación de aquella noticia lo paralizó, lo cubrió de un frío intenso que le recorría el cuerpo. jamás imaginó que aquella mujer que lo llenaba de dicha podría enamorarse de alguien más. ¿quién? ¿cómo? ¿cómo evitarlo? ¿cómo evitar ser el monstruo en separar ese amor solo  por egoísmo? ¿de qué valdría tenerla a su lado si ella no es plenamente feliz?

En la cena, el quiso saber ¿cómo era el? pero ella solo habló de “su amiga” de la que se reencontró hace días, la emoción de sus ojos, el brillo de su mirada, la nostalgia, todo eso le dio su respuesta, su contrincante era una mujer. Le pareció hermoso, le pareció mágico, y en el fondo también una llama de odio le quemaba la razón. 

Entonces él le dijo.

– Amor mío, en la vida uno solo tiene pocas oportunidades de ser verdaderamente feliz, yo cuando te conocí supe que te amaría la vida entera, aun a pesar de lo que la gente dijera, nunca me importo tu edad, tu juventud me hizo volver a sentir que vivía y estoy profundamente agradecido por ello. Pero ahora mi vida es hora de seguir, lo sé, te conozco, he vivido más que tú y sé que estas oportunidades no hay que dejarlas pasar. Por eso te dejo libre, me iré unos meses ha hacer ese viaje que siempre quise y eso te dará la libertad de vivir tu romance con ella. Me encanta verte sonreír así, pero sé que yo no soy la causa, así que sin dramas y con todo el amor del mundo. Sé feliz.

María quedó absorta, quedó pensativa, llena de mil pensamientos, de dudas, de todo. ¿Pero era posible qué? ¿por qué demonios era tan bueno? ella no merecía a alguien tan bueno, sin embargo su corazón había gritado lo que quería, la había esperado años y ahora volvía, volvía con una intensidad que no comprendía. 

Maria, lo abrazó, lloró a su lado y le hablo con toda la verdad del mundo, le contó todo, desde su adolescencia, pues antes de su esposo el era su mejor amigo, el también lloró, y la apoyó. – Es ahora, así tenía que ser, tienes que luchar, tienes que hacerlo, y si al final no funciona, yo siempre estaré aquí para ti. – 

Regresaron a la ciudad, felices, nostálgicos, pero amigos al final, él la acercó a su destino, sin su ayuda ella no hubiera sido valiente. Ella camino las siguientes calles, llegó sin avisar, Aimer, no estaba en casa, estaba en una fiesta con su novia, sin embargo su cabeza estaba en otro lado, sentía una emoción extraña que hace años no pasaba por su cuerpo, estaba enamorada de Maria, no fue difícil deducirlo, pero Maria era casada, no podía suceder en este ni en ningún otro panorama. Miro a su novia, la besó brevemente en los labios y le dijo que iría a caminar y luego a casa, que necesitaba estar sola. Su novia la conocía y sabía de sus episodios melancólicos y de soledad, así que no le alteró nada y dijo que estaba bien, la dejó ir. 

Cuando Aimer llegó a casa vio a Maria sentada en el pasillo, el corazón se aceleró y sonrió estúpidamente como cuando adolescentes. Maria entró con ella en el departamento, y supo que sería su nuevo hogar, mientras Aimer, entendía que de ahora en adelante, ya no iba a esperar más. 

No vaya a ser.

No vaya a ser que te me cueles en el pensamiento cuando estoy con alguien más,

ni que mencione tu nombre justo cuando tengo que pronunciar algun otro.

No vaya a ser que se me apodere el deseo de mirarte en medio de la gente

y alguien note que no me eres indiferente.

Que nervio de pensar en tu presencia a solas, una caricia que por inocente que parezca pueda delatarnos.

No vaya a ser, que en medio del silencio te diga lo mucho que te quiero. Y se nos caiga este cuento, aunque a veces quisiera hacerlo.

No vaya a ser… que te me presentes en la mente, en el momento menos elocuente.

Ojalá no me suceda nunca, no vaya a ser…

 

AIRY MINOR

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Pensádote.

Me hace falta ese agotador susurro de tu voz provocadora invitándome a probar el mar de tus deseos. 

Cierro los ojos y siento el silencio de la inconquistable caricia que me has quitado, solo el eco de la ausencia de tu efímera y volátil presencia yace en mis pensamientos. 

Ojalá te me fueras de la piel, ojalá pudiese borrar los mapas que trazaste en mi cuerpo, y el deseo incierto de tus besos, dejar de pensar en tu saliva sobre mis versos. 

Me hace falta que me invoques, que me lleves a la lujuria que me hagas gritar tu nombre del que ya no me acuerdo.

Me hace falta la conquista, del grito placentero entre tus brazos, tu cabello alborotado, es que me gustas tanto. 

Que podría olvidar por un momento como te he odiado, podría dejar a un lado mis sentimientos solo para desvestirte entre mis brazos, arrancarte la ropa, arañarte la espalda y hacerte mía de una vez, aunque sea una última vez. 

 

AIRY MINOR

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De formas inesperadas

 

A veces el amor llega de formas inesperadas, y te atrapa en medio de una conversación, y te susurra al oído que ya ha venido. A veces llega súbitamente, agarrándote en medio de la nada, de un pensamiento vano, te coge de repente y te toma de la mano.

Como me gustaría que fueras tu, a quien mi corazón ingrato corresponda, y dejarme entre tus manos tanto como mi mente se deja entre tus palabras. Una parte de mí lo desea, como me gustaría que mi cuerpo reaccionará ante la mirada que me prestas.

Pero quiza es que te quiero más de lo previsto, y por eso el autoengaño no cabe en este camino, me conozco y sé de lo que soy capaz de hacerte, tengo ese talento, de que me adoren facilmente.

Por lo tanto esto no es un aviso preventivo, ni una forma de retar a tu mente y tu delirio, es una forma de decirte, que te quiero en mi destino, de una mejor manera, una que perdure, sin corazones partidos.

Pero si acaso te aferras, no digas que no te lo advertí, pues aunque en tu cabeza pasen muchas cosa, yo ya me decidí.

AIRY MINOR

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