Pensádote.

Me hace falta ese agotador susurro de tu voz provocadora invitándome a probar el mar de tus deseos. 

Cierro los ojos y siento el silencio de la inconquistable caricia que me has quitado, solo el eco de la ausencia de tu efímera y volátil presencia yace en mis pensamientos. 

Ojalá te me fueras de la piel, ojalá pudiese borrar los mapas que trazaste en mi cuerpo, y el deseo incierto de tus besos, dejar de pensar en tu saliva sobre mis versos. 

Me hace falta que me invoques, que me lleves a la lujuria que me hagas gritar tu nombre del que ya no me acuerdo.

Me hace falta la conquista, del grito placentero entre tus brazos, tu cabello alborotado, es que me gustas tanto. 

Que podría olvidar por un momento como te he odiado, podría dejar a un lado mis sentimientos solo para desvestirte entre mis brazos, arrancarte la ropa, arañarte la espalda y hacerte mía de una vez, aunque sea una última vez. 

 

AIRY MINOR

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El Voyeur

Miraba por la ventana esperando su llegada.

El frío aire de la noche lluviosa refrescaba sus deseos de admirarla. De tocarse y venirse en ese momento en que ella aparecía, con esos escotes, esos pantalones entallados, que solo le despertaban el deseo de frotarse en ella. Pero no llegaba.

Sacó la botella de bacardi y se la empinó, parado mirando hacia abajo, alguien lo observaba. Una chica diferente estaba sentada esperando la llegada del bus cuando se percató de él, lo miraba fijamente. Sentía como su mirada podía acariciarlo, se sintió infedenso, sintió como le acariciaba la barba, el cabello peinado en una cola de caballo mal hecha, los pomulos huesudos, su delgada figura, sintió como su mirada se le metía debajo de la camisa negra, y le acariciaba los pectorales, y sus delicadas manos bajaban por su abdomen hasta…

Entonces se apartó de la ventana, camino hacia la cocina, tratando de liberarse de la profunda mirada de la joven, fue al baño, abrío la llave y dejó correr el agua por sus manos, se la aventó a la cara, sintió el golpe frío sobre sus mejillas, frente, nariz, deslizandose por sus labios, por su barba y aun así sintió que era ella quien lo tomaba.

Regresó por la botella de bacardí y esta vez le dio un trago largo, tanto que se le chorreo fuera de la boca.

Regresó a la ventana y ella seguía mirando fijamente hacia arriba, entonces comenzó a sentir que el deseo le devoraba, al mismo tiempo que se sentía intimidado, regresó para apagar la luz, quizá así ella dejaría de mirarlo, pero no fue así.

Se puso al borde de la ventana para que no lo viera y ella seguía con la mirada fija, penetrante, su mirada era como un monstruo que inundaba la habitación, un demonio que penetraba en la oscuridad y se fundía con ella rodeándolo, tocándolo, invadiendo cada centímetro de su piel, de su aliento, de sus huesos.

Ella impasible mientras esperaba el bus, lo miraba, y él sentía que ya no estaba ahí, abajo, que había entrado al edificio, con gran velocidad había subido las escaleras, entrado con fuerza a su departamento, mientras se acercaba violenta y decidida hasta la ventana donde él se encontraba, entonces tomó más de la botella, se percató de que ya no había más que tomar, y sí, ya estaba lo suficientemente ebrio como para olvidar si era un sueño o realidad.

Entonces ella ya era real, ya lo tenía debajo de ella cumpliendo con sus deseos, tomándolo por la fuerza de sus mareas, y él sin poder hacer nada se percataba que ya no era dueño de su cuerpo, que no le respondía, que su voz se había esfumado entre lo que era un grito ahogado y un silencio voraz, y sintió como la penetraba y sus caderas se encendían con lo que él no podía controlar, no sentía placer, solo sentía la impotencia de que su cuerpo no reaccionará como él deseaba, y entonces lo comprendió. Y quisó no volver a mirar a la joven que esperaba cada noche para tocarse imaginándola.

Al llegar la mañana, despertó en el suelo de la sala, tenía la garganta cerrada ya que la ventana se había quedado abierta, la botella vacía yacía en el suelo, por alguna extraña razón tenía la camisa negra desgarada, sobre el pecho tenía rasguños que no podían ser de él, el pantalon lo llevaba desabrochado y ensangrentado, no sabia si la sangre había sido de él.

Le dolía el cuerpo, la piel y algo que nunca pensó. La dignidad.

 

AIRY MINOR

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Te seguiría.

A donde vayas, sí. 

Iré con gusto, con los ojos anclados al suelo para no ver tus alas, siguiendo tus pasos como un enfermo que ha decidido aceptar su final. 

Mañana me voy detrás de ti, de esos ojos oscuros que me destrozan los sueños y me hacen vivir. 

Te seguiría a cada paso, aunque por cada uno que des, dejes fuego, caminaría sobre las llamas que vas encendiendo, sobre los mares que han ahogado deseos de miles de manos de aquellos, aquellas que incautas caen ante tus caderas, que te miran, que te devoran, que quisieran tenerte entre sus dedos, lamerte, poseerte. 

Me voy detrás de ti aunque cada día muera un poco, de celos, de rabia, de ganas. Que mi cuerpo se vaya consumiendo entre lo voraz de tu carne, entre la hiel de tu sangre. 

Me voy detrás de ti con la ropa que llevo puesta, hasta que se desgasté, hasta que decidas mirarme, ahí: esperándote.

A donde vayas, es verdad, con las manos amarradas para recoger las migajas que vas soltándome, con pasos fieros, decididos incluso cuando la espera tenga que ser larga y amarga. Iré con gusto y sin reclamos a todas las camas donde has estado, para limpiar el aire de tu aroma, y el suelo que te toca de tu presencia domadora. 

Iré como un ángel guardián a procurar tus pasos, aunque en el camino encuentre el infierno ardiendo entre mis brazos. 

A donde vayas sí, con gusto, hasta el fin. 

AIRY MINOR

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Rompecabezas.

Nos fuimos armando a besos, caricias escondidas detrás del sabor del café, brillo labial en el cuello, en las mejillas, entre pláticas íntimas.

Desatamos un aroma entre el cabello suelto, en medio de tazas de café recién hecho, de litros y litros de alcohol, de risas, pasión, tristezas, te abrí mi corazón.

He corrido a ti para que me consueles, para que sanes mis heridas frecuentes de amores efímeros con tus besos, has venido a mí cada que quieres, contándome de tus amoríos, de tus momentos.

Nos hemos querido y deseado sin pretenderlo, armando piezas de un rompecabezas de nuestra historia. Conquisté tu sonrisa con pequeños detalles que me nacían, y lloré entre tus brazos aquel amor que tanto daño me hacía.

Me he perdido una y otra vez en la caída seductora de tu cabello que me besa, te has perdido en mis letras, en mi espalda y en mis piernas.

Me he abrazado a tu cuerpo sin querer soltarlo, lo he fotografiado, nos hemos contado tantas cosas que sería imposible recordarlas todas.

Eres pieza importante dentro del rompecabezas de mis memorias, que te figuran innombrale, anhelante, incondicional, siempre tan de ti que te compartes conmigo, y yo, siempre tan de otras aunque al final vuelva contigo.

Distintas historias, casi siempre con el mismo final.

 

AIRY MINOR

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Si sucede.

Ya habremos de encontrarnos,

pronunciando nuestros nombres entre susurros,

entre besos ensalivados, y caricias tiernas pero pasionales.

Si sucede, ya tendremos noches para contarnos las estrellas de la espalda,

ya habrá mares de risas, tornados volcánicos de palabras que encienden,

ya habrá saldado cualquier otra deuda de melancolía,

cualquier otra herida.

Y tendremos días y noches compartidas,

ya habrá tiempo para ver las hojas renovarse y caer,

abrigando el frío, y descansando debajo del sol de primavera.

Navegando por lares nuevos, trazando senderos,

abrazando a la vida, la locura, la dicha.

Si sucede, tendremos muchas manías que aprendernos,

ya habrá tiempo de conocernos…

Si sucede escribiremos una historia compartida,

llena de locuras,

de vida, con la fuerza que derrumba toda tempestad.

Dibujaré puentes donde no existan,

y pintaremos de colores aún la pared más fría.

Pero si no,

si no sucede,

que la vida te depare todo esto y más con alguien ajena a mí,

y que a mí, me lleve a los brazos

de quién se quede, aunque en los labios se me quede la proclamación,

Sí, tu cedes.

Te dejo libre.

Para que vayas, 

para que estremezcas, 

para que le rompas los sueños

y te llenes de insomnio el deseo 

con tu indiferencia,

Te dejo ahí, sola, loca, indecisa, indispuesta, 

con todas las locuras que no me dejas. 

Para que vayas y corras, para que le grites a la vida que me tuviste.

Te dejo libre, para que mi amor desmesurado se desborde, lo tires.

Para que busques en otros mares las olas que me revolcaste,

para que encuentres el volcánico deseo, para que te penetren otras pieles. 

Te dejo libre para que cantes, bailes, para que te embriagues, para que te duelan los huesos de tanto tener sexo, para que te ardan los labios, para que pruebes la droga de otros mundos, para que borres de tu piel hasta mi caricia más suave.

Te dejo libre para que te ahogues en mocos y lágrimas, para que encuentres consuelo en otro abrazo, para que te arda la piel de tanto broncearte, para que nades, para que viajes, para que encuentres los huevos que te faltan.

Te dejo libre amor, para que grites, para que tengas orgasmos, para que te duermas en otros brazos, para que no te queden ganas de volver a lastimar a alguien, para que conozcas la divinidad de despertar y admirar un bello paisaje, para que te sorprendas de mirar las estrellas, para que creas que en el mundo hay cosas bellas. 

Te dejo libre, para que vayas y te encuentres, te mires a ti misma como realmente eres, para que te duela reconocerte, para que te aceptes.

Para que bebas y pruebes, para que encuentres el camino de regreso, para que traces nuevos senderos, para que dibujes tus pasos en otros labios.

Para que me busques en otros mares, para que regreses con ganas de nunca volver a irte, para que me sueñes, para que me compares, para que me extrañes. 

Para que encuentres al amor de tu vida,  te dejo libre amor, para que vivas, para que mueras, para crecer, para ser todo lo que conmigo no fuiste. 

Para que encuentres por fin, eso que tanto quisiste.

AIRY MINOR

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Amigo mío.

Hace años juré que no me pasaría lo mismo,

pero sin poder evitarlo, caí en sus brazos, 

amigo mío, perdón.

Sabía perfecto que morías por probar sus labios, 

 yo aquella noche, me embriague de su sabor. 

Pero mi cuerpo, mi mente y mi alma 

despertaron aquella sensación, 

me creía perdida y ella me encontró. 

Lamento haber caído una, dos, tres veces en su piel, 

fueron sus manos, mi delirio, mi desdén,

fueron sus besos mi oscuro secreto, 

han sido sus miradas quienes me inquietan,

me despiertan la locura y el deseo,

es su sonrisa, aquella la que tirana me aniquila.

Su sonrisa divina.

No lo busqué, ni siquiera lo imaginé,

sin embargo ahora me consumen las ganas,

el deseo y las ansias por repetir,

por volver a tenerla entre mis brazos,

por hacerle lo que tu siempre quisiste… Devorarla despacito.

Amigo mío, perdón. 

¡Pero tú no tenías esa opción! 

Ella no te tenía en mente con esa intención, 

y aunque en nuestro delirio ella sea total seducción,

ambos sabemos que no va para ningún lado este vagón,

ni tu ni yo tenemos otra salida más que apartarnos,

alejarnos, donde ella no pueda alcanzarnos,

ambos somos presa de la misma tentación. 

Aún así, amigo mío, perdón. 

AIRY MINOR

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