Sí.

¿A los cuántos años me dirás que sí?

Le preguntó mientras quitaba las moronitas de su playera de las galletas de mantequilla que tanto le gustaban, Vera la miró con ternura pero no respondió, solo le dio un breve y suave beso en la frente y comenzó a incorporarse de la cama. No se lo dijo, nunca se lo había dicho pero le encantaba amanecer así, con el cálido sentir de tu piel desnuda, de sus pechos suaves y firmes rozando su espalda. Le gustaba, que muy de mañana se despertará, se pusiera una playera y fuera por café y galletas de mantequilla. Luego de ponerlos sobre la mesita, la despertaba a besitos suaves en la punta de la nariz, mejillas y labios. Mientras su mano coqueta iba recorriendo su abdomen, hasta llegar a su sexo. Era una combinación hermosa de la ternura desbordada mezclada con la pasión enjaulada de tus arrebatos. 

Pero no, no le diría que sí, porque esa respuesta era nada comparado con el mágico mundo en el que un sólo instante ella le causaba… 

Se paró, se vistió y le dio un beso largo. – Me tengo que ir – sintió como Andy le jalaba el brazo para que no se fuera, le dio un beso de despedida y se marchó. 

Andy se quedó entre las sábanas blancas con la luz entrando por la ventana, semidesnuda, saciada de placer pero al mismo tiempo pensativa, después de años de estar a su lado, algo le hacia falta. Se enredó entre las sábanas y se refugió en el mágico mundo de sus sueños. Al despertar, recogió las tazas, limpió, y se dio una ducha breve. 

Mientras se vestía; reflexionaba: Han pasado años, si no me ha dicho que sí, a vivir juntas será por algo, a lo mejor no quiere, a lo mejor esta conmigo mientras llega alguien más, a lo mejor… Y sus pensamientos se iban cada vez más lejos y atemorizantes. 

Se quedó en casa, pero por la tarde se arregló, se puso uno de esos vestidos entallados que dejaban ver su espalda desnuda, Vera la citó en su departamento, y a ella le gustaba verse bonita para ella. Al llegar, notó que todo estaba apagado, pensó que Vera aún no llegaba y entonces escuchó un ruido, Vera encendió un interruptor y el departamento se alumbró con una decoración sorprendente de luces cálidas que recorrían la estancia, sala y balcón, donde por sorpresa había un par de músicos que comenzaron al unísono una melodía de amor. Andy sorprendida, no sabía que decir, no se esperaba nada así, sonrió y caminó hacia ella para darle un beso rápido. Vera tenía en la mesa una cena en espera que había hecho para ella. ¡Feliz aniversario! dijo.

Se sentaron a cenar, Andy sentía que era un divino detalle de Vera, a veces era así, tenía detalles inimaginables que siempre la sorprendían, era una de las cosas por las cuales se enamoró. 

Entonces Vera comenzó: Andy, conocerte ha sido uno de los viajes más bonitos de mi vida, he encontrado en ti, todo lo que nunca imaginé tener y todo lo que siempre soñé con algún día conocer, he aprendido de ti tanto que no terminaría de pagarte con el resto de los años,  antes de conocerte ya te sabía, sabía de tu existencia y de que algún día a mi vida llegarías. Sacó un cofre de madera y se lo dio. – Ábrelo-  le dijo. 

Andy abrió el cofre y encontró decenas de cartas escritas a mano. La miró sorprendida. 

Andy, hace años comencé a escribir cartas para el amor de mi vida, todo lo que siempre he deseado se encuentra en esas letras, y ahora son tuyas, porque sé que apartir de hoy dejaré de esperar, ahora sé que eres tú, y nadie más. ¿Te casarías conmigo?

 

AIRY MINOR

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