A donde vayas, sí. 

Iré con gusto, con los ojos anclados al suelo para no ver tus alas, siguiendo tus pasos como un enfermo que ha decidido aceptar su final. 

Mañana me voy detrás de ti, de esos ojos oscuros que me destrozan los sueños y me hacen vivir. 

Te seguiría a cada paso, aunque por cada uno que des, dejes fuego, caminaría sobre las llamas que vas encendiendo, sobre los mares que han ahogado deseos de miles de manos de aquellos, aquellas que incautas caen ante tus caderas, que te miran, que te devoran, que quisieran tenerte entre sus dedos, lamerte, poseerte. 

Me voy detrás de ti aunque cada día muera un poco, de celos, de rabia, de ganas. Que mi cuerpo se vaya consumiendo entre lo voraz de tu carne, entre la hiel de tu sangre. 

Me voy detrás de ti con la ropa que llevo puesta, hasta que se desgasté, hasta que decidas mirarme, ahí: esperándote.

A donde vayas, es verdad, con las manos amarradas para recoger las migajas que vas soltándome, con pasos fieros, decididos incluso cuando la espera tenga que ser larga y amarga. Iré con gusto y sin reclamos a todas las camas donde has estado, para limpiar el aire de tu aroma, y el suelo que te toca de tu presencia domadora. 

Iré como un ángel guardián a procurar tus pasos, aunque en el camino encuentre el infierno ardiendo entre mis brazos. 

A donde vayas sí, con gusto, hasta el fin. 

AIRY MINOR

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