La miraba desde hace semanas, le gustaban sus piernas, sus nalgas, su cabello largo, incluso su abultado abdomen, le gustaba su simpatía, su energía, la forma atrevida y fuerte de sus palabras, su autoridad. La miraba cada que se paseaba por la oficina, y la miraba lejana, casi imposible.

Acercarse era difícil, en medio de tantos conocidos, compartían un amigo en común, sin embargo él estaba enganchado con ella. Cuando la veía a su lado, ella ahogaba un suspiro, parecían celos, él pensaba que eran por él, Aimer también pensaba que eran por él, solo Azul sabía realmente que ese nervio oculto era por temor a que en su sonrisa se le notará una sola gota de deseo por ella.

Azul era justo eso, una niña muy azul, rebelde, agresiva, cortante, como si estuviera molesta con la vida. Sin embargo cada que sonreía iluminaba calles enteras, su sonrisa era el reflejo perfecto de la ternura combinada con la pasión.

Cada tarde se despedían de ella, un día comenzó a provocarla, comenzó a decir cosas en doble sentido para ver sus reacciones, ella al principio se sorprendía, después lo inevitable, siguió su juego. Un juego solo de dos, íntimo, solo se provocaban en el silencio de las miradas y frente a la gente, nada.

Un día se quedaron hasta muy tarde en la oficina. Un par de cervezas le dieron ha Azul el valor para acercarse, para decirle ¿nos alcanzas en el bar? Aimer tenía un compromiso ya, sin embargo la propuesta le sonó agradable, se dirigían a su bar preferido, así que no dudo en responder que sí llegaría.

Solo un acto de presencia, un trago y ya. Pensó.

Al llegar al bar, ya llevaban un par de tragos de más, Azul se miraba radiante, feliz, libre, como pocas veces la vería. Comenzaron las indirectas, las risas, poco a poco sin pensarlo ya existían pequeños roces al tomar los tragos, roces sobre la mesa, roces casi imperceptibles debajo de la mesa. Entonces Azul se acercó, y sin pensarlo ni un minuto más la besó.

Dentro de Aimer algo se encendió, una llama que parecía debilitada de repente ardió, reaccionó a ese beso como un león enjaulado que se ha dado cuenta de que no lo han alimentado y está furioso, desesperado, ansioso, hambriento.

Fue un beso tan breve y casi desapercibido que no la contentó, así que después de un par de tragos más, un par de risas, y provocativos comentarios, aunados a una charla que cada vez se volvía más intima Aimer la tomó por el cuello, y se acercó decidida hacia sus labios, la besó lentamente, apasionadamente, fue una entrega, una pertenencia silenciosa, un olvido del mundo entero alrededor, fue un beso de re-descubrimiento al placer, suave, cálido, pasional, uno de esos besos que te van llenando cada poro, que te van marcando cada espacio, que te hacen redefinir la existencia efímera antes de ese encuentro, fue uno de esos besos largos, de los que uno nunca regresa por completo.

Al separarse, ambas se sorprendieron de lo cuan lejos llegaron en un simple momento, ambas se sabían perdidas, y al mismo tiempo encontraron un escape a sus pensamientos. La respiración se les cortaba, el corazón acelerado dictaminaba una sentencia que pronto tenía que cumplirse. Sin embargo no podía ser, había un tercero, alguien que no podía enterarse ni comprender esa llama que tenía que ser aniquilada inmediatamente. Pero no fue así, no se podía quedar así.

La mirada de Azul lo dijo todo, ella la siguió, subieron al taxi sin decir nada que no fuera con besos, sus manos se perdían como si dudaran por un momento de la secuencia, sin embargo terminaban encontrando el camino, terminaban perdiéndose en el delirio del deseo que se despertaba, del deseo que nace cuando tienes un cuerpo ajeno a ti, nuevo, y prohibido.

Llegaron a la casa de Aimer, entraron, ambas miraban la cama, se miraron dudando, temerosas de lo que se aproximaba, sin embargo Azul ya no podía contenerse, espero meses, y aquella lejana presencia ahora se le presentaba a solas, en una habitación donde ninguna mirada las tocaba, ahora podía ser y hacer lo que quisiese, se sentía libre.

Aimer dejó que la desnudara, que posará sus besos desesperados sobre su cuello, sus manos descubriendo su piel, dejó que la tomará, que la poseyera, que hiciera con su cuerpo lo que quisiese, y la desnudó al ritmo que ella marcaba, beso esos senos pequeños, y la miró y admiró desnuda y huesuda como si nunca hubiese visto semejante paisaje.

El vello abundante de su entrepierna hizo que quisiera descender precipitadamente hacia él, ambas se besaban, era una ternura entremezclada con excéntrica pasión que se podía beber. El sabor de sus sexo húmedo era cítrico, Azul perdía el control de sí misma, se retorcía, gritaba, se olvidaba del silencio, de la apariencia. Hundía sus manos en el cabello de Aimer para marcar el ritmo que prefería, y ella saboreaba con toda su lengua los sabores que le regalaban. Azul también quería probarla, se acomodaron en modo que cada una podía beber de la otra, entre gemidos, lenguas, saliva, placeres se ahogaban en gritos que no paraban de enloquecerlas, manantiales excéntricos se diluían en ese momento.

Al llegar al climax, se recostaron una junto a la otra, no podían dejar de acariciarse, Azul no podía quedarse quieta, fue como si le contarán con un reloj de arena que el tiempo era limitado, que no habría otra oportunidad, así que hundió sus uñas en la espalda de Aimer y encendió otro fuego que no sabía que existía. De la ternura a la guerra entre las sábanas, mordidas suaves, recias, se hundían en la piel de cada una, en el cuello dientes ensalivados, en el hombro, en la espalda, marcados por el camino de besos que se imprimian en la piel de sus nalgas, de sus piernas, de sus párpados desvelados, cuerpos ebrios, llenos de energía y cansancio.

Hasta que el cansancio las arrinconó una en brazos de la otra, cuando Aimer despertó, Azul ya no se encontraba, solo había un espacio vació en la cama, húmedo, y el aroma de la presencia de aquella mujer arrebatadora. Y sobre la mesa, una nota.

” Perdóname por no aceptar que tu eres lo que yo quiero”.

Aimer sonrió, no había puntos suspensivos, ni nada más. Solo el recuerdo de esa noche, que en el interior de ambas, siempre arderá.

 

AIRY MINOR

Twitter: @miniptx

FB: Poeteros

Instagram: Miniptx

 

 

Anuncios