De ti, la nada.

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De ti, la nada

Me dejé en ti los deseos, el sudor en nuestros cuerpos. El sabor de tus senos erectos rozándose con los míos, frenéticos, extasiados, plenos.

Me dejé en ti los secretos, los senderos de mi cuerpo, dibujando mapas en tu espalda, en tus rodillas, en las nalgas.

Bebí café contigo, te dediqué mis insomnios, mis arribos.

Sentí tus uñas desgarrarme la espalda, así como tus palabras mi alma, me abracé a tus piernas, te hice mía, me volviste dicha.

Pero un día sin decir más, te marchaste. Dejándome con la fiera cruel de tu indiferencia, con el sonido continúo de tus gemidos entre mis sábanas. Y ahora me he quedado aquí, recordándote con tantas ganas, inventándote en otras espaldas. Porque aún dándote todo, recibí de ti: nada.

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