Cuento reencuentro

Habían pasado cerca de tres años, tres años en los que simplemente no supo nada de ella.
Aún recordaba la última vez que la vio, fue como siempre, risas, plática, caricias, besos. Aquella vez como todas las demás, pensó que era una pelea simple, que se volverían a encontentar, que nada cambiaría.

La dejo en su casa, al bajar del carro ella la miro, sonrió y le dio un beso que no le avisaba el final. Le dijo que la amaba, y que le escribiera, pero ella no respondió, solo dijo adiós y se bajo del carro.

Al arrancarse había tranquilidad en su corazón, nunca pensó que ese adiós fuera cierto, pero pronto lo descubrió. Cambio su número de telefono, nunca más la encontró, ni en su casa, ni con sus amigos, ni en los bares que frecuentaba. Les escribio reclamando, le escribio suplicando, le escribió anhelando, le escribió muchas veces con odio, muchas con amor, casi siempre con tristeza.

Después de tres años sin saber de ella, un día la vio sentada en un café, su corazón se acelero y mil sentimientos se confundieron en su interior. Quiso acercarse y abofetearla, quiso salir corriendo de ahí, quiso volver a sentirla, pero no hizo nada. Su cuerpo no reaccionaba, se quedó estática.

Entonces ella sintió la mirada acalambrada, sonrio y cerró su libro. Lo dejo sobre la mesa y se paro en dirección a ella, cada paso que ella daba era un golpe frío en todo su cuerpo, era como si el tiempo pesará a cada centímetro menos. Al llegar de frente, la saludo como siempre, le dio un beso al que no pudo reaccionar de ninguna forma. Solo la miraba, entonces ella acaricio su mano y dijo unas palabras que no pudo escuchar, ni entender.

Cuando sintió su caricia reaccionó como si se asustará del roce de un desconocido, ella se rió, entonces logró escucharla claramente. Todo el mundo a su alrededor volvía a la normalidad, y los pensamientos se volvían a acomodar.

Cuando menos se dio cuenta ya estaba del otro lado de la calle sentada en la misma mesa que la vio, le había pedido un té y había vuelto a abrir su libro como si esperara a que reaccionara. Entonces intentando artícular palabra sin darse cuenta grito mientras se paraba- ¡Tres putos años! –
Ella con toda la tranquilidad del mundo la miro, con tomo descaradamente un sorbo a su café y sonrió.
Entonces sintió como las piernas le temblaban y se volvió a sentar. Un mar de lágrimas caían sobre la mesa y el té que acababa de llegar.
Ella extendió una mano y la acaricio. Entonces…

Le besó la mano y se paró para acercarse a ella, la abrazo y le susurro al oído que lo sentía, pero que era necesario hacerlo, de otra forma nunca valoraría realmente lo que tenían.

Entonces sintió como se tranquilizaba con su abrazo, pero el reproche y el odio de todo el dolor que había sentido aún existía, pero ahora sabía que no podía volver a dejarla ir, sentía la necesidad de aferrarse a su cuerpo y no separarse jamás, y sin decir una palabra más se besaron tiernamente como la firma de una reconciliación e intimidad esperada. Se besaron y el tiempo volvió a correr normalmente, se sentaron una muy junto a la otra y platicaron durante horas. Al final, tres años cabían perfectamente en una charla larga por la tarde.

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